Una Visión del Infierno: From Hell y la Psicogeografía (I)

Una Visión del Infierno: From Hell y la Psicogeografía (I)


Por Roberto Bartual


Psicogeografía y ciencia magufa

La psicogeografía, aparte de ser un término que podemos definir casi como nos venga en gana, es también uno de los temas o enfoques más recurrentes en la obra de Alan Moore desde principios de los años noventa. El propio autor de Northampton suele referirse a ello de manera explícita en sus entrevistas,[1] y su confesa admiración por Iain Sinclair, el escritor que más ha hecho por popularizar lo psicogeográfico durante los últimos cuarenta años,[2] les ha llevado a participar juntos en eventos públicos sobre algo que no sabemos si es ciencia, disciplina esotérica, corriente literaria o una actualización del viejo pasatiempo de “unir los puntos”, dotado de un cierto sentido revolucionario. Eso sí, mientras que en los libros de pasatiempos puede salir un pez o un avión; al unir los puntos en la obra de Moore y Sinclair, lo que sale son figuras bastante más inquietantes.

En From Hell, por ejemplo, era un bonito pentagrama. La escena es bien conocida: tras un agotador paseo por Londres con su cochero, Jack el Destripador señala sobre un mapa de Londres los lugares de resonancias místicas por los que han ido pasando a lo largo del día. Después, empieza a trazar líneas de un punto a otro desvelando alineaciones que, en principio, no eran aparentes. De Battle Bridge Place, el lugar donde murió la reina Boadicea (Boudicca), a St. Anne’s Limehouse, una de las infames iglesias de Nicholas Hawksmoor. De St. Anne a Earl’s Court, donde Belinos, el hijo del mítico rey Lud, tenía su pozo. De Earl’s Court a Albion Drive, donde los sajones asesinaron a Mani, la diosa luna teutona. A Jack no le tiembla el pulso al comprobar que todas estas líneas pasan, sin desviarse, por otros puntos intermedios de sangriento recuerdo en los que ha hecho parar al cochero a lo largo del paseo. Todos juntos forman un pentagrama. Entonces Jack le pide a su cochero, Netley, que haga las bisectrices del pentagrama. Él no tiene ni idea de lo que es una bisectriz, pero aunque lo hubiera sabido, no habría sido capaz de coger la regla. A punto de vomitar, se pone a correr como alma que lleva el diablo buscando la salida del edificio al que le ha llevado su amigo Jack. No necesita las matemáticas para intuir que el centro del pentagrama, allí donde se juntan las bisectrices, es precisamente el lugar adonde están, la catedral de St. Paul.

The A-Z Guide to London (1938). Este libro fue el callejero de referencia para Alan Moore a la hora de trazar las alineaciones del famoso pentagrama de From Hell

Todos los lugares que Jack ha estado visitando con su cochero a lo largo de la ruta del pentagrama tienen algo en común. De algún modo, simbolizan el triunfo de lo solar/masculino sobre lo lunar/femenino en la historia de la ciudad. Y al demostrarle que todos esos lugares están conectados por un dibujo invisible, lo que Jack trata de hacer es convencer a su cochero de que la misión que tienen que cumplir es inevitable: matar a cuatro prostitutas que chantajean a la Reina Victoria con revelar la identidad de la hija bastarda de Albert Victor, el Príncipe de Gales. Si el sometimiento de lo femenino está inscrito con sangre en el mapa de Londres, ¿quiénes son ellos para cuestionar la voluntad de la historia y de su representante terrena, la Reina de Inglaterra?

No hace falta ni decir que, al final de esta famosa escena, Jack consigue su propósito. Su juego de manos geométrico sirve, al menos, para dejar una impresión bastante duradera en la psique de Netley, el cual se convierte en su cómplice sin cuestionar la misión que les han encomendado. Guy Debord define la psicogeografía como“el estudio de las leyes precisas y los efectos específicos del entorno geográfico, tanto si estos están organizados de forma consciente como si no, en las emociones y el comportamiento de los individuos”.[3] Entonces el cuarto capítulo de From Hell, donde tiene lugar el famoso paseo de Jack y Netley, es uno de los ejemplos más claros de lo que los trucos psicogeográficos pueden hacer con el estado de ánimo de un individuo.

La información transforma el espacio y las emociones. Por ejemplo, pasar por delante de la iglesia de St. George-in-the-East puede no causar la menor impresión al viandante; pero si éste conoce los pormenores que rodearon los asesinatos de la Ratcliffe Highway, la impresión que causará el templo será completamente diferente. Estos brutales asesinatos, que incluyeron el de un bebé con el cráneo pulverizado de un mazazo, fueron cometidos por un tal John Williams en 1811 muy cerca de St. George-in-the-East. Cuando Williams, acorralado, se suicidó ahorcándose, los feligreses, no contentos con el final del asesino, decidieron sepultar su cadáver en el camposanto de esta misma iglesia, boca abajo y con una estaca clavada en el corazón, siguiendo la buena costumbre de enterrar a demonios y brujas cerca de un cruce de caminos para que sus malas energías queden dispersas por los cuatro costados.

Hay lugares que nos ponen los pelos de punta simplemente por su atmósfera, pero en otros, como St. George-in-the-East, donde el pasado ha quedado definitivamente bajo tierra, la atmósfera es algo construido a base de información. Los lugares y la información contenida en ellos, nos dice más o menos Debord, influyen en nuestra forma de pensar y en nuestro comportamiento. Pero no solo en Londres encontramos buenos ejemplos. En el madrileño Parque del Retiro, por ejemplo, hay una estatua dedicada al Ángel Caído que apenas si levanta miradas de extrañeza. Cientos de patinadores se deslizan todos los días por el asfalto que hay en torno a ella y, no obstante, se trata del único monumento público dedicado a Lucifer en toda Europa. Es posible que haya muchísimas más esculturas demoníacas en viviendas privadas, cada cual tiene sus gustos, pero ¿cuántas posibilidades tendríamos de encontrar otra a tan solo tres kilómetros de la del Retiro? Y, sin embargo, ahí está. Y a la vista de todos, también. En la plaza de San Miguel, el balcón de una azotea exhibe otra imagen del Ángel Caído. Una feliz casualidad, probablemente. Lo que no es casualidad es que la estatua del Retiro esté erigida sobre un cerro que se alza exactamente 666 metros sobre el nivel del mar.

Fuente del Ángel Caído (1885). Parque del Retiro, Madrid. Escultura de Ricardo Bellver. Pedetal de Francisco Jareño y Alarcón.

Está claro que cuanto más sabemos sobre los lugares, más afecta a nuestra percepción del espacio. Incluso aunque sea una inocente y conocida anécdota del callejero madrileño como ésta. Por eso, la noción de “lo psicogeográfico” no deja de ser una noción de perogrullo. Los símbolos afectan nuestra psique, claro. Pero esto ya ha venido siendo estudiando desde hace mucho tiempo por la astrología, la teología, el sincretismo, o desde un punto de vista más científico, la lingüística y la psicología. Así que,  ¿para qué necesitamos el término “psicogeografía” si ya existen muchísimas disciplinas que estudian los efectos del entorno en el comportamiento humano? La geografía a secas, para empezar; aunque Debord no se olvida de ella:

La geografía se ocupa de la acción determinante de las fuerzas generales de la naturaleza, tales como la composición de la tierra o las condiciones climatológicas, o la estructura económica de una sociedad y la correspondiente concepción que la sociedad tiene sobre el mundo[4]

Que se lo digan, si no, a los habitantes del llamado “triángulo de los suicidas”, un área comprendida entre los vértices de Alcalá La Real (Jaén), Priego de Córdoba e Iznájar (Córdoba), donde las tasas de suicidios triplican la media española y donde la forma más popular de quitarse la vida sigue siendo colgarse de un olivo.[5] Es un buen ejemplo de lo que decía Debord: la realidad climatológica de una región ha favorecido un sistema económico basado en el monocultivo. Esto es así, en parte, por las características del olivo, un árbol que al propagarse, favorece la desertización y el cultivo en grandes extensiones. Tenemos todos los ingredientes de un cóctel paralizante: precarización de la mano de obra asalariada en los latifundios, un clima agotador durante al menos la mitad del año y escasas expectativas de cambio en una región con una única manera de ganarse la vida. No hay pentagramas dibujados sobre las provincias de Jaén y Córdoba, sino una dura realidad impuesta por la geografía del lugar.

El mismo Debord aportaba otro ejemplo de la influencia de la geografía en el comportamiento de sus habitantes, aunque esta vez basado en el urbanismo:

La renovación urbana de París que hizo el Barón Hausmann durante el Segundo Imperio, por ejemplo, estaba motivada por el deseo de abrir vías lo suficientemente anchas para permitir la rápida circulación de tropas y el uso de la artillería en contra de posibles insurrecciones. […] Pero desde cualquier otro punto de vista que no sea el de facilitar el control policial, el París de Hausmann es una ciudad construida por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada[6]

En el urbanismo encontramos otros muchos buenos ejemplos sobre cómo los espacios habitables condicionan las emociones del individuo. La facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, por ejemplo, es un laberinto de pasillos y escaleras construidos con la única finalidad de encerrar en ellos a los estudiantes, con tan solo bloquear, en caso de ocupación o revuelta, las dos únicas puertas de acceso al edificio. El efecto arquitectónico buscado en la estructura de esta construcción puede haber perdido (o no) la finalidad que tenía originalmente, a principios de los años setenta, pero aunque esta finalidad no haya sido puesta en práctica por las fuerzas del orden durante la últimas décadas, todavía sigue influyendo subjetivamente en las personas que habitan ese espacio, aunque solo sea a la hora de hacer algo tan sencillo como buscar una clase o un departamento.

Las ciudades y los edificios donde vivimos afectan nuestra psique y nuestras emociones. ¿Por qué un lugar determinado nos transmite una sensación de inquietud que no es evidente a primera vista? La geografía y el urbanismo tienen su manera de responder a esta pregunta desde un punto de vista más o menos objetivo. Pero lo que la psicogeografía se propone estudiar- al menos la en su vertiente británica -, es la influencia que tienen en las emociones humanas, las disposiciones y alineaciones no tanto de elementos físicos como de hitos simbólicos.

En 1921, mucho antes de que Debord formulara sus bases para cuestionar la realidad urbana, un hombre llamado Alfred Watkins acuñó el término de difícil traducción “ley lines” para designar “líneas imaginarias que conectan lugares importantes como, por ejemplo, túmulos e iglesias, que podrían indicar la existencia de caminos muy antiguos”[7]. Watkins era un empresario local de la región de Herefordshire, y trabajaba como representante local de los negocios de su familia, entre ellos una destilería. Sus continuos desplazamientos por la zona hicieron que “desarrollara un interés por la historia local y por sus costumbres hasta que, con 65 años de edad, empezó a percibir el paisaje familiar como si estuviera cubierto por una vasta red de líneas rectas, que conectaban colinas, elevaciones y otros hitos geográficos”[8], como por ejemplo, “antiguos fosos, megalitos, iglesias, pozos, cruces, árboles legendarios, vías romanas, etc.”[9]. ¿Cuál era el propósito de estas antiquísimas líneas imaginarias? Aunque Watkins no lo defendió explícitamente, ahí estaba la idea de que estas líneas pudieran estar conectado lugares con particulares resonancias ocultas y místicas, lo cual hizo que su tratado The Old Straight Track[10]  fuera ampliamente rechazado en su momento de publicación. Lo cierto es que algunos de los trazados de “ley lines” que Watkins propone están un poco traídos por los pelos. La crítica más habitual a su libro es la siguiente: Inglaterra alberga tal cantidad de yacimientos neolíticos e hitos históricos que algunos de ellos son, por supuesto, susceptibles de formar algún tipo de patrón sugerente. Pero estos patrones, rectos o con la forma que uno quiera, se tratan más bien de una proyección de quien observa dichas formaciones, más que de alineaciones deliberadamente establecidas en el momento de su construcción[11].

Lo cierto es que la epifanía que llevó a Watkins a su teoría de las “ley lines” es, cuanto menos, sospechosa. Al parecer, cuando era todavía adolescente, durante sus viajes de un extremo al otro de la región como representante comercial de la destilería de su padre, se dio cuenta de que un lugar que conocía desde niño, las “Cuatro Piedras”, una agrupación de megalitos en la esquina de un campo, estaba alineada de forma peculiar con el Castillo de Tomen, en lo alto del camino del bosque de Radnor[12]. Pero claro, es evidente que dos lugares tomados al azar o de forma arbitraria, da igual, siempre estarán unidos por una línea recta. Si extendemos dicha línea indefinidamente es natural que, a lo largo de ella, vayamos a encontrar más hitos geográficos y formaciones. El que algunos de ellos nos resulten significativos y otros no dependerá de las expectativas y de los prejuicios mentales que nos hayamos formado previamente en función de las resonancias simbólicas de los dos primeros lugares que habíamos elegido.

Watkins, Alfred (1922) Early British Trackways, Hereford: The Watkins Meter, co., p. 76. Las ocho “ley lines” que, según Watkins, pasan por la Capilla de los Tres Tejos, cerca de Hay-on-Wye, en el País de Gales.

Siguiendo el ejemplo de los Ángeles Caídos en Madrid: si unimos ambas esculturas con una línea recta y les atribuimos un significado satánico que, en realidad, ninguna de ellas tiene en su origen, es bastante probable que en algún otro punto de la línea encontremos lugares que encajen también en nuestro esquema simbólico inicial. Si, por ejemplo, esta línea cruza, como de hecho hace, con el escenario donde Mateo Morral intentó acabar con las vidas del rey Alfonso XIII y la reina María Eugenia el día de su boda, es posible que este hito histórico confirme la idea que, de partida, nos habíamos formado al unir ambas estatuas de Lucifer. Sin embargo, esta línea pasa también por muchos otros puntos incompatibles con la idea de un rito sangriento, como por ejemplo, el Campo del Moro; de forma que nuestro ejercicio de “unir los puntos” sobre el mapa de la ciudad no tendrá mayor relevancia que el de trazar líneas de estrella a estrella para formar signos del zodiaco.

Hay que decir en defensa de Watkins que él nunca atribuyó un significado místico a las “ley lines”, ya que pensaba que estas supuestas alineaciones eran un vestigio de antiguas rutas comerciales. Sin embargo, el pensamiento new age sí le atribuyó el sentido de “líneas de energía” y, de hecho, las alineaciones y triangulaciones todavía siguen siendo un recurso importante en el contexto de la divulgación esotérica, sobre todo en el ámbito televisivo. Como ejemplo, un botón: El 7 de octubre de 2018, Íker Jiménez, el célebre divulgador del ocultismo ibérico “reveló” a su público la existencia de un extraño alineamiento entre la Cruz de los Caídos y la Basílica del Escorial, pasando por el monte Abantos, lugar donde surge la primera leyenda de la aparición de la “chica de la curva”, por no hablar de un buen número de apariciones marianas y avistamientos OVNI[13]. Aparte de sugerir que el extremo de dicha “ley line” bien pudiera acabar el bolsillo del propio Iker Jiménez, algunos seguidores de su programa de televisión Cuarto Milenio especularon también, a modo de burla, con la existencia de “una alineación entre Madrid y Kiev pasando por los Alpes”[14] o la idea de que “dada una recta R y un punto P exterior a ella, el número de rectas paralelas a R que pasan por P será tanto mayor cuanto más gordo dibujemos el punto”[15].

Vista actual de la Christ Church Spitalfields, Londres.

Y no es que la posible existencia de “ley lines” prehistóricas no haya sido tenida en cuenta desde puntos de vista más académicos. De hecho, un grupo de arqueólogos de la Universidad de Burgos y de la Universidad de Valladolid ha pasado años estudiando un extraño alineamiento de menhires que une las cimas del Sistema Cantábrico con los páramos calcáreos del noroeste de Burgos. Pero, al margen de corroborar que el trazado de monolitos discurre de norte a sur siguiendo una línea sinusoidal (pero no recta), la única explicación a la que ha llegado este grupo de investigadores es que los menhires podrían estar marcando los lugares más llanos o los cambios de cuenca, o tal vez podrían estar señalando ciertos lugares de tránsito o servir de frontera[16]. Los científicos aventuran teorías, no dan soluciones.

Nada que ver con la interpretación que hacía de estas mismas investigaciones Iker Jiménez en su programa de televisión. Que lo que están marcando estos los menhires burgaleses es una línea magnética invisible que, al parecer, seguían desde tiempo inmemorial manadas de lobos. Esta conclusión está, al parecer, basada en el artículo antes mencionado, pero en realidad, lo único que se dice en dicho artículo es que los menhires podrían indicar un “camino natural seguido por las manadas de grandes herbívoros en sus movimientos estacionales”[17]. Cómo los herbívoros han podido transformarse en lobos, o cómo los lobos han adquirido una dieta vegetariana, son los únicos misterios que hay en todo este asunto. Pero, claro, es mucho más interesante, desde el punto de vista dramático, hablar de lobos (animales que, al fin y al cabo, están presentes en nuestras leyendas rurales) que, evidentemente, hablar de una manada de vacas que siguen fuerzas invisibles ¿O no?

Alan Moore y Eddie Campbell.  From Hell, vol. 1, Barcelona, Planeta DeAgostini (2000). Los cadáveres de las cinco mujeres asesinadas por Jack el Destripador fueron abandonados a lo largo de un perímetro en torno a la iglesia de Christchurch Spitalfields, de Nicholas Hawksmoor.


[1] http://neverdances.blogspot.com/2013/05/alan.moore.html

[2] http://thequietus.com/articles/15462-alan-moore-interview-iain-sinclair

[3] Debord, Guy (1955) Introduction à une critique de la géographie urbaine, Les Lèvres Nues.

[4] Ibíd.

[5] https://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20160729/143736438_0.html

[6] Debord, Op. cit.

[7] Definición de “ley line” según el Cambridge Dictionary, https://dictionary.cambridge.org

[8] Coverley, Merlin (2010) Psychogeography, Harpenden: Pocket Essentials, pp. 51-52.

[9] Daniels, Stephen (2006) “Lines of Sight: Alfred Watkins, Photography and Topography in Early Twentieth-Century Britain”, en Tate Papers, #6, Otoño.

[10] Watkins, Alfred (1970 [1921]) The Old Straight Track, Londres: Abacus.

[11] Coverley, Merlin (2010) Op. cit., p. 53.

[12] Daniels, Op. cit.

[13] @navedelmisterio, 7 de octubre de 2018.

[14] @HdAnchiano, 10 de octubre de 2018.

[15] @CKD_Haven, 10 de octubre de 2018.

[16] Moreno Gallo, Miguel A. et al. (2012) “Nuevos datos sobre una alineación de menhires en el norte de Burgos: el yacimiento de Las Atalayas, en Avellanosa del Páramo (Burgos)”, en: Sautuola / XVI-XVII, Santander: Instituto de Prehistoria y Arqueología “Sautuola”, pp. 71 – 93.

[17] Ibid., p. 73.


Roberto Bartual (Alcobendas, 1976) es doctor por la Universidad Autónoma de Madrid, y profesor en la Universidad Europea de Madrid. Es co-autor de La Casa de Bernarda Alba Zombi y traductor. Actualmente colabora con el colectivo Dátil (Dramáticas aventuras) y Julián Almazán como guionista en varios proyectos relacionados con el cómic. Sus relatos pueden encontrarse en las antologías Ficciones y Prospectivas. Es editor y redactor de la sección de cómic de la revista Factor Crítico. Ha publicado los libros Narraciones Gráficas (Ediciones Marmotilla, 2014) y Jack Kirby, Una Odisea Psicodélica (Ediciones Marmotilla, 2019). 

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

COMMENTS

Escribí un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *