Todas Las Familias Son Psicóticas

Todas Las Familias Son Psicóticas


Sobre el Mister Miracle de Tom King y Mitch Gerads.

Por Santiago Sánchez Kutika


Mister Miracle, guionada por Tom King y dibujada y coloreada por Mitch Gerads, quienes ya habían colaborado en The sheriff of Babylon para el sello Vertigo, comenzó a publicarse en 2017 y culminó en 2018, luego de doce números. Ganadora de diversos premios de la industria, es, además, una de las series de superhéroes más aclamada por el público de los últimos años. King (a la par guionista de Batman, uno de los emblemas de DC) y Gerads desarrollan un universo plagado de referencias, deudor de Jack Kirby intentando, a su vez, alejarse de la fantasía y las peripecias constantes del mundo superheroico.

Scott Free es Mister Miracle, hijo de Highfather. Fue entregado a Darkseid de niño en un intercambio que realizaron los dos patriarcas de Apokolips y New Genesis (cuya contrapartida es Orion, hijo de Darkseid, entregado a Highfather). A pesar de su dura crianza, a manos de Granny Goodness, Scott pudo escapar de Apokolips junto a Big Barda, su compañera. En el presente de la historia, reside junto a ella en la Tierra. Además de su actividad heroica, realiza diversos actos de escapismo para ganarse la vida.

Pero este pasado oscuro no está superado por completo, y Mister Miracle no tarda ni un segundo en dejarlo en claro: en la segunda página del primer comic, Scott yace en el piso de su baño, con las muñecas cortadas. Ha intentado suicidarse. A lo largo de la serie, no existe una explicación certera del porqué de su acto. Más bien, persiste un trauma en el artista del escape. ¿Acaso intentaba escaparse de la muerte como un nuevo desafío, como atinan a opinar algunos personajes?

A pesar de que  luego vemos cómo Scott sobrevive, con la ayuda de Barda, quien lo encuentra y lo lleva al hospital, hay algo que no termina de cuadrar. Desde ese momento, la percepción de Mister Miracle se ve enrarecida: charla con personas que no están (como Oberon, cuya muerte Scott no puede, al menos en un principio, asumir) y ve cosas que no están ahí (como un cambio de color en los ojos de su compañera). En este sentido, uno podría preguntarse si en efecto sobrevivió a su suicidio, si tiene alguna condición psicológica que lo afecta o si es el mundo el que resulta dislocado.

La trama lo lleva a sus viejos mundos, New Genesis y Apokolips, en constante conflicto: Darkseid ha conseguido la ecuación Anti-Vida y es necesario detenerlo. La supervivencia de todo el universo está en juego, como siempre sucede en los mundos super heroicos. Pero en este punto aparece una diferencia en relación a otros títulos del género: el protagonista pelea como si se tratara de un trabajo con horarios que no quiere cumplir, y sin la seguridad de estar haciendo lo correcto. No cree ser el héroe de la historia. Duda y hasta se deja condenar en un juicio en el que sus palabras son usadas en su contra.

Aquí es donde entra un tópico de Tom King a la hora de encarar sus historias de superhéroes: la centralidad de los aspectos humanos y cotidianos de los mismos, tanto a nivel de las acciones como en los diálogos. Los personajes, más allá de sus poderes y sus capacidades extraordinarias, se comportan como cualquiera de nosotros: tienen que hacer las compras, cuidar a sus hijos, mudarse y hasta soportar el tránsito de las grandes ciudades. Esto implica un alejamiento de la fantasía, de la épica de los superhéroes al estilo Kirby. Aquí hay falencias, derrotas y un mar de dudas. Como la vida misma.

Pero esto no es todo, ya que, si en una primera capa, King y Gerads nos muestran un mundo cotidiano, ayudado por el estilo realista del dibujante, usan esa base para enrarecer la realidad de diferentes maneras. En primer lugar, existe de forma constante un trastocamiento de la imagen, una especie de glitch que muestra las grietas de la realidad. Por eso, por momentos leer Mister Miracle es una experiencia cercana a ver una película de David Lynch: tenemos la sensación de estar viendo una copia defectuosa de un VHS conseguido quién sabe dónde.

Otro elemento que King utiliza a lo largo de todos los números de la serie es una voz en off que presenta la situación y a los personajes, por lo general situada al comienzo y al final de los capítulos. Esta voz, en segunda persona, se dirige a los lectores y, a la vez que nos sumerge, también nos distancia. Es una voz sin cuerpo, sin personaje, es una especie de demiurgo presentador del estado de las cosas. Son fragmentos, además, del texto de la serie creada en los setenta por Jack Kirby, quien es una constante referencia en la obra: se trata de otra figura paterna en la que reflejarse, compararse y contra la que rebelarse.

El extrañamiento de la realidad cotidiana está relacionado con el punto de vista: constantemente nos balanceamos entre un foco más subjetivo (como cuando Scott ve diferentes caras en Orion) y uno que parecería ser más “objetivo”, que no es el de Mister Miracle, y que moldea todo lo que el protagonista percibe. Esta mezcla genera una sensación de inadecuación constante. Casi al final, luego de la muerte de Darkseid, una revelación de Metron, el inescrutable dios del conocimiento en la cosmogonía kirbiana, pone en duda si el universo que nos presenta Mister Miracle es el DC que conocemos y leemos. Metron revela una imagen con héroes del universo DC en una posición típica para retratar multitudes, corriendo hacia los lectores, mientras habla de un mundo diferente, quizás la continuidad actual de DC. En este punto, la paranoia asalta a los lectores: ¿dónde y cuándo se sitúa lo que estamos leyendo? Este juego de King y Gerads les permite centrarse en una historia más autoconclusiva que las series regulares del panorama mainstream. De ahí, quizás, el hecho que las muertes (aunque estemos hablando de dioses) en Mister Miracle, más allá de generar fantasmas que acompañan al protagonista, son permanentes. Y si hay algo que King y Gerads no escatiman son asesinatos y violencia, en un contexto de guerra interminable: aquí no hay resurrección inmediata, y tanto héroes como villanos mueren y el mundo prosigue para todos: los hijos suceden a los padres y todo continúa. Metron ofrece un camino alternativo, pero Scott no lo toma (o no puede hacerlo).

La familia ocupa un rol central en este escape de la negatividad. Es el ancla de Scott, aún más que los propios superhéroes que pululan en su mundo. Pese a sus problemas, y a lo catastrófico de la situación, el resto de los héroes de DC casi no aparece en la serie. Sólo en un momento se hacen presentes Blue Beetle y Booster Gold, sus viejos compañeros de la Liga de Justicia. Sin embargo, Beetle aparece sin su traje, y Booster lo cubre con una campera. El único aspecto que difiere de una posible reunión de amigos es la presencia de Skeets, el robot de Booster. Pero, además, sus compañeros no pueden ayudarlo en la disyuntiva que enfrenta: en una disyuntiva similar a la que enfrentó su propio padre, Scott tiene que decidir si dejar a Jacob – su hijo, que comparte el nombre de su padre ficcional, Jack “Jacob Kurtzberg” Kirby – al cuidado de Darkseid para culminar en la guerra o quedarse con él, pero arriesgar la destrucción de todo lo conocido. Los otros héroes no aparecen, salvo a través de merchandising: las diferentes remeras de Scott, los muñecos de Jacob… Los superhéroes de este mundo no pueden hacer nada. Ni siquiera los amigos más cercanos. El drama es individual: el conflicto mayor (la guerra contra Darkseid) se hace carne en un núcleo cerrado (el dilema sobre la entrega de Jacob), y es ahí cuando el protagonista reacciona con mayor fuerza. La única salvación para Mister Miracle está en la familia, el amor de Barda y de su hijo. Y es por ellxs que Scott arriesgará todo. En Jacob está el futuro, una plena potencialidad.

King y Gerads nos confrontan con un universo que, más allá de contener seres con habilidades especiales, se parece demasiado al nuestro. El trabajo de héroes y villanos, casi como una labor de oficina, es seguir con las luchas y guerras, con la salvación del mundo. Pero Mister Miracle a través de sus dudas, es consciente de eso.. Y toda la negatividad que existe en un principio (esas constantes viñetas que amenazan gráficamente la grilla de 9 cuadros con el mensaje: “Darkseid is”, repetido como un mantra negativo) y que es una causa probable del intento de suicidio en el primer número (¿es la muerte un escape a todo lo horrible de este mundo?) se transforma con el correr de los números. Existe un refugio constante en la familia, en los seres queridos: en la siempre presente figura de Big Barda, su esposa, compañera y salvadora y luego, en la de su hijo, Jacob. El horror no desaparece, continúa incrustado en el personaje (de ahí la recurrencia de los fantasmas de los muertos), pero es posible vivir con él. Es posible disfrutar más allá de la negatividad. Es posible, incluso, formar una familia. Scott Free, el hijo de los dioses, tiene una segunda oportunidad. Escapa a la muerte, cual Jesús, para seguir enfrentándose a ella durante toda la historia: se salva de una condena por traición impartida por Orion e incluso logra vencer a Darkseid, una personificación del mal y de la antivida. Scott duda, es falible, pero se levanta una y otra vez ante las adversidades. Para ser alguien que se gana la vida en el arte del escapismo, va bastante al frente. Pero, si bien el enrarecimiento desaparece casi por completo en el último capítulo, ya que se observa sólo en los fantasmas de los muertos que acechan a Scott, con los que, de alguna manera, logró hacer las paces o confrontar, el último cuadro nos hace dudar: ¿se puede escapar por completo?

Mister Miracle es un drama familiar inserto en la fantasía superheroica. Se pregunta sobre las posibilidades de corrernos de lo que el pasado y por sobre todo los padres han hecho de nosotros. De las problemáticas de dejar de ser hijo y pasar a ser padre; del pensamiento recurrente de no estar a la altura. De la progenie como un posible futuro mejor. Y de la familia (y, en menor medida, de la amistad) como únicos espacios salvadores en tiempos de oscuridad.


Santiago Sánchez Kutika es editor y guionista. Egresado de la Universidad del Cine y estudiante de la carrera de Artes en la UBA. Cofundador de la cooperativa editorial de historietas Hotel de las ideas, ha publicado, luego del casi obligado paso por el fanzine, guiones en revistas como Fierro (donde, además, colabora con el blog de la publicación) o Maten al Mensajero y en libros como Clítoris, Creer o reventar y De Once a Moreno. Ha escrito artículos sobre historieta para Página/12, Radar e Indie Hoy. Actualmente trabaja en el estudio de videojuegos Okam.

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

No hay posts relacionados

COMMENTS

  1. Mariano

    diciembre 27

    Muy bueno Santi. Abrazo!

Escribí un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Please Add Widget