Una Visión del Infierno: From Hell y la Psicogeografía (II)

Una Visión del Infierno: From Hell y la Psicogeografía (II)


Por Roberto Bartual


Fuego y agujas

He soñado con Stamford Street, donde vivía con mi Billy antes de que me dejara. Yo andaba por el puente de Waterloo, por Embankment, y allí estaba ese monumento, el que parece una aguja [la aguja de Cleopatra]. Al lado de él estaba mi hermano. Murió quemado al estallar su lámpara de parafina hace dos años. Le llamé, pero empezó a arder, como cuando murió. Y yo no podía hacer nada. Abrazó la aguja, ¡y la aguja también se quemó! Esa piedra fría en llamas parecía tan extraña…Cuando me desperté, sabía que pasaría algo malo. Lo sabía.

Mary Ann “Polly” Nicholls, en: Moore, Alan y Campbell, Eddie (1994) From Hell, vol. 2, Northampton, Mad Love Publishing, capítulo 3, p. 12.

 

Esta vertiente mistérica o “magufa” de la psicogeografía situacionista, que originalmente tenía un enfoque más social, es la que da origen, en mayor medida, a la psicogeografía británica, a la cual se adscriben tanto Alan Moore como Iain Sinclair. Y para entender de dónde surge From Hell es importante hablar antes de Sinclair, y en concreto de su libro Calor de Lud (1975), cuya influencia fue decisiva de cara a la planificación de la novela gráfica sobre Jack el Destripador, y especialmente, de su tour en carruaje. Calor de Lud es una extraña mezcla de poema, diario y ensayo arquitectónico, que ha pasado a la posteridad como el hito fundacional de la psicogeografía británica,[1] y es también responsable del mito, o de la leyenda urbana, de que las iglesias que Nicholas Hawksmoor construyó en Londres están alineadas siguiendo un extraño patrón que inspiró tanto al asesino de la Ratcliffe Highway como a Jack el Destripador, dada la relevancia que tuvieron dos de sus templos, St. George-in-the-East y Christchurch, en el contexto en que se cometieron ambos crímenes.

Moore tomó esta idea de Sinclair, sumando a las iglesias de Hawksmoor otros puntos clave de la geografía londinense, cuyas energías, inscritas sobre el plano de la ciudad, le habrían “dicho” al Destripador lo que tenía que hacer con las prostitutas que le habían encomendado asesinar. Mirado de este modo, From Hell es una formulación extrema del presupuesto de la psicogeografía: el entorno no solo influye en las emociones y el comportamiento de un individuo, sino que además le conduce al asesinato de cinco mujeres. Visto de este modo, From Hell no deja de proponer una versión pop del planteamiento original de Sinclair, quien a pesar de su admiración por Moore, aún sigue opinando que el Bardo de Northampton “ha canibalizado ese material de manera un poco… cursi. Y tuvo un efecto mediático que sobrepasaba por completo el mensaje real de lo que decía”[2].

Lo cierto es que, desde la publicación de Calor de Lud en 1975, las ideas de Sinclair sufrieron un proceso de reciclado de forma que, con cada nueva encarnación, se fueron volviendo cada vez más populares hasta llegar a From Hell. En 1985, Peter Ackroyd publicó La sombra de Hawksmoor, una novela de inspiración noir en la que un detective investiga unos extraños asesinatos que están ocurriendo en torno a los templos de un tal Nicholas Dyer. Éste resulta ser una versión oscura de Hawksmoor, según descubre el policía, pues sus iglesias resultan ser el centro de rituales satánicos, los cuales incluyen, claro está, sacrificios humanos. La novela de Ackroyd proporcionó una versión de la psicogeografía encajada en un género reconocible, que además de obtener un gran éxito de público, allanó el camino, primero para From Hell, y luego, para El Código Da Vinci, obras de éxito aún mayor y con sus respectivas adaptaciones cinematográficas.

“En el inicio había un ermitaño, alguien insólito, realizando algún tipo de experimento interesante”, respondía Sinclair al pensar en la tremenda influencia que ha ejercido su pequeño libro sobre Hawksmoor, “y su experimento se ha ido copiando y re-copiando, y re-copiando, y re-copiando, y al final el libro de locura conspirativa que queda al final se acaba convirtiendo en un superventas. Porque ha vivido un proceso de sampleo a lo largo de varias generaciones”[3]. Y parece que, efectivamente, lo que ha quedado al final, aparte del éxito ajeno, es un persistente tufillo de conspiración en torno al arquitecto inglés. A día de hoy, no es extraño que diarios supuestamente serios como The Guardian llamen a Hawksmoor de todo menos bonito. “Arquitecto del diablo” es uno de los apelativos favoritos, pues al fin y al cabo, se trata del tipo que decidió situar sus iglesias sobre el plano de Londres de modo que éstas formaran algún tipo de código secreto[4].

¿Qué hay de cierto en todo esto? Nada, si nos atenemos a lo que dice Sinclair en Calor de Lud; un texto de psicogeografía hardcore que, en realidad, nos aclara bastante cuál es el sentido real que deberíamos darle a ese “unir los puntos” de la práctica psicogeográfica. Durante el verano de 1974, Iain Sinclair estuvo trabajando de jardinero para el Park Department de la ciudad de Londres y fue destinado al mantenimiento de los parques del East End, entre ellos, los espacios verdes de algunos de los templos de Hawksmoor; sobre todo, los de St. Anne de Limehouse: cortando el césped de todas esas iglesias de Hawksmoor, me di cuenta de que desde la cima de Greenwich Hill, justo en medio de las dos cúpulas del hospital de Greenwich, St Anne de Limehouse aparecía exactamente en medio. Exactamente[5].

Sinclair debió de recordar el libro de Watkins y sus reflexiones sobre un hecho curioso: que, en la campiña de Gales, numerosas iglesias se erigían en perfecta alineación con túmulos y colinas artificiales que databan del Neolítico. La teoría de Watkins era que los túmulos cumplían una doble función; por un lado, eran antiguos lugares de enterramiento cubiertos por tierra y hierba, pero también eran un sistema de guía para que los viajeros pudieran orientarse a simple vista desde los valles. Según él, habrían sido levantados a propósito, siguiendo un patrón rectilíneo para marcar rutas. ¿Cómo pudieron alinearlos de forma tan perfecta? Usando varas de medición a modo de primitivos instrumentos topográficos, los encargados de esta labor, habrían decidido dónde colocar el siguiente túmulo desde un lugar elevado que les permitiera una línea visual no entorpecida por los accidentes geográficos. De esta forma, un viajero podía encontrar su camino con tan solo seguir la línea de túmulos. Al menos Watkins aportaba pruebas bastante convincentes de ello al estudiar cómo están colocadas las colinas del Sur de Radnor.[6]

El caso es que, inspirado en las teorías de Watkins, Sinclair empezó a estudiar las alineaciones de las iglesias de Hawksmoor, que él percibió a simple vista desde la colina de Greenwich. Ayudado por el escultor Brian Catling, otro de los temporeros que se enroló, como él, en el Parks Department, para financiar sus actividades artísticas. Sinclair y Catling empezaron a tirar líneas sobre el mapa de Londres, uniendo los emplazamientos de las iglesias y otros puntos asociados, y llegaron a la conclusión de que si sigues esa idea de los alineamientos, empiezas a distinguir esa serie de geometrías urbanas, que sin duda tienen que ver con el poder político y cómo se visibiliza.

Hay que decir que lo que ambos vieron no tenía nada que ver con símbolos o rutas invisibles, como argumentaba Watkins; sino más bien con la ominosa presencia de los chapiteles de Hawksmoor irguiéndose, como agujas, sobre el cielo de Londres. Pero lo que hizo Hawksmoor al situar sus campanarios nada tuvo que ver con imprimir ningún símbolo secreto sobre el plano de Londres. Lo que hizo no fue más que seguir los preceptos de su mentor, Christopher Wren, quien opinaba que las iglesias londinenses deberían estar localizados en solares aislados, de modo que su visión no quedase obstaculizada por otros edificios. De este modo, los chapiteles de las iglesias podían funcionar como hitos sacros, visibles solo con mirar al horizonte y conectados por calles rectas[7].

La planificación rectilínea que Wren exigía a Londres, y que Hawksmoor desarrolló solo en parte, no quedaba muy lejos de la que el Barón Haussmann impondría más de un siglo después al mapa de París, con la diferencia de que, mientras el segundo necesitó demoler decenas de calles medievales de sinuoso trazado para llevar a cabo su plan urbanístico, Wren contaba con la ventaja de que el gran incendio de Londres de 1666 ya las había hecho desaparecer antes.

El resultado fue una obra incompleta que, sin embargo, dejó sobre el paisaje de Londres la persistente visión de un puñado de agujas que recordaban a sus ciudadanos, y en concreto a los del East End, a quién pertenecía realmente la ciudad. Y, a partir de ahí, Sinclair dio rienda suelta a su imaginación. Empezó a seguir los trazados descubiertos, fijándose, además, en otras cosas. Por ejemplo, que las iglesias de Hawksmoor exhibían extrañas particularidades de origen egipcio en sus detalles decorativos. Así pues, los parques adjuntos a Christchurch, St. Anne de Limehouse y St. George-in-the-East, tienen pirámides en miniatura cuya función se desconoce; por no mencionar la forma de obelisco que tienen las torres de prácticamente todos los campanarios de sus iglesias. En el caso de St. Anne, además, la  posición y la orientación con respecto del Támesis es muy similar a la que tenían los templos egipcios donde los reyes eran llevados en barca para la celebración de los ritos autópticos; es decir, para practicarles la autopsia: el vaciado ritual de entrañas y cerebro antes de ser embalsamados y conservados para la posteridad dentro de las pirámides[8].

Cuanto más las visitaba, más se le iban haciendo presentes a Sinclair los signos que remitían al sangriento pasado de algunos de los lugares donde las iglesias están situadas. Evisceraciones, ritos sacrificiales, cultos antiguos, la adoración a los dioses solares representada por los obeliscos. Recordemos que los obeliscos, además de recordar la forma de un puñal o del miembro masculino, son ante todo, y en primer lugar, relojes de sol: la sombra que arrojan va marcando la hora a lo largo del día. A esto hay que sumarle que el verano durante el cual Sinclair escribió su libro sobre Hawksmoor fue un verano especialmente caluroso que causó, entre los trabajadores del Park Department, todo tipo de insolaciones, fiebre del heno provocada por el exceso de polen e incluso un accidente laboral en el que uno de los compañeros de Sinclair, distraído por el calor, se amputó un dedo del pie con una cortadora de césped.

Lo que Sinclair acaba viendo en las iglesias de Hawksmoor es lo que él mismo siente bajo los efectos del entorno geográfico y atmosférico. Y, entonces, se revela el sentido que tienen, en verdad, las constantes referencias a los ritos de autopsia, un término que, en griego, significa literalmente “verse a uno mismo”. Lo que uno ve en las iglesias, en las colinas, en las alineaciones y en los símbolos no es ningún misterio oculto por la historia. Lo que uno se encuentra siempre bajo todas esas cosas es a sí mismo. Watkins veía en sus túmulos rutas comerciales porque él mismo era un viajante de comercio. El aficionado a lo sobrenatural, en cambio, verá tras una serie de alineaciones, sean fruto o no de la coincidencia, energías secretas y sombras fantasmales de otras épocas porque sueña con descubrir un misterio que le haga sentir especial. Sin embargo, lo que vio Sinclair bajo las ominosas estructuras de Hawksmoor fue tan solo un puñado de jardineros agobiados por símbolos de poder omnipresentes. Y para hablar sobre ello lo que hizo fue construir una nueva forma de hacer literatura en la que usaba la metáfora de lo Oculto como una forma de hablar del poder:

Para mí, lo Oculto nunca es algo literal, sino más bien se trata de una metáfora para hablar de los Años Thatcher. Nunca creí que Margaret Thatcher se recluyera en un sótano y empezara a trastear con sus pócimas y sus escobas, pero su cuerpo era como un contenedor de mala voluntad, un receptáculo de maldad. Así que para exagerar esto al escribir utilicé lo Oculto, del mismo modo que Stewart Home, cuando empezó el periódico de la London Psychogeographical Society, utilizaba una retórica de Falso Ocultismo, hablando de los sacrificios rituales que realizaba el Príncipe Carlos en lo más alto de Greenwich. Eso le daba una cierta energía a determinado tipo de escritura[9].

 

Mapa de Calor de Lud sobre Google Maps. Elaboración propia.

Interpretaciones demasiado literales de Calor de Lud han dado origen a la leyenda urbana de que Hawksmoor dispuso sus iglesias siguiendo el patrón de un pentagrama o del símbolo de Set, pues el propio Sinclair llega a mencionar en su libro estas posibilidades. Sin embargo, un simple vistazo al plano y a las alineaciones de las iglesias , demuestra que es imposible visualizar ningún patrón reconocible y mucho menos el símbolo de Set, dios egipcio que, en realidad, no está representado por ningún símbolo. “Otros dioses y diosas son representados con formas claramente identificables, pero no Set”, nos dicen Jonathan Meader y Barbara Demeter. “Tiene un hocico largo y, con frecuencia, puntiagudo, así como orejas largas y con la parte superior rectilínea. Se le ha tratado de identificar con muchos animales, sin embargo, ninguno de ellos parece encajar realmente con su descripción”[10]. Conveniente elección, por tanto, la de Sinclair, que juega al despiste constantemente con sus lectores para hacerles creer con firmeza en su metáfora de lo Oculto.

Pero lo Oculto no es más que una proyección de nuestra propia mente. Por eso, de la misma manera que, en From Hell, la primera mujer asesinada, Polly Nicholls, veía en sus sueños un Londres cubierto por agujas envueltas en fuego, una premonición de su muerte próxima, Calor de Lud constituye para Sinclair una visión del mismo tipo. Una visión que le anuncia lo que pasará con sus compañeros cuando él abandone el trabajo; ya que todos los que eran fijos habrán sido despedidos cuando él se incorpore una vez más, al año siguiente, para trabajar solo durante el verano[11]. En el Reino Unido se empieza a allanar el camino para la brutal privatización del sector público que dará comienzo cuando, en el año 79, Margaret Thatcher asuma el poder; Sinclair ya intuye signos ominosos a largo de sus paseos psicogeográficos del 75. No hay ningún pentagrama escrito en sangre bajo el suelo de Londres. No es necesario para atar a sus ciudadanos a la dinámica del poder y a sus febriles trabajos; bastan los edificios.

Alan Moore y Eddie Campbell.  From Hell, vol. 1, Barcelona: Planeta DeAgostini (2000), capítulo 4, p. 36


[1] Se puede dar a Calor de Lud este distintivo ya que, claramente, marcó el punto de partida para otros psicogeógrafos británicos como Stewart Home, Brian Catling o el mismo Alan Moore. Sin embargo, el honor de haber escrito el primer texto psicogeográfico ambientado en Londres le corresponde a Elizabeth O. Gordon, quien en 1925, propuso triangulaciones sobre el mapa de la ciudad en Prehistoric London, its Mounds and Circles, un libro con un rigor histórico no demasiado fiable, ya que, entre otras cosas, atribuye a Bruto, nieto de Eneas, el papel de fundador de Inglaterra.

[2] Amat, Kiko y Sinclair, Iain (2015) “Kiko Amat entrevista a Iain Sinclair”, en: https://kikoamat.wordpress.com/2015/08/24/kiko-amat-entrevista-a-iain-sinclair-la-charla-completa/

[3] Amat, Kiko y Sinclair, Iain (2015) Op. cit.

[4] En Rose, Steve (2006) “Don’t tell Dan Brown…”, en: The Guardian, 25-09-2006. https://www.theguardian.com/artanddesign/2006/sep/25/architecture

[5] Amat, Kiko y Sinclair, Iain (2015) Op. cit.

[6] Watkins, Alfred (1970 [1921]) The Old Straight Track, Londres: Abacus, p.8.

[7] Pennick, Nigel (2012) Sacred architecture of London, London: Aeon Books, p. 36.

[8] Joel, C. E. (1974) “Megalith to Pyramid”, en: New Diffusionist, julio de 1974, pp. 139-157.

[9] Amat, Kiko y Sinclair, Iain (2015) Op. cit.

[10] Meader, Jonathan y Demeter, Barbara (2015) Ancient Egyptian Symbols: 50 New Discoveries, Londres: Done Yesterday Press.

[11] Barberá, Adolfo (2016) “Calor de Lud: Una aproximación al oráculo”, en: Calor de Lud, Valencia, Fire Drill, p. 174.


Roberto Bartual (Alcobendas, 1976) es doctor por la Universidad Autónoma de Madrid, y profesor en la Universidad Europea de Madrid. Es co-autor de La Casa de Bernarda Alba Zombi y traductor. Actualmente colabora con el colectivo Dátil (Dramáticas aventuras) y Julián Almazán como guionista en varios proyectos relacionados con el cómic. Sus relatos pueden encontrarse en las antologías Ficciones y Prospectivas. Es editor y redactor de la sección de cómic de la revista Factor Crítico. Ha publicado los libros Narraciones Gráficas (Ediciones Marmotilla, 2014) y Jack Kirby, Una Odisea Psicodélica (Ediciones Marmotilla, 2019). 

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

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