Las políticas del pitufeo. El día en que los pitufos se volvieron terroristas

Las políticas del pitufeo. El día en que los pitufos se volvieron terroristas


Por Joe McCulloch

Para leer el artículo original en inglés, hacer click acá.

En 1965, fue lanzado al público francófono el álbum El Rey Pitufo (Le Schtroumpfissime). Fue dibujado por Peyo (Pierre Culliford), el artista y animador que había creado a los pitufos (Schtroumpfs) en 1958 como traviesos personajes de apoyo para su serie de aventuras medievales Johan et Pirlouit. Fue escrito junto a Yvan Delporte, editor en jefe de Le Journal de Spirou, la revista belga de historietas en la que la historia había sido serializada.

En 1978, el editor belga Dupuis autorizó una traducción inglesa del álbum a Random House – sin su historia original de respaldo (Schtroumphonie en Ut) – para su lanzamiento simultáneo en Canadá y Estados Unidos. Como se evidenció en la contraportada de la edición estadounidense, toda una línea de libros de Los Pitufos de habla inglesa había sido lanzada (o al menos planeada) para ese momento, aunque el merchandising de la prolífica franquicia apenas había comenzado a materializarse en los Estados Unidos, mientras que su éxito duradero en Europa todavía no había estallado.

En 1981, el estudio de animación Hanna-Barbera Productions presentó su adaptación televisiva de Los Pitufos, que duró 256 episodios de media hora, hasta 1990. Fue una fuerza cultural. La mayoría de ustedes que leen esto todavía puede silbar esa canción del maldito tema. Sí que pueden. La primera compilación en DVD comenzó a aparecer a principios de 2008, aunque sospecho que muchos espectadores no eran conscientes de que los pequeños personajes azules se acercaban a su 50 º aniversario, o que todo solía ser un cómic, o que el cómic solía ser político, unido a su tiempo y lugar.

El Rey Pitufo fue adaptado a un episodio de la serie animada en su primera temporada. Los bordes se suavizaron considerablemente. Pero por cierto, la Aldea de los Pitufos es un lugar secreto, y es esperable que Los Pitufos de los comics prefieran conservar algunas cosas solo para ellos.

***

Nuestra historia comienza en una hermosa noche en la Aldea de los Pitufos. Papá Pitufo, que no es para nada un comunista[1], está hasta tarde cocinando algo alquímico para un propósito beneficioso, sin duda. ¡Pero esperen! ¡Papá se quedó sin existencias de la sugerente hierba llamada “Euphorbium”, que es crucial para el éxito de su proyecto! Nunca se nos dice exactamente qué es el Euphorbium, o cómo se acabó, pero mi teoría actual lo conecta con las obligaciones de servicio comunitario que requerían la aparición de Papá en Cartoon All-Stars to the Rescue. De todos modos, es obvio que este pequeño ritual para Glycon no funcionará sin él.

Creo que todo el material explosivo en el asunto del laboratorio es lo que se conoce como “la pistola en el primer acto”, solo un toque de atención. Por lo tanto, Papá se va a la mañana siguiente a buscar algo de hierba en “el otro pitufo de las montañas”, donde supongo que los helicópteros de la policía no pueden volar. Pide a sus pitufos que “sean muy pitufos” mientras él se va, momento en el que un pitufo aparece pitufeando para sugerir una ronda de pitufo, pero luego el Pitufo Filósofo sale pitufeando como un sabelotodo y comienza exigiendo a todos trabajar en la restauración de un puente y esa mierda (pitufa). La pandilla no está muy entusiasmada con lidiar con los problemas de infraestructura de larga data de la Aldea Pitufa.

Ah, claro, “¡andate a pitufear!”, ¡Exacto! ¿Pensaste que yo y tus compañeros de la escuela primaria fuimos los únicos que jugaron el juego “reemplazar  culo con pitufo”? No, me imagino que a Peyo se le ocurrió esa posibilidad tres segundos después de que él y el dibujante André Franquin inventaran el idioma pitufo (Schtroumpf) durante la cena, y de hecho podrían haber inventado la mayoría de las interacciones relacionadas con Schtroumpf todo el resto de la semana.

Conocen el lenguaje de los pitufos, ¿no? ¿Y cómo los diferentes pitufos tienen características diferentes, a pesar de que parecen casi lo mismo? El Pitufo Filósofo es un poco más complicado, en el sentido de que es tanto un cerebro y un idiota total que suele estar equivocado acerca de las cosas. En realidad es un personaje muy bueno y divertido en este cómic en particular, una caricatura muy específica de las élites (pseudo) intelectuales como conformistas sociales, confiando en que el status quo los recompense por su apoyo fanfarrón mientras permanecen completamente sin idea de nada fuera de su marco de referencia. Naturalmente, Filósofo espera ser el líder aclamado de los pitufos, más o menos porque cree que es su turno, solo por ser tan inteligente como lo es. Esto (de nuevo) no va bien con los otros pitufos, que eventualmente optan por su primera exhibición de “pitufragio universal.” El plan comienza a torcerse rápidamente .

La profundidad filosófica en la esquina inferior izquierda viene del Pitufo Gruñón (Odio los yos), que tiene uno de los orígenes iconográficamente más cuestionables en la historia de los cómics, habiendo sido un pitufo alegre que fue mordido por un insecto que volvió su piel negra y lo hizo violento y amargo. Más y más pitufos fueron mordidos y convertidos en negros, hasta que Papá logró eliminar la oscuridad de la sociedad pitufa, aunque Gruñón quedó malhumorado. Todo esto ocurrió en Los Pitufos Negros (Les Schtroumpfs Noirs) de 1963, no disponible en inglés.

Volviendo a la historia, un solo pitufo anónimo llega pronto a una sorprendente revelación: si promete cosas a la gente, ¡votarán por él! Por lo tanto, cuando Pitufo Filósofo termina aburriendo a algún otro pitufo hasta las lágrimas a través de afirmaciones de su grandeza aprobada por Papá, nuestro pitufo salta y promete pasar una ley que prohíba a los aburridos – ¡Éxito! Enseguida se le promete una Ley del Derecho-A-No-Trabajar al Pitufo Perezoso; al Pitufo Armonía se le promete una posición como primera trompeta en la Gran Banda Pitufa y al Pitufo Vanidoso se le halaga su inmensa belleza física. El Pitufo Primero incluso se asegura de instar al Pitufo Tontín a votar por Filósofo, confiando en que de alguna manera lo arruinará. Hablando de Filósofo, las sutilezas del proceso político parecen habérsele escapado.

Pronto, Pitufo (y sí, siempre es solo VOTE POR PITUFO, ya que podría ser cualquiera en su posición, vieron) está teniendo desfiles en su honor, y dando discursos de campaña calientes antes de invitar a los muchachos a tomar tragos mientras Filósofo balbucea continuamente sobre su estado como virtual titular ante una audiencia donde solo está Gruñón, quien odia beber.

Llega el día de las elecciones. Es un verdadero nido de víboras, lleno de boletas y fraudes desenfrenados. Gracias a Dios no hay apelaciones en la Aldea Pitufa, o aún estaríamos esperando los resultados.

Al final, Pitufo-solo-Pitufo sale ganador de la farsa, con Filósofo recibiendo votos de solo él y Pitufo Tontín, que es tan fenomenalmente estúpido que logró estropear el cumplimiento de la intención de Pitufo de que se equivocase, paradójicamente llegando al resultado correcto probablemente por la primera vez. La población votante total de la Aldea Pitufa, por cierto, es exactamente 100, contando al Papá ausente. Sólo te pido que me dediques tu próxima victoria en una partida de trivia nocturna.

***

Ahora si realmente quieren entender los Pitufos-en-cómics, sin embargo, solo echen una mirada a sus pies. Son como panes redondos, gordos y ovalados. Ah, estoy seguro de que hay un cierto precedente de larga data para esa idea, y obviamente se ha utilizado en muchos lugares posteriormente. Pero siempre lo relaciono con los cómics belgas de la época, específicamente con la “escuela Marcinelle” de dibujo belga, llamada así por la ciudad que rodea a Dupuis, estéticamente establecida en la antología Spirou y obligada por la sangre (y el marketing) a oponerse siempre a Le Journal de Tintin, casa de Hergé y el estilo que se conocería como la ligne claire (la “línea clara”), después de que un tipo holandés craneara un nombre lo suficientemente pegadizo en los años ‘70.

La escuela de Marcinelle era diferente, centrándose ampliamente en formas vigorosamente caricaturizadas y en la ilusión del movimiento. Por supuesto, existieron diversas interpretaciones individuales incluyendo, ironicamente, al “fundador de la escuela”, Joseph “Jijé” Gillain, quien eventualmente desarrolló una oscilación distintiva entre un dibujo de líneas claras inspirado en la animación y un estilo “realista” pulido, una dicotomía posteriormente replicada por su notable discípulo, el francés Jean “Moebius” Giraud. Pero la identidad central del estilo fue sin embargo firme, perfeccionada en las obras de André Franquin, el gran dibujante que encabezó la serie insignia de Spirou, Spirou et Fantasio, en su poderosa edad de oro.

Sin embargo, casi nadie en los Estados Unidos ha oído hablar de Spirou et/ou Fantasio, mientras que todos los mayores de 15 años han oído hablar de los Pitufos, y por lo tanto, ante los ojos americanos, son la conclusión sellada-en-ambar de la escuela Marcinelle. Y mientras que Peyo no era Franquin, hay algo sobre la redondez regordeta uniforme de esos diablillos azules que sugiere una síntesis en el trabajo, una destilación de tropos caricaturizables acumulados en iconos listos para ser fabricados, cada uno perfecto, y perfectamente dispuesto para adoptar atributos específicos y aislados: Filósofo, Perezoso, Gruñón, etc. Después de todo, si no vas a tender hacia el realismo, como hizo la escuela Tintin, podrías también hundirte en la pura iconografía, el símbolo seguro de la sociedad de los pitufos.

Pero eso no es ningún secreto; es tan claro como el agua, independientemente de tu conciencia personal sobre qué lugar ocupa Papá Pitufo en la historia de los cómics belgas. No, el misterio es proporcionado por Delporte, que vivió hasta 2007 y escribió una cantidad feroz de cómics, por no mencionar su parte en los guiones para el programa de dibujos animados de Los Pitufos. Sin embargo, como se indicó anteriormente, la iteración del sábado por la mañana tendía a ser tranquila, a pesar del chiste, mientras que los guiones de Los Pitufos de Delporte para los cómics tomaban un giro a menudo satírico. Eran cómics para niños, seguro, pero muy conscientes de su lugar en una sociedad poseída y manejada por adultos.

Tomemos, por ejemplo, Pitufo vs. Pitufo de 1973. No la he leído (ya que nunca se ha traducido al inglés), pero el resumen de Wikipedia sugiere que se trata de una sátira bastante aguda de la contienda entre la región septentrional de habla neerlandesa de Bélgica (Flandes) y el sur francófono (Valonia), traducido a un argumento que tiene lugar en la Aldea Pitufa entre los Pitufos verbo-dominantes (ej: Te quiero pitufear como un animal) y sus hermanos sustantivo-dominantes (ej: Te quiero coger como un pitufo).[2] Pronto se arma una guerra abierta en las calles, dejando a Papá para restaurar la paz a través del empleo de la conclusión del exitoso cómic y película Watchmen.

Lo digo en serio: la historia termina casi exactamente de la misma manera que el clásico de Alan Moore/Dave Gibbons, con Papá inventando una amenaza por parte del villano y gastrónomo Gargamel para asustar a los pitufos en guerra hasta llevarlos a un estado de paz. Espero que la idea de Wikipedia no sea joderme, ¡ya que incluso hay aparentemente un final ambiguo que sugiere que la armonía puede ser de corta duración! Ni una palabra sobre si el Pitufo Gruñón narra desde un diario escondido los acontecimientos de la historia, o si alguna publicación de derecha lo descubre al final.

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Pero ay, queridos lectores, pronto llegará al malestar al hermoso municipio pitufo. El recién electo Pitufo Pitufo se mete rápido en su habitación para cambiarse en algo en lo que obviamente había estado trabajando durante un tiempo: un nuevo combo de calzas y gorro, forjados en oro puro. O más bien coloreado de esa manera, sin éxito.

Sin inmutarse, Nuestro Hombre declara que todos se referirán a él como el Rey Pitufo, resultando en una risa muy respetuosa. No importa: cuando el Pitufo Armonía aparece en la oficina de Su Majestad para buscar su promesa de la Gran Banda Pitufa, el Rey Pitufo le da un título muy elegante (Primer Portavoz Principal), lo equipa con un tambor y lo envía a anunciar que todos los pitufos lo respetarán y obedecerán, o enfrentarán terribles consecuencias. Esto incita al Pitufo Fortachón (que es fuerte) a entrar en la habitación del Rey para pegarle una patada en el culo. Pero el Rey Pitufo sabe qué deseos se esconden en el poderoso corazón de un pitufo.

En pocos minutos, Fortachón se ha armado una guardia de honor de compañeros pitufos armados con cuchillas mortales. Filósofo no puede creer que no haya sido electo. Cansado de su hogar precario, el Rey Pitufo decide poner al resto de la aldea a trabajar construyéndole un palacio debidamente impresionante. Viendo otra figura de autoridad en quien resguardarse, Filósofo toma sus herramientas mientras los guardias rodean al resto de los pitufos. El reinado del terror ha comenzado.

¡Sí, el trabajo forzado es la nueva regla del día! ¡Los pitufos ahora viven como esclavos, calados hasta los huesos bajo amenaza de muerte! El imperio de la ley también es inútil, y la desigualdad es suprema. El pobre Pitufo Bromista es arrastrado ante Su Eminencia por haber usado uno de sus trucos de “explosión de regalos” con un guardia, y se enfrenta cara a (horriblemente chamuscada) cara con el nuevo doble estándar.

Enviar a un hombre a la cárcel por detonar inocentemente una bomba en la cara de alguien en nombre de la diversión es el paso #5 o #6 en el camino hacia el totalitarismo, como he mencionado personalmente a varios jueces del distrito magistral, así que ustedes pueden imaginarse el alboroto en la comunidad pitufa después del arresto y detención de Bromista. Pero una marcha hacia el palacio sólo lleva a los pitufos a ser retenidos a punta de lanza, y la multitud pronto se dispersa. ¿No queda esperanza en esta ciudad?

Bajo la oscuridad de la noche, una sombra cae sobre una casa de hongos. Una figura encapuchada evade la patrulla nocturna. Toca una puerta, susurra una contraseña y entra. Luego desciende. Hay amigos esperando bajo la tierra. ¡La résistance! ¡De weerstand! ¡Una brigada regular de (gorros) blancos! Los pitufos no deben temer a su gobierno – ¡el gobierno debe temer a sus pitufos!

No se pierde tiempo. La Sociedad Secreta de Pitufos droga a un guardia, entra en la prisión y corre como un infierno hacia el bosque más allá del pueblo. Pitufo Filósofo, sin duda anticipando un cambio en el viento, pasa a estar con ellos, y también logra ser el único atrapado. Durante el resto del cómic, de vez en cuando obtendrá una toma de un panel en su celda de la prisión, en la que meditará sobre cuándo vendrán sus amigos para sacarlo a relucir y aclamarlo como un héroe. Nadie vendrá nunca.

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La política del Rey Pitufo en particular – o al menos su desconfianza profundamente arraigada en los mecanismos políticos – tenía también alguna probable correlación con la vida adulta de Bélgica que rodeaba su creación. Después de todo, tanto Peyo como Delporte nacieron en 1928, posicionando su madurez individual directamente contra la ocupación alemana de Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial, en la que muchos ciudadanos fueron trasladados para ser utilizados como trabajo forzado en la maquinaria nazi. Es extraordinariamente fácil ver las actividades encubiertas de estos pitufos rebeldes como una reminiscencia de las muchas facciones de la resistencia belga, a menudo escondiéndose en el bosque, rescatando a los pilotos derribados y evadiendo la captura para subvertir otro día.

Sin embargo, esta lectura parece insuficiente, ya que ni los belgas ni los pitufos eligieron a Adolf Hitler, que no era específicamente un rey. No, el belga tenía un rey propio, Leopoldo III, un hombre polémico en aquellos días de lucha. Habían pasado menos de tres semanas desde la invasión alemana de mayo de 1940, cuando el rey de los belgas anunció la rendición de la nación, sin la aprobación de la legislatura. Para complicar las cosas, Leopoldo III optó por permanecer en Bélgica bajo la ocupación, mientras que el gobierno civil eventualmente se reposicionó en Londres, fuera de la aldea de champiñones, aunque se hicieron propuestas infructuosas para construir una gobernanza ocupacional completa en Bélgica.

Esto resultó en un estado de cosas debidamente anárquico, con el monarca belga y la legislatura en el exilio declinando reconocer completamente la autoridad del otro, con ninguno de los cuerpos cooperando con los nazis y su gobierno militar, y varias facciones de la resistencia – inevitablemente separadas por el lenguaje, recuerden – a veces operando para con sus propios fines.

Curiosamente, sin embargo, de este caos creció el poder de la escuela Marcinelle, el hogar de los pitufos. Los comics importados se volvieron inaccesibles, dejando huecos para ser llenados. Jijé dibujó una cantidad considerable del contenido de Spirou en esos días, incluyendo algunos episodios truchos de los cómics americanos que la revista publicaba en ese entonces, como Superman. Cuando terminó la guerra, Jijé tenía la autoridad de nombrar a artistas más jóvenes como Franquin para llenar las puestos, sembrando así el futuro de Spirou en la tierra pisoteada por la guerra. Peyo lo siguió varios años después, conociendo a Franquin & Companía como animador adolescente durante la ocupación.

Aun así, siendo una época artística y formativa, no debe haber sido el mejor momento para inculcar orgullo en el orden cívico en este par de jóvenes, sin mencionar el respeto a Su Majestad, que fue deportado por el gobierno militar alemán en 1944, y, después del final de la guerra, se estableció en Suiza mientras el gobierno belga volvía a determinar si era literalmente un traidor (respuesta: no). Su eventual retorno al reino en 1950 fue marcado por la violencia y la desobediencia civil, particularmente en la región de Valonia, abdicando al trono en 1951.

Sin embargo, aunque probablemente no sea un buen momento para situar la visión de Peyo y Delporte de la gobernabilidad como una batalla campal producto de la pura agitación interna que, a su manera, los llevó al lugar donde estaban, hubo diferencias en cómo el cómic mismo fue dibujado, cada vez más alejado, pero todavía cercano.

***

El Rey Pitufo está en el límite después de la fuga de la cárcel, y sus guardaespaldas están atentos al más mínimo alejamiento de lo habitual. Sin embargo, los pitufos a veces se las arreglan para escapar de la aldea, confiando en que su fe no los hará morir a manos de sus hermanos exiliados en el bosque.

Cosa jodida en la que están los pitufos. Las actividades encubiertas han estado sembrando las semillas de la discordia en el pueblo también:

Sí, están amenazando con matarlo. O, no lo sé, quizás “Pitufeen al Rey Pitufo” significa “Rechazo del votante al Rey Pitufo”; Ni siquiera sé cómo leyeron esas cosas. ¿Son sutiles cambios en la escritura? ¿La alteración en una ‘P’ hace la diferencia entre la difamación y la reverencia? ¡Oh los debates que tengo mientras abrazo mis almohadas de anime!

A pesar de todo, el Rey Pitufo entiende claramente el mensaje, y opta por crear un equipo experto para asolar el bosque de la única manera que sabe cómo: apelando a los instintos más bajos de todos. Realmente me encanta que este cómic esté dirigido directamente a los niños. Aquí no hay respeto por nada. Ni al servicio militar, ni a los jefes de Estado, ni a los fundamentos de la democracia… ¡es genial! Es impresionante, la payasada ruidosa mezclada con extraños ataques de ingeniosa sofisticación, todo en el crujiente cono de un pretzel de anti-autoritarismo desenfrenado. ¿Cómo carajo es que el dibujo animado se volvió tan almibarado? ¡Los Pitufos tienen dientes! ¿Y toda esa mierda que pasa en el bosque? Te muerde.

Por lo tanto, el Rey Pitufo conduce a sus compañeros condecorados hacia el bosque para ahumar a los rebeldes. Lo que resulta puede ser mejor descrito como una comedia para descostillarse que es a la vez un quilombo militar (¿no lo son todos?), con gente cayendo en pozos, empapándose en el agua y abriendo extraños regalos en medio de la nada con resultados poco felices.

La campaña es un desastre. El Rey Pitufo y sus hombres dan media vuelta y se retiran mientras los rebeldes se ríen y se burlan. Las defecciones son evidentes. Todavía desafiante, el Rey Pitufo declara que todos los pitufos se unirán ahora a los militares o se enfrentarán a la cárcel. Una pared se erige alrededor de la Aldea Pitufa. Nadie entra ni sale.

Llega un mensaje del otro lado: Abdique, Alteza, o desenvaine su espada. El Rey de los Pitufos opta por esto último. Es hora de empezar a matar en serio.

***

La posición colonialista de Bélgica estaba por cambiar después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Para nuestros propósitos, un cierto simbolismo puede ser extraido de la obra de Hergé, cuyo Tintín en el Congo contenía varias referencias despreocupadas al estatus de la colonia como tal en su primera edición de 1931, removidas por el artista en una extensa revisión de 1946.

Fuera de los cómics, la presión por el autogobierno congoleño estaba creciendo a medida que avanzaban los años 50. Los disturbios estallaron en 1959 por la prohibición belga de una reunión organizada por la cada vez más formidable asociación étnica ABAKO, dando como resultado una cierta concesión a la participación de los congoleños en el gobierno, y la subsecuente formación de docenas de partidos políticos.

Los acontecimientos se sucedieron con tremenda velocidad. Los planes para la transición de la colonia a la independencia se comprimieron y se celebraron elecciones libres en mayo de 1960. El Movimiento Nacional Congolés-Lumumba tuvo un buen desempeño y la entrega formal del poder ocurrió el 30 de junio de 1960. Sin embargo, no había pasado una semana cuando estalló un motín contra los oficiales militares extranjeros restantes, conduciendo a la entrada del ejército belga y, en agosto, en la secesión de dos áreas – la provincia rica en minería de Katanga, todavía cercana a la industria belga, y la región de Kasai del Sur – y la Intervención de las Naciones Unidas. Esta situación (y estoy simplificando enormemente aquí) también llevó al primer ministro Patrice Lumumba a pedir ayuda a la Unión Soviética para presionar en Kasai, después de lo cual estalló la lucha en el parlamento y el jefe del ejército Joseph Mobutu, con el apoyo de la CIA estadounidense, finalmente tomó el poder con un golpe militar.

La lucha continuó durante los años sesenta. En 1964, año en que el Rey Pitufo empezó a ser serializada, se desataron rebeliones violentas, que volvieron a involucrar a Bélgica y los Estados Unidos. En 1965, año en que el cómic fue publicado en una edición compilada, Mobutu lanzó un segundo golpe y prohibió a todas las organizaciones políticas excepto la suya. Este fue el telón de fondo para la creación y publicación de la historia, además de la sangrienta división de Ruanda-Urundi en Ruanda y Burundi. El tema de las elecciones que llevan al conflicto parece estar influenciado por tales acontecimientos.

Naturalmente, la sátira del cómic no apunta directamente a eso. Estoy especulando. Y francamente, una lectura nociva es posible desde esa perspectiva, un cloqueo de la lengua a esos estúpidos pitufos pensando que pueden manejar las cosas sin la sabiduría antidemocrática de Papá cerca – mi Dios, ¿puede un nombre ser más paternalista que “Papá”? Sin embargo, tal vez estoy equivocado al mirarle los pies a los pitufos buscando sus secretos. Tal vez la respuesta a todo está encima de sus cabezas.

Esas cosas como conos marchitos no son sus cráneos, ¿sabían? Son gorros frigios, y no estoy hablando de vesículas biliares. Me refiero al casco de la antigüedad, utilizado en el arte griego antiguo como un símbolo de la extrañeza, y en la cultura romana como un símbolo de la libertad, usado por los libertos. A veces tenía una connotación marcial. Si alguna vez llegaran a encontrarse un pitufo corriéndolos mientras cita a los gritos Horacio en latín, el significado será claro. Los gorros fueron adoptados más adelante por las revoluciones americanas y francesas debido a su asociación de larga data con la libertad. El gorro rojo era el preferido, pero poniendo a Papá y sus pitufos juntos te da algo acumulativo: los colores de ambas tierras, rojo, blanco y azul.

Y si, de hecho Los Pitufos, como iconos, como dibujos, como se ha mencionado anteriormente, son una destilación de tropos de caricaturización acumulados, identidades perfectamente moldeadas sobre las que se pueden imprimir caracteres humanos sin fin, la más amplia exposición al mundo de la escuela Marcinelle, nacida de la Segunda Guerra, usando los gorros de la libertad y luchando en medio de un colapso democrático post-colonial. Entonces – ¿No es su uniformidad especial y terriblemente humana? ¿No hay una metáfora en funcionamiento en estos gnomos azules nacidos, parece, con la libertad encima de sus cejas? ¿No queremos todos autorealizarnos? ¿Estar en control de nosotros mismos? ¿Y aun así no terminamos acaso en grupos, comunidades de deseo o necesidad, para nuestro riesgo y beneficio?

Ese es el verdadero conflicto de la Aldea Pitufa, ilustrado en El Rey Pitufo. Querer sostenerse solo, siendo la individualidad su caída, y terminar convirtiéndose en un colectivo, todos de nuevo a favor de la libertad. Resistencia, rebelión, subyugación. Libertad encima de todo, y todo pitufo por debajo. Basta con perder las gafas de Filósofo y afeitarle la barba a Papá.

Eh, y está Pitufina, supongo, pero ella no está en este cómic, y esa es otra historia.

***

Entonces:

¿Qué más se puede decir? No obstante, observamos que mientras los pitufos sostienen palos, piedras, lanzas y cosas, y a veces se muerden el culo, la mayor parte del armamento continúa siendo el no-tan-letal tomate, que Peyo, no obstante, utiliza para obtener el máximo detalle gráfico, rojo sobre blanco. Es un acto de equilibrio impresionante, manteniendo su idoneidad para los niños mientras que consigue llegar al punto sin ofender demasiado. Quiero decir:

A medida que la batalla se agrava, un patriota de sangre caliente llega a la brillante idea de allanar el laboratorio de Papá, que como hemos dicho antes contiene una gran cantidad de materiales explosivos, sin duda almacenados para la revolución que Papá no dirigirá, dado que él no es comunista. La bomba es encendida y arrojada contra el palacio, y con un glorioso resplandor de victoria caen las paredes del opresor, sobre todo alrededor del Pitufo Filósofo, que todavía estaba encerrado en su interior. Ah, él es un tipo grande, se lo va a bancar.

En poco tiempo, el fin de la guerra es seguro. Se produce el asalto final. Sin piedad. Vamos a ver de qué color es la sangre de un Pitufo. Tenía que suceder. Así es como se riega una sociedad.[3] Y entonces aparece Papá, antes de que la cabeza de alguien quede seriamente separada de sus hombros. Está enojado al punto de que incluso un saco verde lleno de Euphorbium no puede arreglarlo, no es que él lo haya probado alguna vez, claro. Me gusta la lanza ensartada en la casa manchada de rojo a la izquierda. Más episodios de La Pandilla Feliz deberían haber terminado con imágenes como esa.

Sí, con Papá de vuelta en la ciudad, el orden es rápidamente restaurado. El Rey Pitufo se ofrece como voluntario para limpiar el pueblo él solo, pero pronto todos los pitufos están saltando a ayudar. Todo el mundo está feliz, y la democracia es legítimamente relegada al cementerio de las malas ideas. Quiero decir, nadie sale y dice eso, no, pero no deja de estar claro que la Aldea Pitufa probablemente no vea otras elecciones por un buen rato. ¿Cuál es la necesidad, con Papá de regreso? Lo digo en serio: el cómic concluye con los héroes rechazando la democracia y es un final feliz.

Muy bien, pero ¿qué son Los Pitufos? ¿Políticamente? ¿No es esto un final tramposo, con todo el libro hablando todo tipo de mierda sobre los peligros de la autoridad y después dándose vuelta con los pitufos estando de acuerdo con cualquier cosa diga el Secretario Papá?[4]

Jesús, “Papá” sí que tiene una marca paternalista. Lo que tiene sentido, porque, en la superficie, no como iconos, ni símbolos ni alegorías, sin pensarlo demasiado – los pitufos son niños, en la forma en que su público son niños. Y seguramente los niños necesitan hacerles caso a sus padres cuando llega la hora de acostarse. Pero esa es la única autoridad que este cómic admite como válida. El padre, llamando a poner fin a la hora de jugar, y retando a los chicos por actuar como “seres humanos”, que también podríamos llamar adultos, específicamente los adultos que un chico ve más allá de la adoración a sus padres. No crezcan para ser como ellos. No cometan sus errores.

Algún día tendrán la edad suficiente para saber que sus padres tienen alguna responsabilidad. Hasta entonces, ¿saben lo que pueden hacer con esas ropas de mierda de esos horribles hijos de puta?

Lamentablemente, este no sería el último conflicto que atormentara a la Aldea Pitufa.

***

En 2005, un comercial para UNICEF fue emitido en la televisión europea.

Producido con el permiso de la familia de Peyo, quien murió en 1992, el corto presentaba a los felices pitufos, su baile y su deliciosa música aniquilada por los bombardeos aéreos, sus gritos de terror dando paso a los chillidos de Bebé Pitufo, un futuro tirabombas; un tirador que apunta, potencialmente, contra la aldea vecina, contra la nación vecina, sentado en el centro de un montón de cadáveres azules, con el rostro ennegrecido a la manera Marcinelle.

Siendo testigos de esta terrible escena, no es difícil imaginar al pitufito creciendo para encontrar una máscara y usarla, escondiéndose entre los árboles. Esta vez no serán tomates, y no habrá Papá para detenerlo.

Se inició la campaña publicitaria para recaudar fondos para la rehabilitación de niños soldados en Burundi y la República Democrática del Congo, las antiguas colonias de Bélgica.

Y la gran carga de la historia es que nunca se termina.

***

Nunca nada parece terminar.


[1] El chiste hace referencia a una vieja teoría sobre el mensaje cripto-comunista de Los Pitufos e incluso ciertas posiciones estalinistas por parte de Peyo. El debate fue reavivado en 2011 cuando el escritor francés Antoine Buéno publicó El pequeño libro azul: análisis político de la sociedad de los pitufos (Le petit livre bleu: analyse politique de la société des Schtroumpfs), donde se revisaban e incluso se aceptaban dichas teorías. Recientemente en Uruguay se produjo una polémica cuando en un manual de sexto grado se utilizó a Los Pitufos como ejemplo para explicar el comunismo como sistema político.

[2] Hace referencia al estribillo de la canción de Nine Inch Nails, “Closer”, que dice “I wanna fuck like an animal”.

[3] Es una cita de la frase escrita por Thomas Jefferson: “El árbol de la libertad debe ser regado cada tanto con sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural” (carta a Williams Stephens Smith, 13 de noviembre de 1787).

[4] Primer Secretario (o Secretario General) del Comité Central del Partido Comunista era el máximo rango político en los países soviéticos.


Joe McCulloch es un crítico de cómics estadounidense, frecuente colaborador en varios sitios de crítica como The Comics Journal donde mantiene una columna semanal en la cual destaca los lanzamiento más notorios y realiza reseñas. Hasta 2012 escribió en su blog personal Jog – The Blog, y actualmente se lo puede seguir en su cuenta de Twitter @snubpollard. Este artículo fue originalmente publicado en el sitio The Savage Critics y gentilmente cedido por su autor exclusivamente para Kamandi. La traducción es nuestra.

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

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