Charlando Con Big Sur: Términus

Charlando Con Big Sur: Términus


A principios del año pasado un grupo de editoriales independientes decidieron unir sus fuerzas en algo que  no es exactamente una mega editorial pero que tampoco es solamente un stand compartido. Big Sur, que agrupa a Términus Libros, La Pinta, Szama Ediciones y Le Noise, parece funcionar un poco con la vieja lógica del origen de Image Comics: cuatro estudios independientes en cuanto a decisiones editoriales y línea estética, pero sin embargo unidos en lo que respecta a estrategias comerciales y de distribución, conformando un frente común. Y también compartiendo ciertas ideas acerca de la historieta, que se ponen en evidencia cada vez que realizan una intervención pública: una absoluta desacralización del pasado de la historieta argentina, una apuesta por la más amplia variedad de formatos (desde el fanzine hasta el libro, en armonía), una firme creencia en lo autogestivo como camino, una voluntad polémica que surge de firmes posiciones éticas y estéticas, una enorme variedad de contenidos, una creencia en la necesidad del crecimiento de la escena historietística más allá de Buenos Aires. Todo esto alimenta un proyecto colectivo que propone que en estos tiempos de anomia industrial en la historieta argentina, lo único que puede salvarnos es la agrupación y el “hacerlo vos mismo”, contra viento y marea, por el amor al medio.

Interesados desde Kamandi por la producción de este colectivo y por sus opiniones, les enviamos un cuestionario a cinco de sus editores, consultándoles sobre los orígenes, sus opiniones acerca de la escena argentina actual, el concepto de “novela gráfica”, el lugar del “interior” en la historieta argentina.

Hoy: Bruno Chiroleu, Términus Libros.


Términus N. 7 (Términus Libros, 2014)


En primer lugar, una pregunta de rigor, un poco aburrida, pero necesaria: ¿Cómo comenzó cada uno de ustedes con sus proyectos editoriales personales?

Términus comienza a publicar la antología del mismo nombre en Octubre de 2012, con gran mayoría de autores rosarinos o que residen en Rosario. El proyecto era esencialmente el clásico: autopublicar el tipo de historia de género que nos gustaba dibujar y escribir. Lo tomamos seriamente, y conseguimos una buena recepción. A partir de ahí, fueron cuatro años de publicarla a un ritmo de tres números al año, antes de pasar a la siguiente etapa, que es la publicación de libros integrales de autores de la revista, el segundo de los cuales sale para CBB8.

¿Cómo se fueron tejiendo los lazos entre ustedes? ¿Se conocían de la escena de la historieta de Rosario? ¿Del Crack Bang Boom?

Personalmente, no conocía a nadie en puntual fuera de los participantes de la revista, dado que mi interacción con el medio editorial o de convenciones fue casi nula hasta empezar Términus. Había estado en un par de eventos en BA donde conocí gente suelta, pero apenas charla amable.
Registro haber conocido y hecho amistad con los que en ese momento eran Dead Pop en la CBB5. En ese entonces empezaban a publicar Hipnorama, otra antología, y me acerqué a conocer a la competencia. De ahí, a través de Damián Connelly sobre todo, conocí a la gente de la Pinta y a los amigos de editorial Salamanca, de Mar del Plata, que compusieron la formación original de Big Sur.

Noto que hay cierta defensa del género entre las editoriales que componen Big Sur. Pienso, por ejemplo, en las historietas publicadas en Términus o Almer. ¿Qué encuentran en los géneros clásicos que los impulsan a contar historias?

El género estuvo bastante presente en mis años formativos, tanto en el cómic como en la literatura o películas que consumía. El producir en ese formato me resulta natural. Si tengo que aclarar, hoy día mi consumo es muy diverso y no necesariamente centrado en el género, aunque sí mi producción. Desde donde lo veo, el género provee dos características puntuales: una es una estructura reconocible, la cual te puede servir por un lado para encausar la historia, o para utilizar como un elemento narrativo más, sobre todo subvirtiéndola. Uno tiene a su disposición una herencia muy rica que siempre está presente en el lector, y con el cual se puede generar una complicidad a través del acercarse o alejarse de los clichés o los tropos de cada tipo de narrativa puntual. Tenés un camino marcado, y podés alejarte o acercarte a ese camino según cómo lo requiera la historia, y eso, sobre todo cuando estás en tus primeras armas, es una guía importante.
La otra es que, más allá de la voz que uno elija para narrar, la literatura de género siempre me da la sensación de ser en tercera persona. A diferencia de la autobiografía donde el género es uno mismo, acá el crear un personaje te aliena y te permite tipos de honestidad que no siempre pueden darse cuando el protagonista es uno, cuando en general es inevitable ser tendencioso respecto a lo que se muestra, incluso usando alter egos. En cuanto a los géneros podés mostrar facetas horrorosas de vos mismo, plasmarlas y estudiarlas siempre en una proyección, libre de que el juicio sobre ese personaje recaiga sobre vos. Te permite retorcer y desmenuzar de formas que (al menos a mí) me costaría más hacer exponiéndome en el proceso. Sobre todo, te permite ser cruel. Te libera de toda necesidad de cuidado o respeto para con tus personajes; te permite una frialdad para con ellos que es difícil de alcanzar con protagonistas de la vida real. Y esa distancia o frialdad te permite llegar a profundidades muy interesantes, en ocasiones.

Manu probablemente lo ve a de otra forma, como autor. Habría que preguntarle a él. Como anécdota, él me mandó a Términus las historias de Almer, en su momento. No era material para la revista (ni por lo gráfico ni por el estilo de sus historias; justamente, mucho más luminosas, totalmente al contrario de las historias que solía publicar la revista), así que lo dejé pasar. Recién ahora que la publicamos como colectivo, y por tanto la línea estética o de contenido es otra, terminamos editando ese material. Hasta ese punto consideramos (o yo, al menos) prioritaria la identidad de las editoriales.

A la vez también siento que hay, de parte de algunos de ustedes, una distancia voluntaria y bien marcada con cierta manera de hacer historieta (digamos la “tradición clásica de la historieta argentina”). ¿A qué se debe su distancia con la misma? ¿Y cómo conjugan esto con el recurso a los géneros?

Desde Términus, la idea siempre fue darle un giro que lo alejara de la bajada de línea moralista derechosa que tiene en general el cómic de género -sobre todo policial y de superhéroes- que tradicionalmente endiosan el vigilantismo. Más allá de que no es lo nuestro en general, ese fue el mayor motivo de rechazar muchas historias que nos ofrecieron. En corto, lo facho de las propuestas. Estéticamente siempre reconocimos cierta influencia de la editorial Vértigo, y del tipo de narrativa más bien lineal y clásica, pero también mucha influencia de las publicaciones de EC -sin buscar el shock pedorro, pero sin renegar de eso-. Cada vez que se me acerca alguien a decir amablemente que le gusta la revista porque leía Columba, me abstengo de discutir, pero más allá de alguna historia acá o allá, siempre me distancié ideológicamente de esas publicaciones, que buscaban apuntar a  una demografía tradicionalmente de centro derecha, como mínimo. Lo mismo cuando -siempre con la mejor intención- nos endilgan el llenar un vacío que dejó la nueva dirección editorial de Fierro, y a mí no me interesa en lo más mínimo quedar asociado por oposición a otra publicación -más, con una que no consumo-.

Muchos de ustedes tienen un fuerte amor por el comic yankee, especialmente los superhéroes, el terror y la aventura Mignolanesca, el policial hard-boiled. ¿Cómo procesan y relacionan esas influencias con el comic de autor que realizan?

 En mi caso, sin culpa. En todas las historias de Términus que escribí (y que busqué como editor) el foco estuvo en conservar una cierta naturalidad, evitar lo artificial de las publicaciones históricas (protagonistas anglosajones, ubicaciones en grandes metrópolis extrajeras, castellano neutro) pero tampoco forzar localismos (los edificios de mis historias son todos de Rosario o basados en su arquitectura, y la gente vosea, pero no vas a ver un puto mate en la Términus) Cada uno lo ve como quiere, pero es un ejercicio de determinar qué del género es trasvasable y qué es un producto de su espacio (ej: todo el mundo sabe que hacer un policial argentino con policías “buenos” es garantía de inverosímil) y qué puede aportar nuestra estética o idiosincrasia a los géneros mismos también.

Términus 11 (Términus Libros, 2016)

Han publicado en diversos formatos, desde la antología hasta el fanzine, ¿cuál es el formato en el que se sienten más cómodos? ¿Qué opinan acerca de la predominancia del libro como el contenedor de la historieta?

No tengo ningún fetichismo puntual por el formato revista (de hecho, prefiero fuerte los TPBs) así que el formato libro me gusta y mucho. Tiene una serie de dificultades puntuales: el costo, por un lado, y por otro el tiempo invertido en generar el material mínimo que requieren (algo por debajo de las 60 páginas es tirando a corto, para mi criterio, y eso puede tomar mucho tiempo, según los estilo de dibujo, disponiblilidad horaria del autor, etc). Por eso un fanzine cada tanto para tener un poco de satisfacción inmediata no se desprecia. De todos modos existen formas de mantener al lector interesado hasta la publicación del libro (teasers, historias cortas, posteo online, sobre todo) que pueden tener la misma tracción que la de la historia publicada por entregas en antologías (o más), y tienen la ventaja de estar al alcance de cualquiera.

¿En que momento decidieron que la mejor estrategia era “hacer yunta” y presentar un frente común? ¿Esto respondió a razones comerciales, de amistad, artísticas?

Más o menos sobre final de 2013, empezamos a organizarnos para movernos en conjunto. Gran parte de las dificultades operativas se solucionan moviéndose en grupo, y ni hablar que podemos cubrirnos en diferentes ciudades. Por otro lado, nos unen sí cuestiones de amistad y afinidad de gustos, actitudes y estilos de vida, y eso se evidencia en las publicaciones de unos en las editoriales de otros. Del mismo modo, cada uno aporta algo, ya sea contactos, habilidad social, de diseño, alguien suma beligerancia, alguien es más diplomático. Un grupo, bah.

Barreiro, Ferrúa y Santana, Rip Van Helsing (Términus Libros, 2017)

Y en el caso de que haya respondido a razones artísticas, ¿cuál creen que es la propuesta estética que hermana a Big Sur?

Si bien nos suelen gustar (mucho, en ocasiones) las publicaciones de las demás editoriales no diría que tenemos una estética en común. Diría que no tenemos estéticas diametralmente opuestas, en todo caso. Se homogeneiza por esa colaboración entre nosotros.

Muchos de ustedes son reconocidos por sus fuertes opiniones acerca de los límites y carencias de la historieta argentina. ¿Qué creen que le hace falta hoy en día?

Lectores. Hay todos los tipos de producción habidos y por haber. Sale talento de abajo de las baldosas. Lectores, no. Se menciona que falta oferta para chicos, que van a ser los lectores adultos del mañana (no es nuestro campo, así que, por favor, que alguien se avoque a eso). Faltan eventos grandes fuera de Capital. Hay, y eso muy está bueno, pero hacen falta más y llegar a mayor cantidad de gente. Es complejo que te vengan a buscar. Más fácil llevar tu material directamente.

Asimismo, están muy identificados con un eje Rosario-Córdoba, en contraposición a la hegemonía de la Capital Federal. ¿Consideran que el papel del mal llamado “interior” ha sido tradicionalmente disminuido por las Historias de la Historieta Argentina contadas desde Buenos Aires?

Es un tema un poco más académico de lo que en general me enfoco. Hay una dificultad obvia en el acceso -ya no tanto a la información del cómo hacer las cosas, si no, diría, a la MOTIVACIÓN,  al contacto de primera mano con ejemplos positivos de experiencias exitosas- en las ciudades más chicas o más alejadas a los polos de producción. En Rosario, el éxito internacional de Risso y la posibilidad de crear la CBB cambiaron el panorama de la historieta completamente. La existencia de escuelas grandes como la de Barocelli generan nucleos de creación o motivación de los cuales pueden salir experiencias positivas. Muchos de los que arrancámos Términus nos conocíamos del taller de Marcelo Frusín, que también tuvo una experiencia exitosa como profesional. Pero, por ejemplo, no existía referencia de una experiencia como la nuestra, y muy poca gente editaba. Todo fue muy de prueba y error, más allá de algún dato concreto que nos hayan pasado. Por eso dichos núcleos de actividad son fundamentales. En Buenos Aires obviamente hay más. En Córdoba, otra ciudad grande, hay algunos profesionales exitosos, pero que no son docentes, y hay algunos docentes con carreras profesionales pero sin interés en generar movida. Desde que falleció Diego Cortés, la movida independiente viene reorganizándose y mutando con muchísimo esfuerzo (pienso en el colectivo Prendefuego, sobre todo) Es terreno árido. Todo los eventos autogestivos, como Docta o Material que se tratan de generar tiene que arrancar de cero cada vez porque es terriblemente difícil generar eco en una población que hace tiempo no escucha hablar de historieta, directamente. La misma dificultad es exponencialmente mayor en ciudades cada vez más chicas, así que es normal que el movimiento sea menor en ellas. Después, si las historias de la Historieta no han mirado más allá de la General Paz históricamente (cuac)… entonces es sólo una extensión de una actitud ombliguista más general y a mí no me sorprende en absoluto.

Gastón Flores y Lisandro Estherren, Tekton (Términus Libros, 2017)

¿Qué les gustaría ver en términos de una organización más federal de la historieta argentina?

Historietas, mal que mal,  hacemos. Lo necesario es el acceso a los lectores, la posibilidad de volver a ganar gente con el cara a cara, porque en la pelea mediática perdemos de lejos. La visibilidad de los eventos es (creo yo) una de las patas gracias a las cuales se pudo mantener andando la cosa editorial en los últimos años. Más eventos en más ciudades y más provincias; y algún sistema de apoyo a la movilidad con la cual bajar los gastos de los editores o artistas que quieran puestear, no sería despreciable. Existen subsidios de movilidad, pero son pocos y de un acceso poco ágil, en general. Se necesitaría subsidios con burocracia mínima y respuestas en el corto plazo, para agilizar la presencia en el circuito nacional.

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

COMMENTS

Escribí un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Please Add Widget