Kyle Rayner: el triunfo del (súper)héroe común

Kyle Rayner: el triunfo del (súper)héroe común


Por Kevin Tanza

“Todos nos perdemos en la oscuridad; los soñadores aprenden a navegar por las estrellas.”

Rush, The Pass.

A veces el mayor reto es hacer el bien.

Una de las verdades más incómodas de los últimos tiempos en el mundo de los cómics es el que el cinismo como regla. Muchas veces nos hace pensar que el mundo es demasiado oscuro y difícil como para que existan espacios para los ideales que fueron establecidos en este medio hace décadas. Es que sí, el mundo es oscuro, pero siempre hay espacio para luz. Creo que hay pocos personajes “nuevos” en las últimas décadas que representen más ese ideario que el protagonista de este artículo: el artista esmeralda, Kyle Rayner.

DC, a principios de los 90s, se encontraba en una etapa en la que querían alterar el statu quo de sus títulos más populares para mantenerse vigentes en el mercado y adaptarse a una época en donde las nuevas tendencias asentadas por los siete dibujantes que habían dejado Marvel y formado Image Comics se imponían: mayor énfasis en temáticas oscuras y violentas; protagonistas con códigos morales dudosos y con un accionar de calaña similar, sin mencionar que el artista tomaba un rol mucho más predominante en las direcciones de dichos títulos (las peleas entre Jim Lee y Chris Claremont son un claro ejemplo de las tendencias que se fraguaban a principios de los 90s).

Es así como matan a Superman a través de Doomsday; como Bane le rompe la espalda a Batman; como Aquaman pierde su mano para ser reemplazada con un arpón y asume un look reminiscente al de Jason Momoa en la película del 2018; como Diana Prince pierde su título de Wonder Woman ante una amazona más férrea y agresiva como fue Artemis, entre otros casos menos llamativos. Pero la situación de Green Lantern y Hal Jordan fue más interesante porque no moriría (todavía) ni sería lesionado por un enemigo ni perdería su título contra alguien más.

Caería en los hombros de Ron Marz, un hombre que ya tenía cierto recorrido en Marvel trabajando con el Silver Surfer, la responsabilidad de renovar el título. Comenzaría en 1994 con Emerald Twilight, una historia en donde Hal Jordan tenía que lidiar con las secuelas de que su ciudad, Coast City, hubiese sido destruida por Cyborg Superman en el evento Reign of the Supermen. El resultado fue un descenso en la locura y un deseo de poder capaz de hacer que todo volviera a ser como era antes.

Jordan mataría a varios Green Lanterns, a su némesis y antiguo mentor Sinestro, y a los Guardianes de Oa en el proceso, absorbiendo el poder la Batería Principal y convirtiéndose en el villano Parallax. Un hecho que Marz lamentaría muchos años después, hablando con CBR en 2003 y como defensa frente a las críticas de los seguidores de Jordan que recibió por muchos años, era el hecho de que las fechas de entrega estaban tan ajustadas que solo pudo hacer tres números para Emerald Twiligh.[1] Aquello le impidió hacer la transición a la locura de Hal más creíble, falencias que se sienten en el producto final (y a pesar de eso, sigo pensando que la idea de un superhéroe convertido a villano es una idea muy interesante y que Parallax-Hal fue un concepto desaprovechado por DC en los 90s).

La destrucción de los Guardianes y los Green Lantern Corps de la mano de Hal Jordan puede ser analizada desde la versión original presentada en Emerald Twilight en 1994 o la alterada por Geoff Johns en Green Lantern: Rebirth en 2004, ambas teniendo una influencia notoria sobre el personaje de Kyle Rayner como el nuevo y (por ese entonces) último Green Lantern.

En el primer caso, el fin de los Guardianes y los Corps es el descenso al abismo de su soldado por excelencia; de su mejor paladín esmeralda quien, producto de una tragedia inconmensurable como la pérdida de todo lo que conoció y amó, busca cambiar lo que no puede ser cambiado ya que no puede aceptar el hecho de que falló. Una muestra de que incluso los mejores pueden ser corrompidos por el dolor, y que años de una trayectoria inmaculada pueden ser barridos por un momento de egoísmo, con resultados catastróficos. Como el último Green Lantern y sucesor de Jordan, Kyle está constantemente bajo el escrutinio y bajo la sospecha de que esto puede volver a pasar; de que los Corps siempre van a tener esa sombra –y la previa a ella, que es la caída en desgracia de Sinestro, antagonista principal de Hal Jordan- de que incluso sus mejores hombres pueden ser víctimas del miedo a la pérdida.

En el segundo caso, en el que se descubre que Jordan fue poseído por Parallax, la entidad física del miedo que yacía encerrada en la Batería Principal de Poder de Oa – un secreto de los Guardianes que no quisieron compartir con sus hombres -, se puede interpretar a los Corps como una organización con un sistema decadente que prefiere evadir los problemas de mayor arraigo, sinónimo de caos. Geoff Johns exploraría mucho este tema con los Guardianes en su tiempo escribiendo en Green Lantern y demuestra cómo el fin de esa organización a través de un Jordan afligido por la pérdida y poseído por Parallax es una manera de explicar que el viejo orden estaba inexorablemente dirigido al desenlace que tuvo. Era necesaria una refundación a través de un dibujante, sin ningún tipo de entrenamiento ni entendimiento de la historia de los Guardianes y los Corps. En él cae la misión de mantener la llama verde viva –por algo le dicen “El Portador de la Antorcha”- y tratar de hacerlo mejor, de no repetir los vicios que rigieron el legado que él está tratando de preservar.

Uno de los elementos más interesantes de Kyle Rayner en comparación con todos los otros Green Lanterns que han sido protagonistas del título es que él no fue elegido por el anillo por su capacidad de no sentir miedo; simplemente estuvo en el lugar correcto en el momento indicado y Ganthet, el último Guardián que sobrevivió a Parallax, le dio el anillo al único humano que encontró. Así comenzó su historia: sin tener idea de lo que ha pasado, debiendo hacer su propio camino como Green Lantern poco a poco, ya que no hay Corps ni Guardianes de los que pueda aprender. Todo el peso de una organización que data desde miles de años descansaba en los hombros de un joven que deseaba cumplir sus sueños como un artista freelancer en California.

Es un hombre común en circunstancias extraordinarias; una respuesta en constante desarrollo a la pregunta “¿Qué harías si tuvieras un anillo que pudiera crear todo lo que tu mente pudiera concebir?” “¿Qué harías si fueras lanzado en estas circunstancias sin ninguna capacidad de decidir si es algo que deseas o no?

La muerte de su novia, Alex DeWitt, al comienzo de sus aventuras es para Kyle lo que es la muerte del tío Ben para Peter Parker o las muertes de Thomas y Martha Wayne para Bruce; el leitmotiv por el cual Kyle realmente asume su rol como Green Lantern y aprende, de la manera más sádica y cruenta posible (encontrar a su novia asesina y encerrada en una nevera) que está desempeñando un rol que se debe tomar muy en serio. Es un tema que se vuelve definitivo y recurrente en el desarrollo del personaje de Kyle, alcanzando su lógica conclusión en el enorme evento de Blackest Night, donde debe, literalmente, poner esos fantasmas a descansar.

Sepultando el pasado. Green Lantern Corps #46. 2010. Tomasi, Gleason y Buchman.

La muerte de Alex a manos del villano Major Force se convirtió en un elemento muy criticado a Ron Marz e incluso es uno de los factores por los que Kyle es más conocido en el mainstream de la cultura: el hecho de que se muestra a las mujeres como víctimas o carne de cañón para el desarrollo del protagonista masculino. Si bien es cierto que eso es un tema constante en la historia de muchos cómics, el propio Marz ha defendido su postura al respecto del asesinato de la novia de Kyle. “No fue como si matar a una mujer y meterla en un refrigerador fue mostrado como un comportamiento encomiable en el número”, diría Marz en el 2003. “El villano lo hizo, el malo. Era un acto horrible hecho por un personaje inmoral. Quería algo memorable, que estableciera a Major Force como un completo bastardo. Aparentemente fui exitoso, porque aún se está hablando de eso una década después.

Desde mi percepción personal, complementaría el comentario de Marz con la observación de que la muerte de Alex puede ser interpretada como una yuxtaposición de la caída en desgracia de Hal, demostrando que Kyle podía recuperarse de semejante tragedia y así marcar una diferencia; dejar en claro que lo que venció a Hal no iba a vencer a Kyle y definir a su personaje a partir de estos eventos.

 

Si lo vemos desde un punto de vista humano, podría haberlo tomado de una forma muy diferente; la muerte de Alex pudo haberlo llevado por un sendero de ira y desprecio, similar al de Hal tras la destrucción de Coast City, pero en lugar de eso tomó su pérdida y la convirtió en su mayor motivación para traer esperanza a otros y ser el mejor ejemplo de sí mismo. Todo esto en una década en el mundo de los cómics en donde imperaba el cinismo, el tributo a lo sangriento y en donde el superhéroe convencional, aquel con valores arraigados y claros, era engullido por las cada vez más borrosas líneas morales y un mundo en donde la bondad, la honestidad y el deseo de hacer el bien parecían no tener cabida.

Y seamos sinceros, ¿acaso a veces no necesitamos eso? ¿No necesitamos un recordatorio de que sí, el mundo está lleno de oscuridad y de tragedias, pero que tenemos la capacidad de tomar ese dolor y hacer algo bueno con eso?

Como dije antes, remover a Hal Jordan como el protagonista de Green Lantern en los 90s pudo haber dado cabida a un reemplazo más edgy y más propenso a la violencia gratuita y a la carencia del heroísmo clásico. Ron Marz fue inteligente en este sentido al crear un héroe que es un contraste notorio de lo que se fraguaba por esos años en el mercado, derivando en que su run con Kyle Rayner aún se mantenga bastante vigente con el paso de los años, si dejamos de lado el peinado a lo Leonardo DiCaprio en Titanic.

Otro aspecto que lo mantuvo separado de muchos otros superhéroes de reemplazo de la época era el hecho de que su personaje estaba mucho más completo y no estaba presentado como una nueva versión de Hal o algo por el estilo. El hecho de que Kyle fuera un artista le diera a sus creaciones con el anillo un nivel de detalle y variedad nunca antes visto en la franquicia, resultando en unos efectos visuales bastante notables y atractivos desde un punto de vista estético. No por nada Darryl Banks, el principal dibujante de Green Lantern durante los 90s, dijo que Kyle Rayner era uno de los personajes visualmente más interesantes para dibujar y que disfrutó mucho haciendo los diferentes constructos de Kyle.

También está el hecho de que mientras se adaptaba a su rol como Green Lantern y luchaba con diferentes amenazas, Marz inviertió mucho tiempo en presentarnos a Kyle como un ser humano: sus aspiraciones como artista, su relación defectuosa con su madre, los desafíos de mudarse a una nueva ciudad o su relación romántica con la otrora Wonder Girl, Donna Troy. Todo eso desarrolló un punto de conexión con sus lectores, guardando poderosas reminiscencias al día a día de Peter Parker, una de las claves originales de Spider-Man.

El propio Marz lo reconoce en su entrevista con CBR en 2003: “Yo quería que su personaje se sintiera tan real como fuera posible para que así hubiera mucho más contraste entre las pruebas que afrontaba como persona y las que afrontaba como héroe. Quería que te interesaras en él cuando estuviera sin el traje como cuando se lo ponía.” Un movimiento que le dio vigencia y un sentido de autenticidad. Banks concuerda: “En mi mente sentía que (su personaje) no era un truco o algo por el estilo (…) Estaba complacido de que pasara (que fuera bien recibido).

Un elemento que siempre me gustó de esta época de Green Lantern –y que creo que demuestra la capacidad de Marz para desarrollar un personaje con el que uno puede sentir empatía- era la relación de Kyle con Donna Troy. Hay algo profundamente humano y positivamente normal en el hecho de que este romance no fuera cultivado como un perenne tira y afloje como puede ser el caso de la relación que tenía Hal con Carol Ferris, Bruce Wayne con Selina Kyle o por muchos años Clark Kent con Lois Lane. Desde el principio mostraron afecto y atracción el uno por el otro y la relación floreció, como tantas veces hemos visto en nuestras vidas. Kyle la conoció poco después de la pérdida de Alex y Donna lo ayudó a entender lo que es ser un héroe, sanando poco a poco sus heridas; los vemos en la mudanza de Kyle a Nueva York, los vemos entrenando juntos, vemos a Kyle cuidando al hijo de Donna, a Donna ayudando a Kyle para resolver las diferencias con su madre. Todos estos elementos son parte de una relación madura, adulta y creíble, que es un concepto que a veces puede ser tan foráneo en algo como los cómics, reminiscente a lo que Chris Claremont hizo en los X-Men en los 80s. Es una pena que Marz tuviera que cortar su relación porque John Byrne quería el personaje de Donna para su run de Wonder Woman, retirándola forzadamente de la trama de Green Lantern (he aquí uno de esos factores que evita que el mundo de los cómics de superhéroes alcance un mayor grado de desarrollo artístico: las muchas decisiones editoriales que interrumpen la fluidez de las tramas).

Stephen King dijo en su libro sobre el proceso de escritura/biografía, On Writing, que es importante que el lector sienta que ya no está leyendo a un personaje, sino algo real; toda la obra de King está basado en protagonistas comunes como tú o yo, creando un vínculo bastante marcado con el lector porque los sitúa en un contexto familiar para luego torcerlo a través de los elementos de horror. Marz hizo algo similar con Kyle Rayner, solamente aplicando en este caso la fórmula del superhéroe en lugar de la del horror, con resultados bastante positivos en términos de críticas e incluso de ventas. “Por un tiempo el título de Green Lantern estaba vendiendo más que incluso Batman y Superman, siendo solo superado por la JLA (de Grant Morrison); si eso no la era señal del apocalipsis, no sé qué podría serlo,” diría Marz años después a CBR.

Es importante destacar el run de Green Lantern de Marz con Kyle Rayner porque, dejando de lado el estilo de dibujo y la muerte tan gráfica de Alex, fácilmente podría ser un producto de décadas previas o posteriores. No se siente como un producto de los 90s, sino como algo que fácilmente pudo haber sido parte de la línea de DC en los 80s o en el siglo XXI, con un enfoque mucho más optimista que en tantos otros títulos; un entretenimiento consistente que puedes leer sin necesidad de complementos debido a incontables crossovers (un fallo que los X-Men de los 90s padecían hasta el hartazgo, por ejemplo).

La JLA de Grant Morrison a finales de los 90s fue una plataforma fundamental para entender el rol de Kyle como el hombre común que camina entre dioses: al hacerlo parte de la nueva versión de la Justice League con leyendas como Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Aquaman y Martian Manhunter, Kyle se convierte en nuestros ojos y en nuestro avatar; es el joven que ahora es parte de algo mucho más grande que él y que toma el reto para demostrar lo que vale.

Si bien es cierto que Batman es el héroe sin poderes, su personalidad le ha instaurado al Caballero Oscuro un aura larger than life, alcanzando un estrato, influencia y temor ante sus enemigos que ni siquiera alguien con los poderes de un dios como Superman puede inspirar. Es por eso que Kyle se vuelve la representación del hombre común en el legendario equipo de superhéroes. Y lo hace muy bien, incluso teniendo un rol principal en la aclamada historia Rock of Ages, tal vez la mayor contribución de Morrison a este brillante proyecto. Verlo luchar junto a algunos de los personajes más icónicos de la historia de los cómics y aprender de ellos es una manera muy ingeniosa de ponerlo a tu favor; es una representación clara de lo que puede hacer y de lo que cada héroe significa para él (un tema que ya se había mostrado en una saga con Marz, en donde busca consejos de diversos héroes como Wonder Woman, Captain Marvel o Alan Scott, el primer Green Lantern que por esos años iba con el nombre de Sentinel).

El run con Judd Winnick a principios de este siglo es interesante porque se le da al personaje un giro notable al otorgarle los poderes de Ion, convirtiéndolo en uno de los seres más poderosos de todo el universo de DC. Por un tiempo las cosas van bien y Kyle contribuye a solventar muchos problemas en la galaxia, pero eventualmente tiene que tomar la decisión de renunciar a sus poderes y volver a ser un mortal o aceptarlos completamente y distanciarse de su humanidad. En un movimiento que es acorde al personaje que conocemos, utiliza toda la energía de Ion para revivir a los Green Lantern caídos durante el asalto de Hal, resucita a los Guardianes e instala una vez más la Batería Principal de Oa, devolviendo el título a un status quo que sentaría las bases de Rebirth.

Eventualmente Geoff Johns tomó el título y decidió reinventar la estructura de los Green Lanterns y su rol en el universo de DC, derivando en el mejor run de la historia de la franquicia. Una de sus primeras decisiones fue traer de vuelta a Hal Jordan tras poco más de una década sin ser el protagonista del título, resultando en que Kyle tuviera que dar un paso al costado en la miniserie Green Lantern: Rebirth de 2004.

En manos de otro escritor, Kyle probablemente hubiese sido perdido en el ostracismo de los cómics, como muchos otros personajes cuando la leyenda retoma su rol protagónico. Fue así con Johns; él sabe que Hal Jordan es su protagonista, pero mantiene a Kyle como un elemento esencial e influyente en la gran mayoría de sus grandes eventos.

Es gracias a Kyle que descubren que Jordan estuvo poseído por Parallax y es el único que cree en él para volver a ser quien una vez fue. Es Kyle el que es poseído por Parallax durante Sinestro Corps War y debe librar una lucha interna contra todos los temores y fracasos que ha tenido que afrontar como héroe –escrito por Marz, el número en donde confronta a Parallax en su mente tal vez sea mi favorito de toda la historia de Green Lantern-. Y finalmente Kyle es esencial en Blackest Night, liderando la carga para proteger Oa contra la armada de Black Lanterns, incluso dispuesto a dar su vida (aunque fuera por unos minutos) para frenar a toda la horda de muertos vivientes. Incluso mucho tiempo después de que Johns dejara el título, se ha mantenido como uno de los personajes más poderosos del universo de DC al dominar todos los anillos del espectro emocional, convirtiéndose en el White Lantern. Nada mal para alguien que tenía que dar un paso al costado.

Héroes y leyendas. Green Lantern: Rebirth #5. 2005. Johns, Van Sciver y Rollins.

Kyle Rayner es un personaje a la vieja usanza en tiempos que se han vuelto marcadamente cínicos. Después de todo, estamos hablando de alguien con aspiraciones de vivir como artista y que es un romántico empedernido, colocando su corazón en todo lo que hace; un personaje que transmite sinceridad y que siempre trata de ser una influencia positiva. Un personaje que ha tenido derrotas y que ha buscado aprender de ellas, tratando siempre de ser mejor. Toda su historia puede ser definida por la frase que le dice a su predecesor Hal Jordan en Green Lantern: Rebirth: “Solo trataba de ayudar.” Eso ha estado haciendo desde 1994. Por eso es mi Green Lantern favorito: es el triunfo del (super)héroe común.


Kevin Tanza (Judibana, Estado Falcón, Venezuela, 1994), licenciado en Contaduría Pública y escritor por vocación. Ha escrito sobre música, literatura, y fútbol en diferentes sitios web como MusikHolics, Chiesa di Totti, The Busby Babe, The Genre, MariskalRock y Colgados por el Fútbol. Aficionado del Heavy Metal, de la literatura, de los cómics, del fútbol y es un entusiasta del cine. En su tiempo libre escribe relatos y libros de ficción y le grita al televisor viendo al Manchester United.


[1] https://www.cbr.com/emerald-archive-ron-marz-answers-every-question-regarding-green-lantern/

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

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