Operación Faulduo

Operación Faulduo


El 13 de octubre de 2015 se llevó a cabo en la Universidad Torcuato Di Tella la presentación/performance del colectivo Un Faulduo de su libro La historieta en el (Faulduo)mundo moderno. Suerte de revisitación del clásico de Oscar Masotta publicado en 1970, la función estuvo escoltada por dos referentes que se turnaron leyendo dos textos escritos para la ocasión: Oscar Steimberg (compañero de Masotta, cuyas intervenciones siguen siendo claves para el campo de los estudios y la crítica del cómic) y Rafael Cippolini, crítico y curador de arte, lector y conocedor apasionado de la historieta. Por un instante, entre las penumbras, pareció recuperar un fragmento distorsionado de aquel pasado sesentoso y vanguardista, ecos masottianos que atravesaron a la audiencia. Una vuelta a una caverna pop, espacio fuera del tiempo y por eso más contemporáneo que nunca. Compartimos con ustedes el texto de Cippolini y el video con la performance de Un Faulduo. 


Masotta Trip de Force: Operación Faulduo

Por Rafael Cippolini

 

Un Faulduo, La historieta en el (Faulduo)mundo moderno, Buenos Aires: Tren en Movimiento, 2015, 160 págs.

# Transforman el libro, ejecutándolo, como quien interpreta una partitura: los Faulduos (un Faulduo) hacen de la presentación de Masotta un pattern. Las alturas, los tempos y las intensidades coinciden con la materia gráfica: parten de un retrato informal y expresionista del autor, prosiguen el trayecto disipando citas, encuentros y menciones: las efigies de Aquaman y Superman, Periquita siempre en apuros, Mandrake y su exhibición de trucos, Hogar Dulce Hogar, Masotta como superhéroe: lo ilegible, transcurre. Como en Coltrane, una frase es un intercambio, la reprogramación de un alarido, un sonido en varias manchas.

# Acatan: el interés de Masotta no era la historieta, sino lo que se podía hacer con ella. Los dibujos y los textos sólo en sus efectos. Un Faulduo reinterpreta enrocando los signos por notas, más BOP que POP. No gana la semiología, tampoco la industria, si se exhibe una plusvalía, es la del gesto. ¿La historieta es anterior al Pop, es el paradigma del Pop, es la continuación del Pop, una amante temporal del Pop? La historieta estaba antes y después de estas tres letras, antes y después de que Greimas se apropiara del Rey Petiso, mucho antes de que varias generaciones pensaran en comics y dijeran manga. Un Faulduo tacha, reescribe, vuelve a manchar, convoca un staff diferente, no hay nada más político y vanguardista que una historieta. Sebreli y Correas vuelven desde un pasado remoto, fuera de control, como espectros. El mundo es el mismo incluso en sus simulacros.

# La partitura faulduica es historieta porque es enciclopedia: como otra Divina Comedia, no hay página que no esté poblada, que no sea el reflejo de más de un siglo. La historieta nació como industria pero más que nunca es un género para entendidos. Remix de Oscar Steinberg y el Viejo Breccia, Chester Gould, Oesterheld, Lino Palacios, Charlie Brown, el fantasma de los caligramas de Apollinaire, el Gato Félix y el solitario pato de Dante Quinterno en un fabuloso boulevard de Los Ángeles. Si Disney se adueñó de Pixar, Marvel y Star Wars, pronto querrá comprar Un Faulduo y reofrecer las franquicias de Masotta. La comiquería hace rato que es el Nuevo Aleph, en el cual Borges sigue oficiando de inspector de gallinas.

# El dandi Masotta es Isidoro Cañones con libros en francés bajo el brazo,  pero el siempre el mismo whisky. Lo confunden con Belmondo, está tan fuerte, tan lindo como Patoruzú. Sabe lucir corbatas –siempre flojas- y libros de Merleau-Ponty y Lacan, sabe cómo seducir a Nico de Velvet Underground y hacer del Happening una cuestión nacional: somos un país de happenistas e historietistas. Un Faulduo certifica que la literatura es literatura dibujada, que la Comedia Humana no nació con Balzac, que Yellow Kid, que su amarillo no ilumina, pinta: cumplía su jornal con los Hermanos Lumière. El Arte Pop, ante todo, es Editorial Columba. Don Ramón es Industria Argentina. Editorial Novaro alimentó a la Chilindrina que de más niña quiso ser Marvila por lo cual soñó a Steve Trevor con la cara de Cantinflas, quien, según dice la leyenda que todos creemos, visitó de incógnita  la Bienal de Historieta en el Di Tella en 1968. Pop al cubo y Pop más acá. Volveré y seré catálogo republicado: allá Paidós, acá Tren en Movimiento.

# De la masa al ghetto, de los diarios a las cuevas: Masotta, como Gilgamesh, mucho antes que Herzog, descubrió que las historietas preceden en mucho a Little Nemo. Su origen, como el oficialismo, nace en Santa Cruz, en la Cueva de las Manos. UR-Faulduo: los muchachos de ahora dibujan brontosaurios. Borges reescribió una historieta en los primeros años treinta: Peloponeso y Jazmín, en el Suplemento Multicolor del Diario Crítica. Un Faulduo, cavernícolas de ley, lo reescriben todo, hasta al nieto de Botana: existencialistas del culto de Saint-Copi. El Siglo XXII será masottiano o no será.

# Milton Caniff como un solo de trompeta. Alack Sinner se regenera desde la Mancha Voraz. De Caligari a Perón: hasta Osvaldo Lamborghini fue guionista de historietas. Krazy Kat, la loca enamorada, su ladrillo jaculatoria y ese Tarzán tan chongo como los obreros de Carpani. No hay quien no haga de su historia una historieta. Llega la Edad de Oro de la historieta (1930-1940) y en el capítulo de Mundo Faulduo luce la distorsión: distorsiona Buck Rogers como en un solo de Sonic Youth, distorsiona ese Burroughs que hizo rico y célebre a Johnny Weissmüller, acopla la espinaca de Popeye, hace ruido Terry y también sus piratas. Es entonces cuando la semiología se convierte en psicodelia y al revés: bienvenidos al Planeta Mongo. Rebienvenidos al Planeta Sono, con Oswal y su poder músico mental. Miren ahí a Mister Natural, y también cerca a los Freak Brothers. ¿Será verdad que el joven Masotta se parecía a Calculín? Tanto como Rodolfo Walsh al Profesor Neurus.

# La historieta nunca estuvo ni antes ni después: la historieta es el centro, es el tiro al blanco y negro, estaba ahí antes de que el  movimiento se descompusiera en fotogramas, esperando este momento: el del Faulduonomicón, el libro que regresará los tremendos primordiales a la Avenida Figueroa Alcorta al 7300. Acá nomás los cascarudos: abriguensé que se vienen los Gurbos. Si marchamos hacia la Frontera, será porque se acerca la Hora Cero.

# El historietista argentino y la tradición: Richard Hamilton y los Pitufos, Spirou reclama su lugar en el Louvre sabiendo que Goscinny, el papá de Asterix, copiaba a Patoruzú en los recreos del Colegio Francés en las Barrancas del Belgrano (La Pampa al 1800), y que Hugo Pratt traficó en Ticonderoga algunos paisajes que los porteños avispados aún reconocen viajando en colectivo por el bajo. Discutimos si la bomba sexy que apunta a Tintin es Cybersix, la mismísima Barbarella o la Mafalda que nunca quisimos que creciera.  Porque el mundo cambia pero Don Fulgencio se conserva igual a sí, sin liftings, y las páginas de Masotta son claras como el agua clara pero tan fuera de tiempo como los Morloks de Wells en las páginas de Billiken. Siguiendo la Ucronía, Solano López le dibujó la cara a más de un ex presidente.

# Dije vanguardia pero Un Faulduo mira la historieta de costado, otra vez como un alfil, como el fou, cambiando el tablero de cuadrados negros y blancos por viñetas en blanco y negro. Y avanzan así, de vértice a vértice, como Godard manchado de tinta china, Historia(s) de la Historieta, tobogán ascendente y descendente, el flash y el shock, estímulo de textos e imágenes en los cuáles lo único que envejece es la ambigüedad de la lectura. El dibujo rejuvenece, los textos no son más que hormigas que se cansan de las ortogonales y se adelantan en arabescos, porque no existe distorsión que no sea barroca, no existe historieta que no sea clásica. Otra vez las eras geológicas: Fantomas, la más elegante de las amenazas, era amigo de Octavio Paz, si le creemos a Cortázar.

# La Historieta en el (Faulduo)mundo moderno no es un ejercicio sociológico, lejos de eso, es un ejercicio historicista: cronófobos de planta, Un Faulduo sabe que la historieta es una moda eterna, por lo cual el libro que hoy presentamos es también un cover, un modo de devolverle la edad, de proporcionarle otro tiempo a una aventura que ya casi cumplirá medio siglo. Masotta es éter, Masotta es texto, Masotta es estímulo, Masotta es, más que nunca, historieta. Revive en el dibujo como un ideograma.

Dame una buena historieta y releeré el mundo.

Dame dos y releeré el infierno.

Dame tres y que sigan las viñetas.

Al gran Masotta Fauldúico, Salud.

Agradecemos a Un Faulduo y a Rafael Cippollini su generosidad por haber compartido con nosotros este material y habernos permitido publicarlo.


Un Faulduo es un colectivo de investigación y experimentación alrededor del campo de la historieta activo desde 2005. Lo integran Nicolás Daniluk, Ezequiel García, Nicolás Moguilevsky y Nicolás Zukerfeld. Su página puede visitarse en http://www.unfaulduo.com/

Rafael Cippolini (Lomas de Zamora, 1967) es un escritor, ensayista y curador argentino. Sus crónicas, ensayos, ficciones y artículos fueron publicados en medios como Página 12, Clarín, La Nación, Perfil, Ramona, tsé=tsé, Arte y Parte, Tokonoma y Otra Parte, entre otros. Su sitio web puede visitarse en http://www.cippoweb.com.ar/

 

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

COMMENTS

  1. Diego Prósperi

    abril 20

    Lo que hace Un Faulduo es, últimamente, lo que más me interesa en lo que se hace actualmente. Lo cual no significa que esté enterado de todo lo que refieren (las más de las veces no entiendo ni jota). Pero esas características que tornan a sus maniobras una fiesta para unos pocos, lamentablemente le vuelven inasible para el gran público, que desea entretenimientos más asequibles, ya sea en mangas y otras milongas, o en duplas como Capi y Bucky o bien, Mingo y Aníbal. A veces, el arte ha de pagar un precio muy alto, como el albatros baudeleiro cuando lo examina Andrés Valenzuela, ja ja. Pero bueno, lo importante es que, el que quiere, se divierte.
    ¡Saludos!

    • Pablo Turnes

      abril 20

      Hola Diego, entiendo lo que decís pero lo cierto es que la idea de “gran público” a esta altura ya no sé qué significa. Un Faulduo no está pensando en eso como objetivo, evidentemente; pero creo que tampoco lo hace ya la historieta. Esto es un fenómeno de mediados del siglo XX hasta hoy: la fragmentación del público, lo under, los nichos y las infinitas subculturas, etc. Masotta mismo no pensaba en lo masivo como algo demasiado presente. De alguna manera intuyó que eso había acabado y que el arte pop era un síntoma de eso. En Argentina la bienal de Di Tella coincidió con un momento de bajón de la industria de la historieta y la aparición de otras revistas para otros públicos más intelectualizados y adultos (Tía Vicenta, Saitiricón, Hortensia). Se pensaba que se había muerto la historieta, y de alguna manera era verdad: el estilo y la dinámica de las décadas anteriores dejó de existir. Uno lee las quejas y la nostalgia de muchos autores y editores de los 60s y 70s porque no pueden volver a la estabilidad y a los volúmenes de ventas anteriores, y eso que hoy cualquier editor quisiera vender como en los 60s-70s. Lo que todavía existían eran las revistas, que fueron reemplazadas por el libro, con todo lo que eso implica. Y también la idea de la historieta más como un medio de expresión artístico y personal que como algo masivo pensando para ser consumido en cantidades industriales de manera regular. Un Faulduo surge cuando ese contexto ya está demarcado, y por lo tanto difícilmente se les podría pedir a los muchachos que tiren para atrás (hoy el deseo de lo popular/masivo se sostiene desde posiciones nostálgicas, melancólicas y en general algo reaccionarias). La propuesta es otra: indagar en la historieta como lenguaje, en sus posibilidades plásticas y performáticas, revisar los postulados masottianos como algo que forma una variante dentro de la historia de la historieta. No veo ninguna intención de trascendencia, más bien un gesto que puede ser tan irritante como subversivo, porque en general la idea es que el público acepte dócilmente lo que consume solo para el goce, sin necesidad de revulsivos. Eso veo en Un Faulduo, una manera de retomar experiencias históricas que sirvan para zafar, aunque sea por un rato, a lo asfixiante que pueden ser los medios en los que sus integrantes se mueven: la academia, el cine, las artes visuales; todas con sus reglas elitistas y jerárquicas.

      Saludos, y gracias por comentar.

      • Diego Prósperi

        abril 21

        Me equivoqué con la infortunada expresión “gran público”. Me acuerdo de una charla que moderó fluidamente “La Papa” donde uno de los faulduos expuso algo así como que “Un Faulduo es una revista de la que se habla mucho pero que vende poco”. Quizá mi capricho no es para con la difusión o la factura del producto sino para con el público, que bueno, ya vimos cómo es. A menudo queremos lo que ya sabemos, más de lo mismo. Recuerdo cuando leí en Wikipedia sobre el cartoon del Inspector Gadget. La fórmula simple resultaba ideal puesto que los niños con corta capacidad de atención tienden a disfrutar de las fórmulas repetitivas, lo que contribuyó a que la serie fuera recordada tiempo después de su finalización. Lo mismo que El Chavo. Quizá por eso esta cuestión de los reboots en las pelis, otra vez Peter Parker noviando con la colo, otra vez el tío Ben, etcétera. A lo mucho noviará con una rubia o al tío Ben lo encarne Morgan Freeman, claro. Cuando se introdujeron cambios en la fórmula el Inspector Gadget (como ese olvidable ayudante que tuvo) la serie se hundió. Pero esos cambios eran distintos, no importa si el gato es blanco o negro mientras cace ratones.
        Entiendo que la experimentación demande del público otro posicionamiento frente a la obra, y que el público sea medio lagarto, digamos. Siglos de retozar con ficciones donde todo está explicitado hasta más de una vez nos han reducido a esto. A esperar que las obras se achaten para no tener que esforzarnos para interpretar de qué van las mismas. Es claro que así las cosas, una propuesta como la de los faulduos resulte necesariamente impopular. De Masotta no sé nada, pues no leí un pomo de lo que escribió, no sé si hizo historietas. Si las hizo, no las leí. Si sólo las analizó, está muy bien. Pero bueno, yo compré el libro de Riskin por la entrada que le dedicaste —conocía la labor de Riskin, por eso entonces encontré tu reseña más inflada que las de “La Papa”—. Pero así y todo, considero que lo que escribiste sobre las peripecias de Paranoid Boy es una lectura que aumenta el producto de Riskin porque insta al lector —creo que a cualquier lector— a ver esa obra con una mirada más conceptual. Yo leí la nota como cinco veces antes de conseguir el libro, esperando encontrar algunas circunstancias reseñadas magistralmente. Puedo decir que fui a encontrarme con lo que ya conocía, pero con otros ojos. Así y todo, creo que es muy difícil que las personas que se acostumbraron a mirar una cosa de una manera se convenzan de mirarla de otra. Es tan ambicioso como querer cambiar a Quattordio. A veces racionalizar algo puede facilitar el acceso, pero el otro tiene que tener ganas. Quizá el “éxito” de estas propuestas esquivas de lo convencional es seguir existiendo a contracorriente lo más posible.
        ¡Saludos!

        • Pablo Turnes

          abril 21

          No creo que hablar de “gran público” sea una equivocación, es que yo veo que el consumo cultural va para la dirección contraria: nichos de público, algunos más masivos que otros, sin duda, pero la idea es fragmentar. Eso no quiere decir que sean mutuamente excluyentes, puede haber alguien que esté en un circuito de punk independiente y al mismo tiempo compre entradas para Loolapalooza (es un ejemplo bastante boludo, pero en fin).

          Sobre la cuestión de la repetición, Umberto Eco ya ha escrito bastante, con algunos aciertos y otras pifias. Entre ellas, pensar ese esquema como constitutivamente negativo, algo que siempre aliena y estupidiza al público. Las fórmulas están para ser repetidas pero también subvertidas e invertidas. Y siguen teniendo una gran potencia.

          Sobre lo de Riskin, no sé qué decirte (¿gracias?). Yo no intentaba inflar nada, era un libro que me incomodaba como lector y quise dar testimonio de eso. Pero no desde el lugar del que te putea y te manda al carajo, deshaciéndose del problema, sino de quien intenta pensar en eso más allá de su prejuicio inmediato. Y además me encontré riéndome mucho a carcajadas, entonces había un punto de conexión posible con esa cosa extraña sobre la que yo desconfiaba. Si vos, a pesar de que no te haya gustado, tomaste el riesgo de comprarlo y leerlo, bueno creo que eso habla bien de vos como lector.

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