El héroe y su tiempo. Revisando All-Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely

El héroe y su tiempo. Revisando All-Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely


Por Mariano García Brangeri

Grant Morrison y Frank Quitely, All-Star Superman (2005-2008). DC Comics.

All-Star Superman es una serie que no está atada a un canon y continuidad determinados, pero tampoco existe por sí misma. Si bien forma una unidad de sentido coherente y es posible leerla por separado, gran parte de la efectividad del relato reside en la forma en que se apoya en otros textos. Aunque no referencie a ningún arco argumental u obra en particular, y no podamos encontrar en la superficie del texto más que la evocación de una cierta idea, concepción, memoria y sentido de la estética, la experiencia con el material evocado es fundamental en una comprensión completa y armónica de la obra. Creo que entender esta serie es fácil, porque es simple. Pero para apreciarla, me parece, que es importante haber tenido algún tipo de contacto con cómics de Superman de las décadas del ‘40 y del ‘60, y conocer una parte de la obra de Grant Morrison. Los temas, motivos, preocupaciones del autor y sus marcas y rasgos de estilo, son protagonistas de esta novela gráfica.

Estas dos viñetas condensan los elementos principales de lo que podríamos decir que es la esencia de All-Star Superman. Argumentos y personajes inspirados en la Edad de Plata del cómic americano (personajes que son ridículos tanto en apariencia como en contenido, historias poco complejas y livianas, resoluciones disparatadas, algún componente surrealista, humor presente en el diseño de los personajes y mundos, competencias sin fundamento) presentados con una estética y formato narrativo de la Edad actual (poco texto, paneles grandes, ausencia de narrador omnisciente y textos redundantes para fijar el sentido de las imágenes, estilo de dibujo realista); Morrison y Quitely omnipresentes a lo largo de toda la historia; y una paleta luminosa, colorida, espantosamente arruinada por efectos digitales de iluminación incoherentes y deformantes. Sobre esa base, Morrison construye un homenaje afectuoso y respetuoso a los componentes más absurdos y fantásticos del mythos de Superman.

Grant Morrison y Frank Quitely, All-Star Superman (2005-2008). DC Comics.

El resultado puede tener un gusto extraño para el lector familiarizado con los cómics de superhéroes de esta época. Las características principales del género fueron revertidas a un estado pretérito, desterrado y extinto. De los albores de los setentas para acá, el cómic de superhéroes fue progresivamente forzado a tener sentido, regido por una lógica racional y un anclaje en las reglas de cierta concepción de realismo. El género se convirtió en un dispositivo que básicamente opera como metadiscurso, en varias direcciones: usando a los personajes e historias para expresar algo sobre el mundo real; diciendo algo sobre los autores; reflexionando y referenciándose a sí mismo y su historia. All-Star Superman funciona de esa forma, pero en la búsqueda de expresar el espíritu de la Silver Age y de su versión de Superman, Morrison prescinde de varias cosas que en la actualidad son bases del género: la lógica racional y de mundo real, la seriedad, los problemas psicológicos, la violencia espectacular, la temática adulta, las estéticas y estilos dominantes (bad-ass, grim & gritty, hard boiled, gore, hardcore), la presencia de problemas políticos, históricos y sociales.

El gesto tiene más de bizarro que de experimental. Morrison hizo parte de su carrera y su nombre sobre el rescate de ideas pasadas de moda y la mezcla de lo nuevo con lo viejo para lograr lo distinto. Eso en sí mismo no dice mucho porque es de alguna manera, la forma en que funciona la industria. Personajes y universos son modificados y retocados por filas de creadores que toman ciertos aspectos y desechan otros, los mezclan con otra cosa y los dejan ahí para que venga otro y haga lo suyo.

El proceso lleva varias generaciones de creadores y públicos, y estos superhéroes forman parte del patrimonio simbólico común de todas ellas. Irónicamente, a pesar de haberse forjado por una necesidad comercial de la industria cultural, el mecanismo es similar al proceso de la creación en el folk. Hay una historia de fuerzas que dieron forma colectivamente a la obra terminada, versiones muy distintas de un mismo objeto. Cada uno toma lo que le fue dado y lo hace pasar por sus manos. Le da forma de acuerdo a cierta impronta personal y lo deja para que lo tomen otros. Los creadores se mantienen anónimos y la canción sigue. Alan Lomax advierte que la tendencia por la cual América se destaca en particular es la mezcla e incorporación de vertientes para producir nuevas formas: “el pedante podrá buscar en vano una canción folk americana pura. El folk crece fuerte en el cruce de caminos”.

Grant Morrison y Frank Quitely, All-Star Superman (2005-2008). DC Comics.

Como esas canciones y otras artes, mitos y artefactos de la cultura Americana, los superhéroes son mezcla de mezclas, híbridos de híbridos. Le dan a un artista la posibilidad de hacer uso de la herencia cultural (editorial, si se quiere), el trabajo de una tradición de otros artistas, para crear un producto personal, de autor. Lo que no quiere decir que ese tipo de obra sea la norma ni mucho menos, pero ahora estamos analizando un cómic mainstream de superhéroes que es también una obra de autor.

Morrison intenta mostrarnos una imagen de Superman diferente a la vigente y predominante. Hay una voluntad más que evidente del guionista de eliminar la complejidad psicológica de la figura del héroe, algo que de Stan Lee y Steve Ditko en adelante, se mantiene como un aspecto central de la narrativa de superhéroes. All-Star Superman es simple y transparente. No es una historia feliz, pero predomina un tono optimista y emotivo, fundamentalmente nostálgico. El arte, como el guion, oscila entre la excentricidad y el minimalismo. En ambos lenguajes, se nos presenta la función poética como fundamental, principalmente a través de la síntesis y el silencio. Una combinación de textos breves y pausados con líneas claras y fondos espaciosos, blancos.

Grant Morrison y Frank Quitely, All-Star Superman (2005-2008). DC Comics.

Morrison trata de mostrarnos un héroe que se constituye como tal a través del ejemplo: la inspiración es un tema importante en All-Star Superman. Aparece ligada a la paternidad: primero los modelos que forman la personalidad altruista y el código moral de Clark Kent y Superman (Jonathan Kent y Jor-El), en segundo lugar Superman como figura paterna de la humanidad, del bebé devorador de soles, de la ciudad embotellada de Kandor. Está acá para protegernos y para enseñarnos a ser mejores personas.

            La propuesta de Morrison es mostrar un Superman profundamente humano, en historias donde sus capacidades se muestren como la posibilidad de lo sensacional y fantástico, no como una exhibición de poder. Las tareas que tiene que resolver Superman en cada episodio de la serie tienen un poco de homenaje y otro poco de distracción. Tienen muy poco de memorable, significativo y simbólico. Son pinceladas que sirven para pintar un trasfondo a la historia, pero el aspecto importante del relato está en la cotidianeidad, en la interacción con sus seres queridos, en sus sentimientos y relaciones. Es la historia de su despedida. Como en la vida, los momentos intensos e importantes en All-Star Superman son pocos y breves. La mayor parte del tiempo lo vemos haciéndose cargo de otra cosa, mientras trata de encontrar tiempo para poder dejar todo preparado para cuando ya no esté para cuidarnos. Lo vemos en su intimidad, tranquilo y contemplativo. También lo vemos llorar, sonreír, repetirse a sí mismo y a nosotros que no importa qué tan jodido el problema, siempre hay un camino para resolverlo.

Grant Morrison y Frank Quitely, All-Star Superman (2005-2008). DC Comics.

Como muchos otros cómics de Morrison, a veces provoca la impresión de estar desorganizado, de estar presentado de forma caótica. Quitely puede disimular mejor que otros dibujantes que trabajan con Morrison alguna eventual falta de naturalidad en el ritmo o en la organización de la página, características del autor. En general todo fluye orgánicamente y se lee con facilidad. No se le exige al lector un esfuerzo mayor, la profundidad del contenido está desarrollada y desplegada, es evidente. Hay algunas pretensiones del autor que no logran cristalizarse de forma muy efectiva, están particularmente relacionadas con su insistencia por armar las estructuras del cómic siguiendo conceptos mágicos (numerología, astrología): las doce tareas nunca están muy claras, ni bien computadas; la relación con los ciclos solares y las estaciones que propone pasan inadvertidas. Son cuestiones muy menores.

Quitely nos regala una página fuerte por capítulo, splash de imágenes emotivas llenas de detalles y una sensación particular de movimiento, aunque los personajes estén quietos. El color a cargo de Jamie Grant cumple a veces funciones narrativas en las que se lo emplea de forma original y muy bien, pero en general está muy mal logrado. Lo mismo para la tinta: se nota la diferencia de esmero entre el splash y las páginas de varias viñetas. No hace falta ver una viñeta sin color para darse cuenta de que el resultado final distorsiona el lápiz de Quitely de una forma inaudita.

En el final, Superman se despide con su último gesto de grandeza, de heroísmo. Vuelve al Sol que le dio sus poderes e, irónicamente, también la muerte y se sacrifica para salvarnos. “Hicimos una historia de un héroe solar, un hombre que literalmente se convierte en una estrella”, dice Morrison.

All-Star Superman es un cómic interesante porque se sale del molde en el que se da forma al resto de los cómics de superhéroes hoy. Pero no es revolucionario ni una piedra fundacional que vaya a marcar escuela. Es especial porque está fuera de la norma, y ahí se va a mantener. Después de The Dark Knight Returns y Watchmen, los superhéroes no pueden dejar de ser un producto adulto, violento, oscuro y político. El modelo aspiracional queda relegado frente a la predominancia de anti-héroes con códigos morales cuestionables. La estética colorida y optimista cede ante un mundo duro, gris y sangriento. Si esa estética puede tener un lugar en un mundo real y político, tenemos que asustarnos. Atrás de los globos de colores y la alegría, se esconden la miseria, el sufrimiento y la opresión de millones de personas. El mundo real es violento, sus héroes también.

Grant Morrison y Frank Quitely, All-Star Superman (2005-2008). DC Comics.


Mariano García Brangeri (Buenos Aires, 1990). Escribe sobre historieta porque es un artista frustrado. Colabora con Kamandi porque cree que si existe algo más prestigioso que una revista dirigida por un intelectual, debe ser una revista dirigida por dos intelectuales. Estudia y trabaja, pero las únicas cosas que le interesan son la música americana, Nintendo y las amazonas en bikini.

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

COMMENTS

  1. Matías Vain

    septiembre 12

    Una cosa menor pero que me gusta bastante del All-Star Superman es que Grant Morrison se las arregla para encontrarle una justificación al tema de que nadie se de cuenta que Clark Kent es Superman.

Escribí un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Please Add Widget