El arte pánico: entrevista a Cabizbaja

El arte pánico: entrevista a Cabizbaja


Por Gerardo Vilches


Ana María López Correa, alias Cabizbaja (Medellín, 1980), es una ilustradora y diseñadora gráfica que, recientemente, ha comenzado a realizar sus primeros cómics. Tras publicar algunos fanzines, ultima su primera novela gráfica extensa en estas fechas. Aprovechando su presencia en la última edición de Entreviñetas, pude entrevistarla y hablar sobre su trayectoria y su obra. Su trabajo puede verse en su sitio web http://www.cabizbaja.net/


 

GV: En la presentación que hiciste durante la inauguración de Entreviñetas, dijiste una frase que me llamó mucho la atención: «el arte me daba pánico». ¿A qué te referías exactamente?

C: A los diecisiete años, justo cuando iba a salir del colegio, me empezaron a dar ataques de pánico. Cuando tuve decidir qué quería estudiar en la universidad, quería que fuera algo relacionado con el dibujo: diseño gráfico, publicidad o artes plásticas eran las opciones que veía. Pero cuando visitaba las escuelas de artes plásticas, me dio mucha ansiedad, verdaderamente ataques de pánico, ver las metodologías y los programas. Porque era más un asunto de arte conceptual, no encontraba nada parecido al dibujo. Además, en ese momento, era súper sensible a la infraestructura física, a la arquitectura de los lugares. Y estas escuelas me parecían muy deprimentes. Eso guiaba mucho mis decisiones, era muy curioso. Esos ataques de pánico me controlaban completamente.

GV: Tengo entendido que empiezas a trabajar más como ilustradora publicitaria.

C: Sí. Finalmente estudié diseño gráfico, y comencé a trabajar en agencias de publicidad pequeñas. Después trabajé en una marca de ropa femenina, y luego cinco años en publicidad, en una multinacional. Yo no dibujaba mucho, aparte de mis cuentos, pero ahí empecé a hacer ilustración para campañas publicitarias, campañas…

GV: ¿Y cómo llegas al cómic?

C: Para mí el cómic siempre fue muy cercano. Es una historia extraña. Mi padre, que también era publicista e ilustrador, era amante del cómic. Del cómic independiente, más concretamente. No sé cómo llegó a tener esas publicaciones que me dejó cuando murió, porque eran comix españoles, underground, que a Medellín no llegaban, y que él consiguió en los años setenta u ochenta. En mi casa nunca hubo cómics de superhéroes, sino que eran más hippies y punketos. Sobre todo, hippies. Y mi padre, antes de que empezásemos a leer, se comunicaba con nosotros con historietas. En alguna escribió: «cuando aprendas a leer, vas a descubrir más de este cuento». Mi padre vivía en Bogotá, mientras nosotros estábamos en Medellín. Él fue muy buen padre, estuvo siempre muy presente a través de sus cartas y cómics. Pero es curioso: yo siempre fui lectora de cómic, pero sólo de los dibujos. Me costaba leer los textos. Incluso ahora me cuesta un poco, aunque, obviamente, lo hago. Y siempre había tenido el cómic como un medio más de expresión, pero nunca me lo había tomado en serio, y no he explorado mucho las posibilidades del medio. Aunque me gusta escribir, siempre me ha costado hacer la estructura de una historia, con su inicio, nudo y desenlace. Mis escritos son más bien apreciaciones de momentos, cosas así. Pero, en Medellín, me hice amiga de un grupo de personas que estaban muy metidas en el cómic, como Pablo Marín, Joni b, Luis Echavarría, Marco Noregna y Tomás Arango, y empecé a leer más. Fue como reencontrarme con mi infancia. Leía más novelas gráficas, y las publicaciones de mis amigos. Y empecé a hacer dibujos relacionados con esa angustia de la que te hablaba, acompañados de una frase. Pero no pasaba de ahí. Me apetecía ir más allá, pero estaba bloqueada pensando que no sabría hacerlo, encontrar un buen desenlace y cosas así.


“Siempre había tenido el cómic como un medio más de expresión, pero nunca me lo había tomado en serio, y no he explorado mucho las posibilidades del medio”


En esa época, además, estaba muy absorbida por mi trabajo en la agencia de publicidad, que era a tiempo completo, pero que, además, me exigía trabajar hasta la madrugada muchos días, lo que me tenía muy alejada del dibujo. Pero llegó un momento en el que me dije «no más»: lo que yo quería era dedicarme al dibujo y la ilustración. Decidí romper con todo y estudiar algo relacionado con esto, aprovechando que tenía algunos ahorros. Y por cosas del destino supe del diplomado de novela gráfica de Juan Navarrete en la UNAM de México. Y me decidí: estaba dentro de mi presupuesto y México estaba cerca de Medellín. Y, aunque ésa sería la primera edición del diplomado, tenía muy buenas referencias de Juan. Esto fue en 2017, así que apenas estoy empezando a descubrir ese lado mío y experimentar con él.

GV: Tú ya habías hecho algún fanzine, ¿verdad? ¿Te referías a ellos cuando me hablabas de esos dibujos acompañados de frases, o son algo más narrativo?

C: Más narrativo, pero, realmente, son cosas muy breves. Estas historias tienen una narrativa, pero muy tímida. Apenas la última que hice tiene más carácter de historieta, pero no es del todo secuencial. Están todas en mi Instagram. Pero en el diplomado, para superar el curso, teníamos que presentar un proyecto de novela gráfica bastante avanzado. Yo empecé la mía, pero no terminé el diplomado: un mes antes tuve que salir por problemas personales, y mi novela gráfica se quedó ahí. Pero este año, la alcaldía de Medellín ofreció un Estímulo de Creación de Novela Gráfica. Como yo tenía la mía muy avanzada, decidí presentarme, y me la gané. Y he estado metida los últimos cinco meses en acabarla.

GV: En esa novela gráfica vas a hablar de ese pánico que te generaba el arte.

C: Bueno, no necesariamente el arte: en general, hablo de esos ataques de pánico que me daban desde los diecisiete años. Siempre había quedado con la necesidad de hablar de este tema. De hecho, cuando iba a graduarme en diseño gráfico quería haber presentado algo relacionado con esto, pero estaba tan reciente que no fui capaz. En la novela gráfica cuento cómo, el año pasado, decidí salir del país, que es algo que antes, debido a los ataques de pánico, nunca habría hecho. Una de las cosas que más angustia te generan cuando sufres esto es sentirse desprotegido, sin una zona de seguridad, sin gente cercana… Pero yo le hice frente a eso y me fui, y por eso en México pensé que era una buena oportunidad para hablar de todo, era simbólico. Me dieron ataques de pánico allí, después de haber hecho terapia, incluso, pero me lo tomé de otra forma: «¡Guau, tengo aquí el material perfecto, ya no tengo que recordar qué sentí!» [risas].

GV: ¿Qué referentes has manejado en la novela gráfica? Antes mencionabas lo importante que fue para ti toda la escena de Medellín, pero no sé si las influencias gráficas te vienen de ahí.

C: Bueno, además de ellos, me influyó mucho Aisha Franz, hija de inmigrantes colombianos y chilenos. El tono con el que dibuja, el lápiz sucio… Power Paola también, su tono súper honesto, su manera de plasmar su propia vida.

GV: ¿Trabajas sobre papel?

C: Sí, papel y lapicero.


“Me influyó mucho Aisha Franz, hija de inmigrantes colombianos y chilenos. El tono con el que dibuja, el lápiz sucio… Power Paola también, su tono súper honesto, su manera de plasmar su propia vida”


GV: ¿Para cuándo podemos esperar esta novela gráfica?

C: Se supone que tengo que entregarla en noviembre. Se supone que la alcaldía tiene convenios con varias editoriales de Medellín, y pueden presentar mi proyecto por si les interesa, pero yo puedo decidir si la quiero publicar o no, o si la quiero publicar en México, o donde sea. Obviamente yo quiero publicarla. Y tengo que presentarla en noviembre por cuestiones administrativas y de plazos de la beca que me dieron. Voy un poco atrasada, pero espero no demorarme mucho más y que esté lista pronto.


Gerardo Vilches es licenciado en Historia y realiza su tesis doctoral sobre revistas satíricas de la transición. Escribe sobre cómics en su blog, The Watcher and the Tower, desde 2007. Colabora en Rockdelux, y ha publicado textos en la revista Quimera, en la antología de ensayos Radiografías de una explosión y en Panorama: la novela gráfica española hoy. También es autor de Anatomía de un oficinista japonés (Bang, 2012) y de Breve historia del cómic (Nowtilus, 2014). Ha participado en varios congresos, moderado mesas redondas y presentado novedades para diversas editoriales. Codirige CuCo, Cuadernos de cómic. En Entrecomics fue editor y publicó reseñas y artículos desde 2011 hasta 2016.

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

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