La excitación y el bajón. Entrevista a Gustavo Sala

La excitación y el bajón. Entrevista a Gustavo Sala


Por Amadeo Gandolfo y Pablo Turnes

Un agradecimiento especial a Claudio Herrera por las imágenes de Flit

Gustavo Sala (Mar del Plata, 1973) es uno de los humoristas más salvajes y simpáticos a la vez de la Argentina contemporánea. Originario de Mar del Plata, Sala comenzó su carrera en la escena fanzinera de los 90s y en la revista Comiqueando, donde se hizo conocido por sus Historietipos, los precisos y burlones retratos de la distintas faunas comiqueras. En su fanzine Falsa Modestia, del cuál publicó una decena de números, dio a luz a José Luis Perales, el fanático de los Redondos, que a todo contesta con “Aguante los Redondos”, vislumbrando lo que sería el segundo acto de su carrera, ya en los 2000s, cuando ingresa al Suplemento No de Página/12 con su tira Bife Angosto, en donde se ríe y expone las ridiculeces propias de los distintos géneros musicales y sus principales estrellas.

Sala ha colaborado con una multiplicidad de publicaciones, que van desde Genios hasta la Fierro y Barcelona. Tiene más de una decena de libros publicados en su haber, entre las recopilaciones de Bife Angosto y los libros de chistes originales, como ¡Viva la Caca! y el más reciente Tumor Gráfico, un delirante “tratado” sobre el humor, sus técnicas, sus estilos y sus falencias. Además se ha desempeñado en diversos programas radiales, que lo han llevado de la Rock And Pop Mar del Plata a Radio Nacional y, hoy en día, Futuröck. Recientemente, además, incorporó a sus habilidades espectáculos unipersonales donde combina música, actuación y  monólogos.

El estilo de Sala se caracteriza por el grotesco, el exceso, la acumulación de detalles y chistes, el absurdo y una productividad enorme. Nos reunimos con él un jueves en un bar tradicional de Boedo a charlar un poco de todo: los 90s, el dibujo, la música, los tebeos españoles y el estado actual de la historieta. He aquí el resultado.

Gandolfo: La idea original de esta serie de entrevistas era pensar un poco los 90s, que pasó en esa década, entonces nos gustaría arrancar por preguntarte cómo comenzaste a hacer historietas, por qué.

Gustavo Sala: Supongo que todos los que terminamos dibujando como una profesión habremos empezado como lectores, tal vez sea así en todos los casos. Lo que yo recuerdo es que era un lector bastante solitario, que parecería ser una cosa lógica porque de hecho la lectura de historietas es una actividad solitaria. Pero en la escuela primaria, y hasta en la secundaria, la historieta no la compartía con nadie, no existía la conversación de que era lo que estaba leyendo uno, lo que estaba leyendo el otro. Era una cosa completamente personal.

En esos primeros años, también, hubo una evolución en mis lecturas que implicó pasar de Mortadelo y Filemón y Fuera Borda de España, de Hijitus, de Isidorito, de Afanancio y Capicúa; a Fierro, a Moebius, a Crumb, a Mandrafina, a Nine. Y en toda esa lectura y en ese consumo solitario supongo que todos empezamos dibujando o copiando lo que nos gusta, tratando de hacer algo sin sospechar lo que podés terminar haciendo y sin poder especular demasiado con el estilo que vas a terminar teniendo por voluntad, o que vas a tener de pedo porque es lo que se te da o lo que te gusta o por una mezcla de esto y lo otro. Estoy dando una respuesta que no llega a ningún lado, como casi todo lo que hago.

Turnes: A nosotros también nos interesaba revisar el discurso muy instituido y apocalíptico, acerca de cómo los 90s habían sido lo peor que le pasó a la historieta argentina en la historia. Un discurso también muy centrado en Capital [Buenos Aires]. Entonces queríamos revisar cómo había sido tu experiencia siendo de Mar del Plata, alejado de la capital, con otros circuitos y cómo fue que vos empezaste con Falsa Modestia.

Sala: Y bueno, yo antes de interesarme más claramente por lo humorístico quería hacerme el cancherito y hacer otras cosas más en la línea El Garage Hermético de Moebius o Den de Richard Corben, o sea: algo entre más “filosófico” y más “elevado”, ¿no? Hasta que me di cuenta que era una pelotudez eso, tener esa pretensión, y que además había que tener un dibujo sólido para hacer ese tipo de historias y de climas.

Ese cambio también tuvo que ver con la coincidencia del surgimiento de la nueva generación de principios o mediados de los 90s de Cartoon Network, donde aparece esta cosa más gráfica, disruptiva, de animación un poco más salvaje con El Laboratorio de Dexter, Las Chicas Superpoderosas, más salvaje pero a la vez más icónico desde lo gráfico.

También estaba bastante copado con la revista Mad, en canje de revistas aparecían las ediciones argentinas que sacaba Editorial Magendra. Y también por supuesto haber descubierto, algunos años antes de esto que te digo, el fascículo de Historia de los Comics dedicado al underground con tapa de Crumb. Encontré el fascículo, solo, en una librería de Mar del Plata, en la peatonal, una gran librería que los vendían a un peso. Era ridículo. Tenía remanentes o saldos españoles y te los tiraban por la cabeza.

Portada de Robert Crumb en Historia de los Comics Nro. 30 (1982), Toutain.

Turnes: Yo me acuerdo porque soy de Mar del Plata y mi viejo me las compraba ahí.

Sala: Creo que era “La Feria del Libro”, un gran salón, casi la peatonal, casi [calle] San Luis, pleno centro de Mar del Plata. Y me acuerdo que un día pasé – debía tener 14 años – y veo esa imagen. No sabía ni siquiera quién era Crumb, la imagen de una especie de cóndor con piernas, una suerte de ave sadomasoquista con un tipo ahí en cuatro. Bueno, una imagen muy imponente. Por supuesto compré ese número, que era algo bastante zarpado siendo un adolescente. Incluso comprar la Fierro no era algo que estaba muy habilitado para una familia más conservadora, ponele. Bueno, con todo esto que les cuento empecé a querer hacer algo más humorístico, ya no tenía esa pretensión de querer hacer algo demasiado elevado ni filosófico ni ninguna de esas huevadas.

Pero antes de comenzar Falsa Modestia con varios amigos hacíamos Mar Negro, un fanzine de Mar del Plata, arrancamos en el año 93 un poco inspirados por una charla que fue a dar Rep [Miguel Repiso] a Mar del Plata, no me acuerdo cuál era el pretexto, pero después de la charla había varios dibujantes (o pibes que dibujábamos) que no nos conocíamos y que habíamos llevado una carpeta (estaba anunciado que Rep iba a ver trabajos de autores o de jóvenes locales).

Entonces le mostramos varias cosas y Rep dice “Uy, porque no se juntan y hacen una revistita” y como que nos tiró la idea, o la premisa. Y a partir de eso nos juntamos al otro día en el café de la Biblioteca Pública de Mar del Plata y ahí caímos: uno que le gustaba los superhéroes, que ahora acaba de publicar una historieta con Rodolfo Santullo que se llama Banda de Orcos, Marcelo Borstelmann, que laburó mucho tiempo haciendo Dago, o que ahora mismo está haciendo Dago, con Robin Wood. Un tipo que tiene una búsqueda mucho más para la aventura y el realismo. Estaba otro flaco que le gustaba más Vertigo y Sandman, esa cosa más plástica y gótica. Estaba yo que quería hacer algo más humorístico.

Terminamos sacando tres números y haciendo muestras y una especie de club de fans y después yo quise hacer mi propio proyectito. Como toda experiencia colectiva, es muy difícil que prospere, por no decir imposible. Cuando uno tiene que delegar, negociar, y sobre todo cuando no hay una cabeza que apure a los demás.

Gustavo Sala, “Debajo del charco”, Flit No. 2 (febrero de 1989).

Turnes: El editor, digamos.

Sala: Por supuesto, porque esto se supone que son pibes haciendo algo, poniendo guita entre todos para pagar una imprenta, cada uno elige la cantidad de páginas, se reparten, está la pelea por quién hace la tapa, ya ahí empiezan los problemas de ego “Este hizo una tapa y yo no”, “Este hizo una página más”. Y después que nadie va a apurar al otro, o va a echar al otro o lo va a dejar afuera porque se supone que es un proyecto de amigos. Cuando vos hacés tu propio proyecto solamente depende de vos.

Gandolfo: ¿Intentaste dibujar cosas realistas? 

Sala: Hay una experiencia previa antes de Mar Negro y antes de Falsa Modestia. Había un fanzine en Mar del Plata muy inspirado en el Óxido de Fierro, en Cerdos y Peces, en esa cosa contracultural, tóxica, jodida, hippie y rockera de los 80s, que se llamaba Flit. Lo hacía Claudio Herrera quién tiempo después y hasta hoy sigue con la comiquería Rayos y Centellas que es un bastión ya legendario de la escena del comic marplatense. Hace 25 años que lo tiene al local y aguanta como loco.

Me acuerdo que en el diario La Capital sale un avisito “Fanzine Flit Busca Dibujantes. Llamar a Claudio”. Llamo al teléfono – creo que tenía 14 años en ese momento -, “Mirá, yo leí tu aviso en La Capital“. Nos juntamos, como si fuese una especie de cita amorosa, en la Fuente. Era el lugar más obvio posible, vos pasabas y había siempre gente esperando a otra. En este caso no era romántico sino que era una cosa comiquera.

Le muestro páginas y me pide algo para el próximo número. Y esa fue mi primera historieta hecha con una pretensión de publicar. Fue lo primero que publiqué, en el segundo número de Flit. Y la historieta se llamaba Debajo del Charco y tenía esta pretensión pelotuda de un tipo que caminaba y de pronto se cae y se da cuenta que abajo de un charco había un mundo en donde las cosas pasaban desde otro lado. No quería hacer humor ahí. Quería contar algo como “el otro lado de lo que pasaba”.

Después hice en el siguiente Flit, el número 3, otra historieta también por ese lado. Algo más denso, más dark. En esa época, por ejemplo, no tenía idea que los originales se hacían más grandes que el tamaño en que se publicaban y un montón de cosas que hoy me parecen obvias. Esa fue la primera vez que vi cosas mías compartiendo páginas con otros dibujantes. No sé qué habrá pasado con los demás integrantes de esa revista. Con el que sigo teniendo contacto cuando voy a Mar del Plata es con Claudio, que se alejó un poco de la producción de historietas pero siguió organizando eventos y con la comiquería y teniendo una vinculación con este mundo desde otro lugar.

Mar Negro Nro. 3 (junio de 1994)

Gandolfo: Recién mencionaste a Mortadelo y Filemón y algo que yo estaba pensando mucho es que tu estilo de humor, con esa apilación de chistes uno sobre otro y con ese estilo de dibujo muy grotesco y gracioso, no le encontraba tanto paralelismo con cosas argentinas, pero dijiste eso y pensé justamente que la escuela Bruguera tiene algo en común…

Sala: Algo que me impresionó muchísimo, de lo que nunca me pude recuperar, fueron unas revistitas que editaba Bruguera, que se llamaban Pulgarcito, en donde justamente la serie central era Pulgarcito de Jan [Juan López Fernández], quién después se hizo muy famoso haciendo Superlópez. Pero Superlópez nunca me enganchó tanto como estas historietas de Pulgarcito. Un dibujante increíble que es hoy es un mito viviente, me parece más grosso que [Francisco] Ibañez de Mortadelo, me parece revolucionario porque desafió y rompió con el parámetro y los límites de Bruguera que eran bastante acartonados, una cosa de producción en serie. El tipo tenía una explosión gráfica que iba más allá de eso.

Yo podría dividir mi historia de lector en pre-Fierro y post-Fierro, ¿no? Por un lado la cosa juvenil, de historieta infantil y de aventuras, que ahí estaba todo esto español de Bruguera y Tintin y Asterix y Lucky Luke y la historieta infantil de acá; y después cuando aparecen autores como [Carlos] Nine, [Francisco] Solano López, [Milo] Manara, Crumb, etc. Me parecen muy impresionantes los dibujos de Jan, de Raf [Joan Rafart i Roldán], Zipi Zape, ese humor que era mucho más salvaje que el argentino.

Gandolfo: Era como más físico, por momentos más escatológico.

Sala: La contradicción y lo curioso de Bruguera, de esta historieta que se producía en la década del ‘60 en España era que en el régimen franquista, híper controlador y con una censura recontra conservadora, pasaban cosas en las historietas que eran unos delirios totales, chicos fumando, escatología, había una cosa muy zarpada que era completamente ilógico dado el franquismo en España, el desparrame de violencia y locura que había en las historietas para chicos. Y en las de acá vos ves por ejemplo las historietas de Hijitus, las de [Manuel] García Ferré, de Isidorito, eran mucho más acartonado todo, mucho más clásico y más didáctico, con algunas excepciones, pero me parece que había una clara restricción. Incluso en las historietas franco-belgas había una cosa mucho más extrema que acá no se veía tanto.

Turnes: A mí me llama la atención porque también te he escuchado hablar sobre tu gusto particular por el pop español. Vos decías algo interesante que es que el pop español tiene un costado paródico y más risueño que acá no se conoce. Vos habías puesto a Miranda! como algo parecido.

Sala: Bueno, ahora descubrí una banda, hace un par de días, nueva, se llama Espanto, la edita el sello Austrohúngaro, que son los mismos que editan a Hidrogenesse, una de las bandas más importantes de esta escena, que es entre paródica pero también una especie de pop nerd, pero no humorístico, una cosa de ironía filosa, bailable pero no grasa y tiene un gran uso de la máquina, la ironía, la cita, la cultura y la contracultura y hacerse cargo de la autoconciencia. Manos de Topo me vuelve loco. Acá lo que aparece en ese sentido ya se va para el chiste. Me parece que el primer disco de Miranda! tiene una cosa casi almodovariana. O ese estilo de todos los 80s de la Movida Madrileña con Alaska y los Pegamoides… Me parece que acá no se trasladó, no hay una cosa con la cual se pueda hacer un paralelo.

Gandolfo: Quizás un poco Virus… Pero eran más finos.

Sala: Virus era una cosa delicada, quizás lo primero, que tenía esa cosa más de rock and roll, esa cosa de camperas de cuero y pop de chicos malos pero finos.

Turnes: También había una cuestión que era que una de las cosas que se le cuestionaban a Virus era que fuera en apariencia muy superficial, que no fuese políticamente comprometido. Eso era algo que creo que no pesaba tanto en España. 

Sala: Me es difícil hacer teorías estando tan lejos y no siendo español y no teniendo esa historia pero me gusta incluso toda la narrativa que revisa eso. Hay un libro buenísimo sobre el indie español, sobre los 90s de la música española, que hace un ensayo buenísimo, no hay un libro así sobre los 90s en Argentina. Ahora me copé con un libro increíble sobre Verano Azul, una mina que hizo un ensayo y una crónica sobre esta serie que en el 81 con 19 capítulos fue como una especie de quiebre en la televisión para chicos, un ente rompedor para la época que ellos llaman La Transición, entre Franco y la democracia. Hay una cosa encantadora en el pop español que creo que acá no existe.

Volviendo un poquito atrás, lo que lamento con Mortadelo y Filemón es que tengo una contradicción porque me encanta, siento que es una lección, quién quiera aprender de humor, aprender de historieta, está todo ahí, es una especie de escuela: de recursos gráficos, de velocidad, de timing, de onomatopeya, de líneas cinéticas, de personajes, de planos, de tipografía, de ritmo… Pero no tiene guion. El guion es una excusa mínima para que los personajes se caigan, les pasen cosas, explote una bomba… Pero no hay costo, a ningún personaje le pasa nada nunca.

Es todo humor físico y al valer todo no hay peligro. No te podés comprometer, a pesar de que tiene personajes alucinantes. Es un poco como Condorito, tiene personajes buenísimos pero no tiene guion, son chistes, chistes universales y atemporales. Siempre me pregunté qué hubiese pasado o que pasaría con un guion más profundo, sacarlos de su lugar de confort. Imaginate un Condorito escrito…no sé si por Alan Moore, pero… Un Condorito por Alan Moore yo creo que andaría… Por qué hace lo que hace, que pasó, qué piensa…. Creo que son personajes demasiado buenos para que simplemente hagan chistes.

Gandolfo: Volviendo un poco al hilo de lo que estábamos hablando… ¿en qué año comenzás con Falsa Modestia?

Sala: En el año ‘96.

Gandolfo: Y ahí simultáneamente comenzás a publicar en Comiqueando ¿no?

Sala: Creo que sí. Mirá, yo me acuerdo en estas reuniones que te digo con los que hacíamos Mar Negro, que empezamos a hacer algunas muestritas y a reunirnos semanalmente porque por fin aparecía gente que sabía de historietas y era algo inédito para mi hasta entonces. En esa época salieron las revistas Cóctel, El Tajo, no salía más la Fierro, era una cantidad de años conocidos como “los 90”, como si fuese una especie de abstracción o una figura, una época en donde aparecían revistas y desaparecían rápidamente, en que ninguna revista pasaba de los cinco números, con suerte.

Marcelo Borstelmann viaja desde Mar del Plata a Buenos Aires y vuelve con una revista. El número uno de Comiqueando, que tenía un diseño escandaloso, era una cosa de una falta absoluta de criterio, vos lo ves hoy y es el ejemplo de lo que no hay que hacer en materia de diseño. Era un fanzine hecho en una imprenta pero era alucinante el espíritu y de pronto aparecía una revista especializada, algo que no existía o no era una cosa habitual acá. Y más para Mar del Plata, que no teníamos acceso, no teníamos un Parque Rivadavia, o una Bond Street, ni hablar de una comiquería, todavía no existía Rayos y Centellas.

Entonces con los de Mar Negro, en un momento para el número 2 o 3 se nos ocurrió hacer un especial de superhéroes. Yo por algún motivo me venía a Buenos Aires y había leído en alguna de las notas de Comiqueando que se juntaban a hablar de historietas varios de los integrantes de la revista en el Parque Rivadavia. Entonces digo “bueno, voy a ver si ubico a [Andrés] Accorsi, el editor, para hacerle una entrevistita sobre los superhéroes y sobre historieta para el fanzine”. Y así fue.

Fui al Parque Rivadavia, empecé a preguntar, creo que hablaban de un stand puntual. Lo encontré, me presenté, como estamos haciendo ahora, con un grabadorcito cassette, nos fuimos a un lugar que vendía hamburguesas, charlamos, hicimos la entrevista y después le mostré unas cosas que yo tenía y ahí me propuso hacer algo en Comiqueando. Eso fue, si no me equivoco, el año ‘94 o ‘95. Y ahí empecé a colaborar en Comiqueando como por siete años. Hasta que la revista dejo de salir prácticamente colaboré en todos los números.

Gustavo Sala, portada de Falsa Modestia Nro. 8 (1999)

Gandolfo: Y comenzaste con los Historietipos

Sala: Si, hice 12 o 13 hasta que se me agotaron. El lector de historieta erótica, el lector de manga, el editor, el lector de superhéroes, el guionista. Ya no había más personajes, o ya no se me ocurrían más, me parecía que había recorrido todo y ahí empecé a hacer otras cosas. Siempre sabiendo que la mayoría de los lectores eran muy de nicho y conocían los códigos, entonces podía joder con Fantabaires o con determinado fanzine o con cosas más del palo que iban a ser entendidas. Era como si fuese, en vez de humor de humoristas, historieta de historietistas.

Entonces lo de Falsa Modestia coincide, claro, con Comiqueando. De hecho algunos de los números salían reseñados en la Comiqueando. La primera vez que vine a Buenos Aires con algún número, creo que habían salido dos o tres, fue a un evento que se llamó Historieta Bajo Tierra en algún lugar por Constitución, que no sé si era un sindicato de algo o qué entidad política era. Con unos tablones, una cosa muy cabeza, pero había charlas y había muestras y había un montón de movida buenísima. Yo llego de Mar del Plata y ahí creo que lo conozco a [Javier J.] Rovella, a Salvador Sanz, estaban varios. No me acuerdo si La Productora ya existía como tal. Y después aparece Fantabaires, creo que ese mismo año – el ’96 – que fue un año medio clave, medio bisagra, donde aparecen un montón de cosas.

Turnes: El contacto que vos tuviste con esta otra gente, ¿fue puntual o siguió? ¿Y qué te parecían las cosas que hacía el resto?

Sala: En el primer Fantabaires no había un sector o un stand que nucleara fanzines. Recién en el segundo hay una especie de cosa cooperativa, se pusieron de acuerdo varias revistitas y bancaron entre todos un stand donde estuviera todo metido. Creo que fue lo más inteligente que pasó porque ese stand parecía decir “acá tenés el under, todo completo“. Y ahí estaban Catzole, Morón Suburbio… después había una generación de revistas que eran todas de animales antropomorfos, El Buitre, El Escualo, El Laucha, El Poronga…. Todos eran animales musculosos. Era un animal mezclado con un humano que se había caído en un subte y había agarrado alguna cosa con ácido y se había convertido en eso. Eran todos exactamente iguales. Esa era otra vertiente. Además era una época en que la historieta parecía ser solamente de superhéroes o manga. Todo lo que salía de eso era una cosa curiosa. Yo participé de ese stand colectivo y ahí me hice amigo de Roberto Barreiro y Lucas Varela… Y después muchos ya nos conocíamos por ver nuestras tiras y nuestras cosas en Comiqueando.

Me había olvidado de algo: antes del primer Fantabaires hubo un evento que se llamó Historietazo al cual yo fui con mi amigo Humberto Miranda, con el que empecé a hacer cosas y formaba parte de Mar Negro. Vamos y nos dicen “Ustedes pónganse acá” y estaban Caro Chinaski con Clara Lagos, que hacían Océano y Charquito, entonces fuimos vecinos de tablón y ahí empezamos a charlar y fueron de mis primeras amigas del under de Buenos Aires. Y fue muy loco porque ellas conocían Falsa Modestia porque habían estado en Mar del Plata en Rayos y Centellas, y en la batea donde Claudio Herrera ponía cosas independientes estaba, entonces habían comprado mi revistita en Mar del Plata. Y ahí empecé a conocer a varios. También estaba Fede Pazos, que gateaba y estaba en pañales y ya hacía cosas increíbles.

Gustavo Sala, Historietipos, Comiqueando #14, 1995

Gandolfo: ¿Y cómo encarabas vos en ese momento tu idea sobre el humor? ¿Cambió desde entonces? ¿Era más automático o la pensabas más que ahora?

Sala: No lo sé, no recuerdo tanto cómo pensaba o cómo especulaba con eso o con qué quería hacer. Quería hacer cosas cortas y rápidas, cosas de corta duración, tiritas, de una página, no me interesaba otra cosa. Y hasta el día de hoy casi sigo pensando en formatos cortos y que se resuelvan rápido. Y que una idea me resulte seductora, graciosa e interesante y que la pueda plasmar en muy poco espacio.

Un chiste funciona un poco con el tiempo. O podés saber si realmente pasa algo si lo ves, no sé, 10 años después. Igual me da mucho pudor ver cosas mías viejas. Cuando digo viejas digo de hace seis meses ¡imaginate de hace veinte años! De hecho a estos Falsa Modestia no los quiero ver, no quiero volver a revisar eso. Se supone que uno va haciendo cosas para mejor, pero no siempre sucede.

Turnes: El gran quiebre del circuito de revistas, fanzines, Comiqueando, etc., de los 90s es el 2001. ¿A vos como te afectó ese momento?

Sala: Y yo en esa época vivía con mis viejos aún. Mar del Plata es una ciudad (o era) relativamente gasolera. Con poca guita te la podías arreglar, más si no tenías que pagar un alquiler. Y no sé, vivía. Claramente no del dibujo ni mucho menos.

Turnes: Me refería más que nada a la cuestión de en dónde encontrar un lugar para publicar.

Sala: Es que después hubo bastante tiempo que no hice nada. Tuve un lapso de como cuatro años en los que no publiqué. Cuando se corta Comiqueando, que tenía esa producción mensual, había hecho ocho números del fanzine, habíamos hecho Falsalarma, ahí ya tenía una cantidad de cosas producidas. Cuando muere Comiqueando queda un bache, un momento de mierda y dejé de hacer cosas con esa continuidad hasta que volvió a salir con Martín Casanova como editor, que sacaba números con un estilo de pequeños libritos, sin continuidad. Ahí hice algunas tiras nuevas y me volví a copar con producir cosas. Pero hubo un momento en que prácticamente no hice nada. Entre 2001 y 2004, ponele. Era un ciruja mantenido por mis padres. En Rock and Pop de Mar del Plata hacía cosas gratis o por un canje para comer una hamburguesa. De ninguna manera significaba un laburo.

Con lo de Falsa Modestia yo mandaba muchos sobres, a los programas de la Rock and Pop, a Muchmusic, trataba de romper las bolas y mandaba. En esa época, a pesar de que no existían las redes sociales y demás, había un universo mucho más pequeño de fanzines. Entonces capaz que era más fácil llamar la atención por una menor cantidad de producción en el ambiente.

Un día me escribe un flaco que hacía una revista que se llamaba Sinergia, que era una revista gratuita pero especializada en heavy metal. Una revista que circulaba por lugares de música, bien del palo. Una especie de tabloide en papel prensa. Y me propone no hacer una tira sino una contratapa de tiras. Seis tiras, todas yo, y de heavy metal. Ahí empecé a dibujar cosas pensando en rock, en los tópicos. Eso fue como una especie de proto-Bife Angosto.

Después, por Lucas Varela, que era amigo del diseñador del No, me enteré que estaban buscando autores para reemplazar la tira que había dejado vacante Liniers [Ricardo Siri] cuando pasó a hacer Macanudo para La Nación. Entonces mando a Página/12 un sobre con fotocopias de las tiras de metal que hacía en esta revista. Y finalmente terminé haciendo Bife Angosto porque más o menos les servía ese material.

También en esa época apareció la revista La Mano, de [Roberto] Petinatto. Ahí lo primero que hice fue un guión para Lucas Varela, que él dibujó, y después metí una historieta yo y ahí empecé a envalentonarme de nuevo y a mandar cosas por la mía. Hice cosas para chicos y se las comencé a mandar a la revista Genios, a Billiken. Entonces ahí empiezan a aparecer Página/12, Genios y la Fierro. Fines del 2005/2006. Porque Bife Angosto ya tiene 11 años, apareció a fines del 2005.

Gustavo Sala, Bife Angosto, Suplemento NO, Página/12

Gandolfo: ¿Y te cuesta ahora pensar la lógica de la tira, encontrar temas, después de tanto tiempo?

Sala: Si, cada vez más. Lo que uno podría suponer que ya hago de taquito, no. Me cuesta. Me parece que eso no es necesariamente malo porque no tengo la comodidad. Trato de ser un poco autocrítico y tratar de que aparezca alguna sorpresa para mí, lo cual es difícil trabajando solo.

Gandolfo: Y además no tenés personajes recurrentes. 

Sala: No, es algo que me debo, porque cuando intenté empezar series que quería mantener las abandoné rápidamente, me las quería sacar de encima. Nunca me hice cargo de mantener algo mucho tiempo. En Bife Angosto lo que tengo es un universo más o menos delineado, que no está cerrado, y un formato de tira. Después adentro tengo muchas posibilidades. Yo no sé qué hubiera pasado si hubiera sido “La Familia de la Chota” o no sé, siempre los mismos personajes ampliando ese concepto.

En Barcelona quise hacer algo así con Hijitos de Puta, hacer como un universito con una lógica propia y con personajes pero es una serie media mentirosa, porque en realidad era más la idea que los personajes. Los personajes eran meros actores, un poco como Condorito, cualquiera podía ser cualquier cosa. No había muchos rasgos de personalidad que se supone que definen lo que pasa entre los personajes. Me cuesta particularmente eso, mantener una serie y hacerme cargo de que cada cosa que empieza a pasar tiene un costo en la siguiente.

Gandolfo: Es que es complicado, porque podés tener los dos formatos: la serie del personaje que se repite siempre, y eso es muy agotador; o el formato más aventurero, más continuado. Creo que algunas cosas que vos hiciste tienen esa lógica, solo que con un entrelazamiento de eventos al infinito sin una consecuencia. El Baño, por ejemplo.

Sala: Si, pero eso son ideas, los personajes son planos. No hay un compromiso de: “este tipo tiene este pasado, tiene estos intereses, tiene tensión con otro personaje”, son personajes comodín, que sirven para que la historia vaya para adelante y un poco definen la acción. Una serie de personajes es otra cosa y ahí tengo muy poco hecho. En Fierro me acuerdo que una vez había querido hacer algo así, se llamaba La Familia Mierda pero la solté rápidamente, hice creo que cuatro capítulos.

Gandolfo: ¿Cómo concilias eso con el cambio hacia un mercado de historieta basado mayormente en libros? ¿Cómo pensás un libro a partir de cosas fragmentarias?

Sala: Bueno, hay dos formatos. Los libros que recopilan cosas que vos ya hiciste, que es lo clásico, los libros de Bife Angosto. Tenés tantas tiras, pensás un libro, una cosa más unificadora. Yo trato de meterle algunas cosas nuevas para que no sea una mera recopilación y tenga algo de unidad. Y después tenés proyectos como Tumor Gráfico o Parto de Nalga, el libro que acabo de hacer con Ignacio Alcuri, que son proyectos pensados para un libro, no son un refrito. Son los dos caminos. Después tiene una lógica porque se supone que sos el mismo autor y por lo tanto tienen el mismo tono.

Turnes: Yo te quería preguntar dos cosas: una es tu relación con el rock, que te terminó definiendo, en parte, estéticamente, pero a la vez entraste ahí medio por azar.

Sala: Con lo del rock… bueno, eso que te comenté sobre las tiras de heavy metal si me costó porque no es un género que maneje mucho ni me interese. Pero si es atractivo porque hay algunas cosas que son muy absurdas y muy estúpidas. Del heavy metal como de cualquier género, ¿no? Los tipos con capas y la cosa ominosa de los dragones, el fantástico, es muy divertido para burlarse. El rock se supone que debería ser algo libertario y muy contracultural y rompedor pero sin embargo tiene un montón de reglamentos internos y lógicas cerradas. Como si fuese una especie de manual de estilo. Esos códigos te piden a gritos que los hagas mierda. Eso sí me parece divertido. Siempre viendo a quién se puede ofender o de quién uno se puede burlar, incluso de cosas que me gustan.

Gustavo Sala, Hijitos de Puta (2014), Llanto de Mudo. Publicado originalmente como tira en la revista Barcelona.

Turnes: Yo te escuchaba hablar el otro día con Oscar Cuervo [de La Otra] y justamente hablaban de esto. Y pienso también en Capusotto, que al menos en sus primeras temporadas hizo de esto su motivo. 

Sala: Para mí el desafío es que se enojen los fans.

Turnes: Porque todos tenemos una relación amor/odio con el rock. Fue algo rompedor para todos, pero después creces y te das cuenta que es esto que vos decís, totalmente mercantilizado, hace rato se neutralizó la idea revolucionaria, ahora está hecho por viejos para viejos. 

Sala: Pasa que uno habla de rock y también es una palabra que ya casi no significa nada. Es como hablar de “indie” o de “lo alternativo”. Son palabras que en un punto no dicen demasiado, o que están vaciadas. ¿Vos decís “rock” y en qué pensás? AC/DC, Motörhead, cuatro tipos con guitarras eléctricas, hablando de cerveza, minas, y eso es como una imagen casi infantil, y está buenísima. Y también en cosas como “el aguante”, toda esta pelotudez del aguante, que genera un imaginario pero en realidad es nada, son ideas medio vacías. Y a mí me divierte un poco eso. He ido a muchos recitales y me gusta que aparezca el rock en el humor, trasladar ese nervio de la música al dibujo.

Turnes: Vos recorriste todo el abanico, el ritmo de la tira te obliga a ver todas las posibilidades del rock, como hiciste en su momento con la idea de los subtipos comiqueros, pero ¿qué te gusta a vos? 

Sala: Musicalmente hablando, mucho. Por la Fierro de los ochenta, por ejemplo, me acuerdo, conocí a Tom Waits. Una nota, no sé si era de Marcelo Figueras o de [Fabián] Polosecki, que tenía la letra de Rain Dogs. La Fierro fue introductoria a ese tipo de cosas: a Leonard Cohen, a Nick Cave. Actualmente trato de que lo que escucho sea en español; música argentina, música uruguaya y música española. Ya hablamos de pop español, Los Punsetes, Los Planetas, Manos de Topo, Hidrogenesse, Sr. Chinarro, que es una especie de trovador rockero cantautor.

Soy medio uruguayófilo con tipos como Fernando Cabrera, Franny Glass, o Mandrake Wolf, que es uno de mis héroes. Y mucha gente de acá como Pez, Peligrosos Gorriones, Los Visitantes, Viva Elástico, Alfonso Barbieri, Lucas Marti, Nahuel Briones. Hay una escena que está sucediendo ahora, hay cosas buenísimas.

Turnes: La otra cuestión que te quería preguntar tiene que ver con tu estilo, que es muy reconocible, ¿alguna vez pensaste en separarte de eso, en cambiar de materiales, de formato?

Sala: Si, lo pienso pero no lo hago. De hecho prácticamente nunca trabajo con colores, tengo una especie de miedo al pincel, miedo a la aventura del agua, del enchastre, de lo plástico, pero lo debería hacer. Debería ponerme como proyecto para el año que viene empezar a salir del lugar de la tira. Porque en un punto la tira te acota, te hace como una especie de encapsulamiento, nunca tenés lugar. Y yo trabajo con formatos chicos y siempre apurado. De hecho estoy haciendo acá una página para la revista Lento. Una página, que por supuesto no sé cómo va a terminar. Ahí estoy haciendo cosas que satiricen un poco a músicos uruguayos. Hice historietas con [Leo] Masliah, con Riki Musso, con Jaime Roos, con [Fernando] Cabrera, etc.

Gandolfo: ¿Con qué dibujas?

Sala: Dibujo mayormente con plumín, a veces intercalando con estilográficas, pero no es lo que más me gusta. El plumín tiene una cosa divina de la tinta, de la mancha, pero tiene esa cosa muy rompebolas del secado. Justamente la mancha es divina y es odiosa al mismo tiempo. La mugre, la cosa que no seca. Y las estilográficas, las Edding, ese tipo de fibras, tienen la cosa linda de la absoluta rapidez, pero la cosa dura de la línea uniforme. A veces mezclo un poco… Pero tengo una culpa con la línea linda, necesito que tenga distorsión la línea, hablando en términos musicales. La línea pelada me da una culpa, como que tiene que tener más volumen. Trabajo generalmente en blanco y negro porque me gusta que funcione solamente con la línea y el negro.

Gandolfo: Además sos alguien que suele poner bastantes detalles.

Sala: Si, con lo peligroso que eso es, porque hay veces que perdés el concepto que estás comunicando por poner muchas cosas. Por querer meter terminás haciendo un empaste visual y podés terminar generando un caos.

Gustavo Sala, Tumor Gráfico (2016), Hotel de las Ideas

Gandolfo: Yo te quería preguntar, ya pasando más a lo actual, sobre Tumor Gráfico, cómo se te ocurrió hacer un libro que es un manual de humor que no es un manual de humor, que no le explica nada a nadie y que básicamente se está riendo de las clasificaciones del mismo.

Sala: Es un libro que no tenía previsto hacer. El año pasado me invitan a dar una charla al evento Trimarchi en Mar del Plata, este macro evento de diseño gráfico. Era estilo charla TED, solo, con una pantalla brutal, 40 minutos. Entonces pienso “¿qué carajo hago?”, ni siquiera tenía un moderador que me pregunte, tenía que inventar algo y llevarlo yo. Y aparte esa situación, tipo estadio, una cosa muy bestial. Entonces se me ocurre hacer esto: jugar con la inspiración, de donde vienen los chistes, si un chiste tiene que hacer reír, si la risa es algo imprescindible o el humor puede funcionar si la risa no se produce. Joder con las preguntas que pueden aparecer alrededor del humor.

Entonces hice una charla dibujada y comencé a trabajar con unos chistes míos, pero comentándolos. Haciendo el chiste del chiste o revisando lo que había allí. Ver si cuando se le saca algo el chiste sigue funcionando, que hace falta para que el chiste se produzca, analizar los elementos y las posibilidades. Y eso me pareció que funcionó, estuvo bien, y me pareció que se podía extender. Me interesó el registro, un libro sobre humor, de humor, pero revisando y burlándose de los tópicos de los concursos y las ideas y los remates y si tiene mucho dibujo o poco y los subgéneros. Todo lo que uno se puede preguntar sobre el humor. Y es lo que terminó siendo Tumor Gráfico, una especie de ensayo gráfico en joda. O algo así.

Turnes: ¿Y como ves lo que está pasando hoy con la historieta en Argentina, vos que tuviste esa experiencia anclada en los noventas y ves que hoy en día hay una generación que tiene referencias completamente distintas? 

Sala: Me gusta estar en contacto y trato de aparecer en los eventos como Dibujados. Hay una especie de explosión independiente buenísima, con dos cosas que en los 90s parecían ser imposibles: mujeres, chicas, lectoras y autoras. Y otra como una especie de desprejuicio estilístico, cualquier discapacitado puede dibujar, cualquier mediocre con ideas puede ser más interesante que, no sé, Horacio Altuna. Antes era mucho más duro el parámetro de lo que era dibujar bien y dibujar mal, y contar y la cosa del género, hoy está habilitadísima cualquier cosa experimental y psicodélica, fanzines y autoediciones de las más variadas, hay sorpresas todo el tiempo.

Me parece que la explosión digital hizo que aparezcan cosas en papel. Más que reprimir la aparición de historietas impresas parece haberla estimulado. Y al mismo tiempo, cada vez más lejos del “público común” – llamémosle “público común” a mi vieja, a nuestras madres, que si les preguntas por historietistas o por humoristas te van a mencionar gente que está muerta -. Te van a hablar de Fontanarrosa, de Caloi, de Quino, que no está muerto pero ya no dibuja. Te va a decir cinco con suerte, no van a conocer a [Sergio] Langer, no van a conocer a [Diego] Parés y capaz que conocen a Liniers.

Gandolfo: ¿Vos pensás que en ese trueque (libertad vs. llegada al público común) se perdió o se ganó?

Sala: Creo que libertad nunca hubo tanta pero tampoco nunca hubo tan poca posibilidad de trabajo. Hablando de historieta y de humor, eh, no de ilustración. Para el tipo que hace tiras cómicas o humor gráfico tener trabajo en los medios tradicionales (una revista o un diario) yo lo veo prácticamente imposible, y cada vez hay menos espacios. La autoedición no es un laburo fijo.

Gandolfo: ¿Nunca hiciste ilustración?

Sala: No, yo no sé hacer eso. Me cuesta dibujar sin estar contando algo, una idea mía o laburar en función de otro. Se supone que quién ilustra está complementando algo que viene hecho de antes. Hago cosas a veces para mí o para un amigo. Por eso sufro con las tapas. Cuando tengo que hacer una tapa de algo la paso como el culo y nunca quedo conforme porque tiendo a meter mucho y no hay que meter mucho.

Turnes: Parece que estamos en otro momento difícil para laburar de esto. En el 2001 era difícil prever todo lo que iba a pasar con la historieta ¿Crees que el momento de crisis puede impulsar nuevas formas de hacer las cosas? 

Sala: Me parece que todos los que hacemos cosas que tienen una pretensión cultural o artística o consumimos revistas o medios o podcasts o radios o webs estamos oscilando entre dos actitudes. Yo tengo esa sensación del bajón de los recortes en cultura, el aumento del precio del papel, todas las dificultades para los que generan cultura y sobre todo cuestiones editoriales; y al mismo tiempo una excitación que parece decir que éste es el momento de hacer más cosas, no menos. Entonces existe esa tensión, es el momento de que el bajón te estimule creativamente para hacer cosas que por lo menos te diviertan o generar algún tipo de quilombo. Hay que navegar entre esas dos emociones, la excitación y el bajón.

Gustavo Sala, Tumor Gráfico (2016), Hotel de las Ideas

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

COMMENTS

  1. El Fraga

    julio 21

    Qué gran entrevista. La más completa que leí sobre mi admirado Sala.

  2. […] años 90s”, que en Kamandi vio la aparición de diálogos con Fernando Calvi, Lucas Varela, Gustavo Sala y Diego Agrimbau, en realidad no comenzó aquí, sino que se inició hacia finales del año 2013 en […]

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