Dibujar, borrar, dibujar. Entrevista a Jim Pluk

Dibujar, borrar, dibujar. Entrevista a Jim Pluk


Por Gerardo Vilches


Jim Pluk (Bucaramanga, 1984) es uno de los autores colombianos contemporáneos que ha sabido ganarse el respeto y renombre con obras como Pecas (Editorial Robot, 2012), Josefina (2013) y Canosa y los detestables humanos (Robot Negro, 2013). Aquí ofrecemos una entrevista que forma parte de la indagación que viene haciendo Gerardo Vilches respecto a la actualidad del cómic colombiano como fenómeno reciente y en plena construcción y expansión de temas, estilos y estrategias editoriales.


Jim Pluk. Fotografía de Carlos Pimiento.

GV: ¿Cómo empiezas a dibujar y a interesarte por el cómic?

JP: Desde pequeño dibujé, desde lo más remoto que recuerdo, con unos cuatro años. Siempre tuve cuadernos y libretas con dibujos. Y, desde muy pequeño, sentí mucha inclinación por la animación, concretamente la de Disney. Yo dibujaba poniendo en pausa las películas y copiando los fotogramas. También copiaba la serie de Supercampeones [Capitán Tsubasa, de Yōichi Takahashi], era muy fan. Hacía cómics con collage; mezclaba las historias de Supercampeones con recortes… Hoy sería algo muy contemporáneo. Cuando fui creciendo, me di cuenta de que yo podía crear mis propios personajes en lugar de copiar los de otros. Y entonces empecé, en el colegio con diez años, a crear personajes como el Hombre Pepinillo, cuyo enemigo era la mascota de las papas Pringles [risas].

En 2010 asistí a un taller de cómics en Medellín que impartía Joni B. [Joni Benjumea], y me mostró lo que estaba pasando en el cómic contemporáneo. Me sentí identificado con muchas de las cosas que dijo, y con muchos autores, y fue cuando empecé a ser más constante haciendo cómics. Empecé con un dibujo muy suelto, casi como si fueran bocetos. Cuando me acuesto, procuro tener cerca siempre una libreta de dibujo, de forma que muchos de esos primeros cómics salían a las tres de la mañana. Eran trazos superrápidos. Poco a poco fui dando a conocer mi trabajo por internet, y, después, Joni B. y Truchafrita [Álvaro Vélez] me propusieron publicar alguno de mis cómics en su fanzine, La Gacetilla Robot. Y, más adelante, ya en la Editorial Robot, publiqué mi primer libro, Pecas. Después vino Josefina, que fue un libro que salió en unos veinte días, un ejercicio muy rápido, basado en una situación personal. Quería, simplemente, soltarlo todo. Logré lo que quería, una catarsis.

Jim Pluk, Josefina. Madrid: Aristas Martínez, 2015.

GV: Me llama la atención que empieces a hacer cómics relativamente mayores, en 2010, con unos veintiséis años… ¿No eras lector de cómic, previamente?

JP: No, y, de hecho, desconozco muchos de los clásicos. Voy curioseando, mirando, pero, en realidad, no sé tanto de la historia del cómic como me gustaría. Aunque he investigado mucho sobre autores de anteriores generaciones, que han marcado la historia del cómic y me he encontrado con trabajos increíbles. Y, sobre todo, estoy mirando el panorama mundial de editoriales actuales y sus autores.

GV: Por lo que me han dicho otros autores, en Colombia es relativamente complicado encontrar cómics, ¿verdad?

JP: Sí, y costoso. Pero bueno, hay librerías grandes que están apostándole a la novela gráfica y autores contemporáneos y están trayendo estas publicaciones, pero claro, no podemos comparar el mercado con el Europeo o el Norteamericano.

GV: En tu caso, además, viviendo en una ciudad pequeña, lo tendrás más complicado aún…

JP: Pues, sorpresivamente, he encontrado cosas de Osamu Tezuka cerca de mi casa [risas]. Abrieron una librería hace un par de años a la que están llegando buenos cómics, pero muy costosos. Pero es chévere que estén llegando cosas que permitan saber a la gente de acá lo que está pasando en el cómic mundial. Y lo que pasó.

GV: ¿Has estudiado algo relacionado con el dibujo, o con el arte?

JP: Estudié diseño gráfico, pero he sido más bien autodidacta. Los profesores en la universidad nos decían lo que teníamos que hacer, pero no nos enseñaban el proceso. Eso es lo más interesante: uno va aprendiendo a partir del error, dibujando y borrando. Es lo mismo que me ha pasado con el cómic y con el muralismo.

Jim Pluk, Canosa y los detestables humanos. Barcelona: Dehavilland Ediciones, 2015.

GV: Para tu primer cómic, Pecas, ¿tenías algún referente nacional o internacional, alguien cuyo trabajo te inspirara?

JP: No, la verdad, en ese momento, no sabía mucho de cómics. Conocía el trabajo de Joni B. y Truchafrita, probablemente a través de Entreviñetas o de Daniel Jiménez Quiroz. Empiezo a conocer más a partir del taller de Joni B.

GV: ¿Qué puedes contarme de Pecas? No he podido leerlo, pero sé que usaste un estilo quizá más acabado que el que luego has practicado

JP: Es un libro álbum, en realidad. Lo había enviado a una convocatoria de libro ilustrado, pero no quedó seleccionado. Cuando me surgió la posibilidad de publicar con Robot, Daniel me sugirió que enviara algo acabado, si lo tenía. Y les ofrecí Pecas. Hicimos unos cambios muy leves en los textos, se añadieron un par de páginas, y listo: salió. El libro en principio es para niños, pero a mí no me gusta limitar así el público de mi trabajo. Creo que lo puede disfrutar cualquier persona.

GV: Poco después haces Rayito.

JP: Sí, Rayito surge de una historia autobiográfica que yo tenía escrita desde hacía muchos años, sobre un niño que se enamora de su profesora. Este sí es un poco más para niños, la verdad, es una historia muy dinámica. En 2012 o 2013 estuve en la feria del libro de Manizales, un evento muy importante en Colombia, para presentar Pecas. El director de la feria me dijo que le había encantado el libro y me propuso publicar algo nuevo con la editorial de la universidad de Caldas, que organiza la feria de Manizales. Yo le mostré la historia de Rayito, que le encantó, y salió adelante el proyecto.

GV: Es mismo año publicaste Josefina, que es un libro que me gusta mucho, y que, creo, es una catarsis. Aunque yo lo leí con una cierta ambigüedad, porque no sabía si todo era completamente autobiográfico.

JP: No, no todo lo es, cambié algunas cosas.

GV: Me gusta mucho de este cómic que es un tanto espinoso: estás mostrando tu punto de vista sobre una serie de cosas, pero, al mismo tiempo, da la sensación de que el otro personaje no se puede explicar, es siempre tu voz. Es un libro muy subjetivo.

JP: Sí… En principio, con este libro, yo quería practicar con el lápiz, hacer un libro muy suelto y rápido. En un principio los autoedité, unos sesenta ejemplares, que vendí en una gira por Colombia y Argentina. Luego llegó la editorial española Aristas Martínez, a través de Martín López Lam, y me propuso publicar Josefina profesionalmente, y así salió. Personalmente, a mí no me gusta tanto [risas].

GV: Supongo que, al contar cosas tan peliagudas, quizá cuesta…

JP: Sí, pues es  que es muy diferente a lo que estoy haciendo ahora. Miro y comparo los tipos de trazos y no me termina de convencer a nivel estético Josefina, es más por eso.  Aunque hay autores que hacen cosas muy diferentes entre sí. Recuerdo ir a una charla de Arne Bellstorf en Entreviñetas, y observé eso, que el libro que estaba presentando no tenía nada que ver con sus anteriores trabajos, y a la gente le llamaba la atención. Actualmente, yo también estoy haciendo cosas muy diferentes a Josefina, que fue un libro que dibujé con un lápiz 6B, muy graso, jugando con la mancha… Ahora hago cosas más limpias, con tinta, plumilla y rapidógrafo. Son procesos que se experimentan.

GV: Después de Josefina publicaste Canosa en 2013. En España se publicó un libro titulado Canosa y los detestables humanos (DeHavilland, 2015). No sé si contiene el mismo material…

JP: No. Canosa surge de una tira que comencé a hacer tras asistir al taller de Joni b. que te comentaba antes. La publicaba por internet, en Facebook. Era un personaje de una niña que había creado antes, y que fue evolucionando. En 2013 era una versión muy sencilla. Se publicó en primer lugar un compilado, en la editorial mexicana Gato Negro. Dos años más tarde saldría otro diferente con DeHavilland, con tiras en las que el personaje ya estaba más trabajado, menos crudo. Después he publicado La bienvenida de Canosa (2016), con la editorial de Chicago Perfectly Aceptable Press. Ha funcionado muy bien: he visto fotografías de gente como Annie Koyama o el director de Over the Garden Wall con el libro… Me escribe mucha gente para comentarme el libro: ha funcionado muy bien. Es una historia muy emotiva, y le hicimos una banda sonora, con unos amigos. La idea es que mientras lees el cómic, vaya sonando la música.

GV: ¿Siempre que se ha publicado tu trabajo fuera de Colombia, ha sido porque te han hecho una oferta, han ido a buscarte?

JP: Afortunadamente, sí.

GV: ¿Y qué crees que tiene este personaje para gustar en sitios tan diferentes?

JP: No tengo idea [risas]. Me gustaría saber… Pero me gusta que le guste a la gente. Hace poco, un amigo me dijo que mi trabajo era muy versátil porque me muevo entre el libro infantil y el cómic underground. Hace poco me han publicado unas páginas en un fanzine ultramarciano, pero, al mismo tiempo, estoy haciendo unos carteles para un taller de literatura infantil. No me gusta cohibirme, me gustan las dos tendencias. En el mundo del arte, además, hay que ser versátil. Me gusta ser universal, pero mezclar influencias de los dos ámbitos.

GV: También te dedicas a los murales, y has expuesto tu trabajo en algunas galerías. ¿Hasta qué punto hay vasos comunicantes entre este ámbito y tus cómics? Yo veo que te alejas un poco de lo que entendemos por cómic clásico: no utilizas muchas viñetas, a veces parece que no te ajustas al lenguaje del cómic exactamente.

JP: Eso es porque, hace unos años, estaba muy suelto… Hacía ese tipo de trabajos sin viñetas, o con viñetas imaginarias, por así decirlo. Pero creo que era una forma de experimentar y de tener libertad total. Yo estaba jugando. Actualmente creo que sí es más cómic lo que hago: hay viñetas trazadas con regla, realizo un guion más convencional, hago mi investigación… No sé si ha sido una evolución o una involución, pero así ha sido.

GV: Tienes un par de trabajos en coautoría; cuando un autor trabaja como tú, de una forma tan orgánica y tan libre, ¿cómo se ajusta al trabajo en colaboración?

JP: No me cuesta, no. Con Santiago Rodas, con quien he hecho Trampas tropicales (2015), fluye muy bien el trabajo. Con Óscar Pantoja hice Tumaco (2014), y con el editor de Rey Naranjo, me dijeron que les gustaba mucho el color digital que estaba haciendo, y que quería que la obra fuera silente, un poco en la línea de los libros de la editorial Mamut. Si desde el principio está claro lo que se quiere, todo es fácil. Con ellos, además, existe una amistad muy fuerte desde hace tiempo, de forma que uno sabe bien qué es lo que hace el otro. Eso lo hace más ameno. Si no conociera al escritor o al editor, llegar a un acuerdo a nivel estético puede tomar un poco más de tiempo.

GV: Me gustaría saber cómo ves la escena colombiana actualmente, desde tu posición, que, de alguna manera, es la de uno de los autores colombianos más conocidos fuera de Colombia, junto con Powerpaola.

JP: Yo siempre agradezco mucho a Entreviñetas por hacer lo que está haciendo. Porque, a lo largo de los años, han ido apoyando a muchos autores que están haciendo fanzines, y los han dado a conocer a nivel nacional. Incentiva a la gente que está curioseando en torno a los cómics. Para que lean cómics y para que los hagan. Eso es fundamental, porque así se quita la típica imagen de los superhéroes o de que el cómic es solo para niños. Hay multitud de gamas estéticas. A nivel de escena, creo que hay mucha gente con curiosidad, mucha gente nueva que está saliendo, que está ahora mismo en el proceso de crear una obra. No es tan fácil, como sabes, el proceso es lento… Pero hay muchos autores jóvenes que emplean todo tipo de técnicas. Me gusta mucho lo que hacen Joni B. y Truchafrita, siempre han estado ahí. Raquel y el fin del mundo, de Mariana Gil Ríos, me gustó mucho. Mariquismo Juvenil es un cómic digital en contra de la homofobia y los prejuicios… Me gusta porque está abriendo brecha en el público colombiano, muy conservador. También está Sindy Elefante Son diferentes estéticas, pero la finalidad es la misma: comunicar. Otros que también están haciendo un aporte importante para el cómic Colombiano desde diferentes ámbitos y técnicas, son Henry Díaz, Pablo Guerra, Luto Corps, Ana Mardoquea, Toxo, Lorena Alvarez, Manzano y Casetera, a quienes admiro bastante y que a pesar de que vienen de diferentes corrientes y épocas, siguen creyendo en la narrativa gráfica. Uno se mueven más en redes sociales, otros en publicaciones físicas y redes también.  Katiuska es otra autora que está haciendo cosas muy chéveres; ahora está en la Maison des Auteurs en Angoulême. También está Gusanillo, me gusta mucho su trazo rápido tipo francés. Inu Waters tiene cómics muy buenos y divertidos que recuerdan el contexto urbano colombiano.

GV: Yo he visto un patrón que se repite mucho: casi siempre hablamos de autores que no han leído muchos cómics, que llegan al medio ya mayores, desde otras disciplinas artísticas. Tú estudiaste diseño gráfico, Sindy Elefante estudió Arte, Cabizbaja viene también del diseño y la publicidad… Y os animáis a hacer cómics más mayores.

JP: Sí, eso me pasó, llegué al cómic por casualidad, un día que llegué a un taller de Joni B. y me informé de lo que estaba sucediendo en el panorama editorial mundial y a partir de ahí, inicie en forma a dibujar viñetas más constantemente, a investigar y a consumir cómics.

GV: ¿Qué posibilidades de crecer y de llegar a un público más amplio crees que tiene esta escena?

JP: Yo creo que las editoriales se están fijando mucho en este tipo de cómic contemporáneo, lo que mucha gente llama cómic alternativo o underground. La Silueta, por ejemplo, está apostando por el trabajo de Powerpaola e Inu Waters. Rey Naranjo y Cohete Cómics también está publicando mucha novela gráfica, e incluso están publicando cómics extranjeros en español. En realidad, el cómic en Colombia se ha manifestado desde hace muy poco. En Colombia es complicado, pero poco a poco se irá generando algo más sólido. Incluso están hay canales de YouTube como “Los cómics son buenos” que promueven  y destacan autores nacionales.

GV: La sensación que me dio tras visitar Colombia es que los autores formáis una comunidad muy unida, pero también que hay muchos vínculos con otros países latinoamericanos. ¿Tú sientes que hay una especie de red de autores y editores?

JP: Independientemente del tipo de cómic que hagas, ya sea superhéroes, manga, experimental, nos unen las ganas de dibujar. Y eso se nota mucho en la escena actual. La gente conoce el trabajo de los demás a través de las redes sociales y no hay tanta distancia. Es muy cordial, no hay inconveniente en el tipo de trabajo que hagas. Compartimos técnicas, links y es algo cooperativo. Nos ayudamos…Pues, por lo menos eso siento yo.

GV: Para terminar, ¿tienes algún proyecto nuevo entre manos, algún cómic que vayas a publicar dentro de poco?

JP: Estoy haciendo el guión de varios, lo que pasa es que estoy un poco bloqueado ahora mismo con el dibujo. He pasado una tendinitis, problemas de espalda… Ando de a poco retomando. Espero empezar a dibujar de nuevo, porque también tengo proyectos de carteles y murales. Me gusta mucho también, pero quiero encerrarme a hacer un cómic. Tú sabes que vivir del arte es cada vez más complicado, así que hay que ser persistente. Tengo algunos guiones sobre temática paranormal. Tengo un blog con unos amigos donde entrevistamos a gente, contamos las salidas de campo que hemos hecho… Me gusta mucho este tema.

GV: ¿Son experiencias relacionadas con la ufología?

JP: Sí, y con otras cuestiones, apariciones… Muchas cosas. Unas cosas que me han pasado a mí, otras a partir de testimonios cercanos, otras de investigaciones a partir de astrofísica, etc. La idea es retomar esto para una posible publicación. No sé si será de testimonios ilustrados, o diferentes historias sobre el tema, porque tengo bastantes. Pero todavía no hay nada fijo, aunque espero publicar un libro pronto en torno al tema.


Gerardo Vilches es licenciado en Historia y realiza su tesis doctoral sobre revistas satíricas de la transición. Escribe sobre cómics en su blog, The Watcher and the Tower, desde 2007. Colabora en Rockdelux, y ha publicado textos en la revista Quimera, en la antología de ensayos Radiografías de una explosión y en Panorama: la novela gráfica española hoy. También es autor de Anatomía de un oficinista japonés (Bang, 2012) y de Breve historia del cómic (Nowtilus, 2014). Ha participado en varios congresos, moderado mesas redondas y presentado novedades para diversas editoriales. Codirige CuCo, Cuadernos de cómic. En Entrecomics fue editor y publicó reseñas y artículos desde 2011 hasta 2016.

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

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