Del amor y de la guerra. Entrevista a Sukermercado

Del amor y de la guerra. Entrevista a Sukermercado


Paula Suko (alias Sukermercado, Buenos Aires, 1994) es artista, animadora, dibujante e ilustradora. Desde hace algunos años, comenzó a producir historietas que juegan con el uso de los géneros narrativos y las perspectivas queers y feministas. Forma parte de colectivos como Línea Peluda, Secuencia Disidente y Telecomics – compilación de historias producida por lxs alumns del taller de Fernando Calvi -. Ha publicado La Sombra del Altiplano (Barro Editora, 2018) y Si me mojás me enciendo (Editorial La Pinta, 2018). Ha participado en la compilación Historieta LGBTI (EMR, 2017); de la muestra colectiva Deseo y Problemas, curada por Amadeo Gandolfo, en el Centro Cultural Recoleta (2018) y del festival Vamos las Pibas. Nos juntamos en un café de Villa Crespo a charlar sobre su trabajo, su visión de la historieta, los géneros narrativos y las contradicciones ideológicas que nos provocan, el movimiento feminista y el porno, entre otres. Sin más introducción, Sukermercado, autora de historietas.


AG: ¿Vos comenzaste haciendo historietas en el taller de Fernando Calvi?

S: En realidad ya hacía historietas de antes, en la adolescencia. Y más de chica también, lo hacía puertas para dentro. Cuando tendría unos 12 años, una amiga guionaba y yo hacía los dibujos en hojas A4. Pero yo no me animaba a hacer mis propios fanzines; pensaba que para hacer historietas tenías que armar un guion súper formal. Buscaba en Internet tutoriales para saber cómo hacerlo ¡y no entendía nada! Me hablaban del método Marvel y esas cosas y yo decía «¡¿Qué es esto?! ¡No voy a lograrlo nunca!» [risas]

Yo sentía que no sabía escribir, porque siempre dibujaba, entonces cuando lo intentaba no me salía o no me gustaba lo que hacía. Ahí es cuando lo contacté a Fernando [Calvi] por un taller de guion, pero no había cupos. Así que me inscribí al taller de historieta y ahí empecé a escribir más y a trabajar como autora integral. Una vez que la rueda estuvo aceitada, empezó a moverse y siguió sola. Acabo de terminar una historieta y ya estoy pensando en las próximas tres que quiero hacer.

AG: Veo que estás muy prolífica. Este año sacaste La sombra del Altpiplano (Barro, 2018) y Si me mojás me enciendo (La Pinta, 2018). ¿Estás trabajando en otra cosa?

S: Sí, hice esas dos trabajando con editoriales y después otras cosas más chicas, como participar en la muestra de [el festival de comix feminista] Vamos las Pibas. No pude publicar cosas autoeditadas… estuve trabajando en conjunto con otras personas, por ejemplo con Telecomics, que sale todos los años y esta vez me tocó editarlo a mí junto a un colega, Matías Mendoza. Estaba haciendo varias de esas cosas al mismo tiempo.

AG: Dijiste que hacías historieta antes de entrar al taller ¿Qué leías?

S: Siempre leí mucho manga, desde chica. Sakura, CLAMP, Chiho Saitō. Y también el animé, que es una gran influencia en mis historietas. Estudio animación, de hecho. Innegablemente, toda la pata cinematográfica y visual está ahí presente en lo que hago. También leía Asterix, Tintin, y después llegué a Maus y a partir de ahí me fui para cosas un poco más indies, como Tank Girl, porque con Marvel y DC no me hallaba. Y con lo francés tampoco, porque tienen esa cosa muy barroca y yo no soy barroca en el sentido de cómo laburo. El Incal también fue una historieta que leí y me encantó.

AG: Yo lo noté con La sombra del Altiplano, donde hay una influencia del manga en el sentido de la narración. Y también por la preocupación de que todo vaya rápido. Eso me gusta mucho de tus historietas, están pensadas para una narrativa ágil. 

PT: Yo también veo eso, en el manejo de las secuencias y en el uso de lo cinético. También porque vos usás un nivel de violencia importante y en eso los japoneses son maestros, con ese recurso de la sangre desparramada por todos lados.

S: Sí, leí mucho Berserk antes de hacer esa historieta. Ahí está la idea del manejo de la coreografía y de la violencia.

Sukermercado, La sombra del altiplano. Buenos Aires: Barro Editora, 2018.

 

AG: ¿Y de historieta argentina nada?

S: Sí, pero me pasó que llegué a la historieta argentina cuando empecé el taller de Fer [Calvi]. Cada tanto me compraba una Fierro, había cosas que me gustaban y otras que me parecían espantosas. Me gustaba lo de Calvi, lo de Lucas Varela, encontré algo de Gato Fernández, Ignacio Minaverry. Digamos, gente que tiene mucho más que ver con lo que hago yo. Pero fue con el taller y a través de las charlas que teníamos donde comencé a ir tímidamente a eventos y ahí se me vino el tsunami gigante de la historieta argentina encima. Antes de eso solo conocía lo más mainstream, como Liniers o Kioskerman, que me gustaba mucho porque era como Liniers pero distinto [risas]. De hecho, cuando me puse Sukermercado fue en parte por el pseudónimo Kioskerman, quería tener un pseudónimo medio así. Tenía 15 años cuando lo inventé. Mi apellido no tiene nada que ver con Suko, es porque en la secundaria me decían Suki y jugando con eso llegamos a Sukermercado por la banda Supermerk2. Y entre eso y Kioskerman, me parecía un nombre cool [risas]. Siento que tiene una carga sudaca que me gusta y que lo siento como identitario, si bien soy descendiente de italianos, estoy acá y vivo acá y mi coyuntura es ésta entonces me siento atravesada por Sudamérica. Si bien mis raíces vienen de otro lado, yo me identifico con éste lugar.

PT: Estaba pensando que para cuando volvió a salir la Fierro en 2006 vos tendrías 12 años.

S: Claro, yo veía eso y decía «¿Quiénes son todos estos señores?»

PT: Vos te metiste en la historieta sin tener ninguna relación con esa tradición.

S: A mí la tradición es algo que me chupa tanto un huevo…Cuando hablan de nombres y qué se yo, me pongo a mirar lo que hacen. Todo OK, pero estamos en 2018 y están pasando otras cosas. A mí me toca vivir en este momento, y si bien obviamente está bueno saber de dónde venimos y tener un mejor entendimiento del presente, de pronto salen esas notas diciendo que todo murió en el 2001. Señor, lo invito a que venga al Vamos las Pibas y vea todo lo que están haciendo esas pibas, con historieta porno y erótica, o la muestra que curaste vos, Amadeo ¡Somos varias! Y solo por mencionar a las mujeres, también hay hombres. Creo que tuve la suerte de poder entrar en este momento, en manada con otras mujeres, con las disidencias, en este terreno que a veces se sentía un poco más inhóspito siendo mujer, siendo bisexual. Hay gente pisando fuerte desde otra identidad, mucha gente ultra talentosa, y mucha más que recién está empezando. Gente más chica, que está experimentando con nuevas ideas, con nuevas cuestiones. Eso es atractivo y me hace estar cómoda.

Sukermercado, Si me mojás me enciendo. Buenos Aires: Editorial La Pinta, 2018.

PT: ¿Eso quiere decir que cuando vos empezaste no te sentías tan cómoda?

S: Cuando empecé, me di cuenta que justo estaba pasando todo esto. Cuando empecé el taller con Calvi, la única chica además de mí era Dani Arias. Me senté al lado de ella, empezamos a hablar y al toque nos hicimos amigas. Ella estaba con la movida de [el estudio] In bocca al lupo y fue con ellas que fui a mi primer Crack Bang Boom en 2016, medio como la «adoptada» ¡Yo no entendía nada! No conocía a nadie. Si me decían que estaba Juan Sáenz Valiente, yo no había leído nada de él, no lo conocía. O me la cruzaba a Sole Otero, y tampoco sabía quién era. Ahí fue cuando me zambullí y fue apareciendo todo esto. Creo que está relacionado con un contexto político y social actual, un momento súper fuerte del feminismo, donde las disidencias están trayendo muchos temas a la mesa, en una coyuntura política de una derecha en ascenso.

AG: Me interesa mucho eso que decís, porque yo noto que ha habido un quiebre muy grande desde el 2014 o 2015 para acá, en el sentido de la aparición de un montón de autores nuevos que son de tu generación o apenas un poquito más grandes. Y de pronto esa idea de una tradición que no existe más como nostalgia no está. Está bueno lo que decís, de la tradición como algo a conocer pero que no tiene que dictaminar nada. Eso es lo que siento que filosóficamente dice Calvi, en general. Te puede gustar la basura lo mismo que lo genial.

S: Y que está buenísimo y que es un lugar de donde aprender, preguntando cosas. Si yo le preguntaba si algo estaba bien o no, él más bien me llevaba a preguntarme por qué estaría bien o no hacer eso. Que no fuera por capricho o porque sí, pero no había un límite sobre qué hacer o qué no. La historieta es un lenguaje y está para experimentar. Creo que todavía hay gente que se pone a discutir a ver si hay que entintar con plumín o con una microfibra…


«A mí la tradición es algo que me chupa tanto un huevo…Cuando hablan de nombres y qué se yo, me pongo a mirar lo que hacen. Todo OK, pero estamos en 2018 y están pasando otras cosas»


PT: Los dogmas.

S: Claro, los dogmas. A mí no me interesan.

AG: En La sombra del Altiplano hay mucho de películas clase B, gore, películas malas de los 80s; con un mensaje feminista. ¿Cómo trabajaste para apropiarte de esos géneros tan masculinos y contar una historia tan femenina?

S: Desde muy chica me gustan las historias de acción, me gustan las historias de héroes, de peleas, de ir a cagarse a piñas. Por eso me gustaba Sakura, Sailor Moon, Mulan…eran historias que no se centraban en una cosa del día a día, sino que eran heroínas. Y me empezó mucho a gustar la acción violenta, cosas más gore, más sacadas. Tipo Kill Bill, con la VENGANZA que es tener esa cosa ahí atragantada en la garganta, y te la querés sacar.

Hubo una época en que iba mucho al [festival de cine] Rojo Sangre; me baja películas japonesas re truchas, llenas de chorros de sangre. En el manga y el animé también, consumí mucho eso, sobre todo lo japonés. Cuando hice La sombra  no estaba pensando en poner todo eso. El personaje de Juana surge de una entrevista que Santiago del Moro le hace a una mujer salteña. Él le preguntó «Vos que sos inmigrante ¿cómo te sentís?». Y la salteña le contestó «No, yo soy argentina. Vos te pensás que los argentinos son ustedes, pero se olvidan que los argentinos también somos kolla». Del Moro se quedó congelado. Yo vi eso e hice el dibujo de una niña kolla con unos machetes. Me dijeron de hacer algo con eso, y casi se hace un corto. No lo hicimos porque tenía que animarlo todo yo solo y era como NO. También había visto una obra de teatro, La Fiera, de Martín Tenconi Blanco. Es un unipersonal sobre una piba que está poseída por el espíritu de un yaguareté, y va a rescatar a su hermana o a una amiga – ahora no me acuerdo – de un prostíbulo. Por momentos rapea, tiene esa mezcla de elementos más modernos con una cuestión muy folklórica, porque está la tradición en la historia del yaguareté que sale a degollar chabones. Durante las escenas de acción estaba mirando Devilman Crybaby. Todo eso se fue mezclando y después reestructuré la historia para adaptarla a las 40 páginas que de daban los chicos de [la editorial] Barro.

Sukermercado, La sombra del altiplano. Buenos Aires: Barro Editora, 2018.

AG: ¿Vos primero escribís el guion o lo dibujás?

S: Sí, lo escribo. Al principio me costaba, pero me gusta. Hay algo que me hace sentir… ¿completa? Y que le estoy prestando a atención a las cosas correctas en cada momento. Eso me lo dijo Calvi: «vos cuando escribís no estás pensando en lo que te va a ser fácil de dibujar». Está bueno el ejercicio de escribir, de dar rienda suelta y saber crear un argumento. Trabajar los personajes, los diálogos, la estructura, que empiece y termine y no te quede todo hecho un moco. Eso no quiere decir que me salga bien porque todavía estoy empezando. Pero la idea es esa: entrenar un poco más la estructuración, porque cuando no escribía se me escapaban cosas. Para una historia larga es necesario para ir entendiendo desde la escritura lo que hay que hacer.

AG: ¿Te ves haciendo algo más largo? Una serie continuada, con personajes.

PT: O si vas a continuar La sombra…

S: En algún momento lo voy a seguir, sí. Tengo que decidir bien cómo hacer, porque lo pensé como esto y quedó así cerrado.[1] Nace una heroína o una antiheroína, pero tengo que ver cómo hago para no repetir lo mismo. Ahora estoy trabajando en algo más largo, una novela. También me pasa eso que suele pasar cuando empezás a hacer historieta, y es que todos tenemos esa idea de la épica, 250 mil páginas, con esos personajes que hay que amar…Y después fue más bien ir paso a paso, empezando con los fanzines. Seguí con la historieta para [el compilado de historias Historieta] LGBTI (EMR, 2017). Cuando me aceptaron esa historia, ya me animé a hacer algo más largo y que funcione. Entonces hice La sombra y Si me mojás me enciendo y ahora ¡quiero más! [risas] Quiero desarrollar personajes, muchos personajes. Me quedaron ganas de contar más, una historia de mayor longitud. Tengo mucho para decir y nunca me alcanza el espacio, entonces en un formato novela puedo hacerlo.


«Está bueno el ejercicio de escribir, de dar rienda suelta y saber crear un argumento. Trabajar los personajes, los diálogos, la estructura, que empiece y termine y no te quede todo hecho un moco. Eso no quiere decir que me salga bien porque todavía estoy empezando»


AG: Tu trabajo me hace acordar a esto sobre lo que hablábamos, el manga, pero también al indie norteamericano tipo Usagi Yojimbo, algo que empieza con machaca y termina yéndose al lado más complejo, poético. También Love&Rockets, cosas así. 

S: Justo estoy leyendo Head Lopper y arranca así, con una súper pelea contra un bicho que termina y se empiezan a desarrollar ciertas cosas.

PT: Es cierto que vos usás ese gore violento como catarsis, que es lo que gusta, que el personaje vengador sea vehículo de nuestros propios deseos de venganza, de nuestros resentimientos y partes más oscuras. Pero también hacés una advertencia: cuando te entregás al rojo, no hay vuelta atrás. Y la protagonista, que es como ese avatar de la venganza contra el patriarcado, lo hace a costa de su propia humanidad. Pensaba en que vivimos en un momento de refuerzo del discurso sobre la justicia por mano propia, muy capitalizado por la derecha. Y al mismo tiempo la misma derecha genera violencia. Esto es algo que siempre me pregunto, y es ¿qué papel tiene la violencia en el cambio político? ¿Hasta qué punto se puede tener un cambio radical sin que no haya violencia?

S: Estamos en un momento recontra delicado en ese sentido. Yo tampoco estoy parada en un lugar muy fijo. Pensaba que estaba en un lugar y vino el mundo, me pegó cinco cachetadas y me di cuenta que tenía que repensar todo, todo el tiempo. La sombra fue una descarga de mucho odio, de mucha bronca acumulada contra un sistema opresor. Pero también es entender que si te entregás a eso, construir solo desde el odio es condenarte. La contracara fue hacer una porno del amor, una porno tierna [risas].

PT: Eso está muy bien, porque el porno cumple un rol pedagógico en el sentido que te enseña cómo funciona el sexo mecánicamente pero la esfera de los afectos está completamente afuera. Nunca aparecen las consecuencias de tener relaciones con alguien, el porno no se encarga de eso.

S: Yo acabo de terminar un taller donde vimos la historia del porno.Es muy amplio, muy basto y hoy en día es prácticamente inabarcable. Pero también está esa cuestión del maltrato y objetificación en el mainstream que implantan los 70s, donde se imponen las reglas normadas y machistas del deseo. Me estuve documentando para Si me mojás, es raro hablar de porno como material que se ve analíticamente. Mis amigos me cargaban cuando iban a mi casa: «Entro a tu cuarto y ya me acostumbré a que tengas una foto de un culo en la pantalla». Y sí, lo siento, ¡hay que documentarse! [risas] Es la verdad, tuve que mirar fotos de conchas porque no basta con saber cómo es la tuya o las pijas que conociste, o cómo es el cuerpo de una gorda. Tengo que saber cómo cae un pliegue, una teta, o cómo es una teta hormonada de una trans. No lo sé, por eso tengo que buscar, preguntarle a la gente trans que conozco dónde mirar, algo que esté bueno, donde haya cuerpos reales que no estén estetizados o normados hacia un lugar mainstream.

Sukermercado, Si me mojás me enciendo. Buenos Aires: Editorial La Pinta, 2018.

PT: Me parece muy interesante lo de los porn studies. Al mismo tiempo pienso que al tomar distancia analítica, al porno lo estás matando.

AG: Un amigo una vez me dijo «no se hace porno para que alguien no se toque viéndolo». Cualquier porno, hasta el más enfermo, tiene su público.

PT: Eso es lo fascinante. El porno es un Aleph de todos los deseos sexuales posibles que son infinitos. Algunos nos producen rechazo pero al mismo tiempo existen. Como dice Amadeo, eso no está hecho para nadie. Incluso, podés encontrarte con cosas que te enfrentan con tu propio deseo desconocido, con cosas que uno nunca hubiera pensado que podían llegar a gustarle y de pronto te gustan. Se producen conflictos internos…

S: Yo supe que más o menos había hecho las cosas bien cuando en el último Dibujados vino un colega que se lo compró y me dijo «Leyendo lo tuyo me calentaron cosas que no sabía que me calentaban». Ahí fue como «¡Sí, ya gané!» [risas] Que alguien se pregunte algo es lo que más me interesa a mí. No me interesa tirar verdades.

En La sombra está claro que la piba va a hacer mierda a todos, pero sepamos que ella también va a quedar hecha mierda. Yo amo al personaje, a esa Juana que es una niña, pero ese cuerpo y esa identidad van a quedar con un montón de cuestiones arraigadas que son súper dolorosas.


«La sombra fue una descarga de mucho odio, de mucha bronca acumulada contra un sistema opresor. Pero también es entender que si te entregás a eso, construir solo desde el odio es condenarte. La contracara fue hacer una porno del amor, una porno tierna»


PT: Hay un cuadro en particular, un zoom a una herida, que es muy similar a una vagina sangrando. Sacado de contexto podría ser la imagen de una menstruación o algo traumático.

S: Es muy gracioso que me digas eso, porque el martes lo leímos en el taller de Calvi. Sentí que había pasado algo de tiempo y podíamos hacer una lectura crítica; revisar la historieta a ver qué cosas había pifiado, qué cosas pueden mejorarse. Estábamos mirando esa página y él me dijo «¿Vos te diste cuenta que esto parece una concha, no?» ¡Yo no me había dado cuenta! [risas] Pero ya está, en la diégesis de la narrativa funciona porque esa niña ya no va a ser más una niña, porque abandonó una parte de su humanidad.

AG: Eso también está buenísimo, más allá de planear lo que va a pasar con el guion, que de pronto suceda algo casual que permite otra lectura. Te quería preguntar sobre tus trabajos porno: el primero que vi fue aquel que expusiste en el Centro Cultural Recoleta [para la muestra Deseo y Problemas], y me gustó un montón. Era algo que nunca había visto, de seguro no en historieta y tampoco en porno mainstream. Cuando vos hacés cosas como esas ¿pensás en tu propio deseo? ¿O en el deseo de gente que conocés? ¿Cómo elegís qué cosas mostrar pornográficamente?

S: Lo que hice fue tomar a la misma protagonista de la historia de la muestra, porque me encantaba. En esta historia muestro un lado más débil de ella. Hay una estructura de historia romántica con una estructura porno: ella se garcha a todo el mundo, pero se encuentra con un chico trans que le gusta y se pone nerviosa, se vuelve torpe, se lo encuentra cuando está en pijama yendo a comprar al supermercado chino. Le pasan cosas así.

Lo hice desde un deseo propio, porque sentía que si no lo hacía desde ese lugar no iba a ser sincera. Creo que lo personal es político, como creo que lo personal está lleno de fallas que van en contra muchas veces de lo una puede creer. Tampoco hay que castigarse por no cumplir instantáneamente con este modelo de deconstrucción que estamos creando, porque cada quien tiene sus propios tiempos y sus propios caminos. En la historia porno había muchas cuestiones mías, pero desde un lugar sensible. Hay una historia paralela de una piba que tiene un novio violento, no tiene demasiado protagonismo, pero está porque también quiero hablar de eso ¿Qué paso cuando uno ve que eso le está pasando a un amiga o a un amigo o un amigue? ¿Cómo decirle que se dé cuenta que eso no le conviene? Elegí hacerlo desde el lugar más sincero posible. Porque soy mujer y por cómo nos crían a las mujeres, había cosas que hasta hace pocos años yo creía que eran la norma. Por ejemplo, que un compañero sexual te negociara el uso del preservativo. Yo pensaba que eso era normal y que iba que tener que aprender a bancármela. Pero eso no debería ser lo normal. O que el placer propio en el encuentro con un varón no esté considerado, que viene de la educación porno. El tipo acaba y ahí se termina la escena ¿y por qué? Si es de a dos…o más [risas] Te enseñan que es así y ya, por eso el trabajo es comunitario para ir tirando abajo esas cuestiones, pasándonos la data y educándonos entre nosotres. Después si alguien lee otra cosa, pasa porque la obra ya no es más mía. Al mismo tiempo, yo me hago cargo de lo que hice, pero no puedo evitar que alguien lea algo que yo no quería que se leyera. Prefiero que pase eso a que no haya obra.

Sukermercado, Si me mojás me enciendo. Buenos Aires: Editorial La Pinta, 2018.

AG: Yo quería preguntarte sobre tu estilo de dibujo. En La sombra está en blanco y negro, la historieta para la muestra usaba colores muy fluo; la que hiciste para LGBTI usaba tonos más pastel ¿Cómo elegís los materiales? Sobre todo para tu trabajo con el color.

S: Yo soy insoportable y me aburro muy rápido, entonces cambio las técnicas para no repetirme. Me gusta jugar con los extremos dentro de lo que puedo manejar; que sea algo fresco y que me entusiasme. De manera tradicional, me gusta laburar con marcadores. La pintura me cuesta, alguna vez intenté usar acuarelas o tinta aguada, pero me quedaba muy empastado, no lograba generar contraste. Así que lo dejé atrás. Y después, al digital lo hago con Photoshop y jugar con el RGB y la saturación. Aprovechar esa posibilidad que te da la pantalla, porque a veces me gusta que las cosas exploten en tu cara.

AG: Yo sospecho que ese uso del fluo tiene algo que ver con la animación.

S: Y con el cyberpunk, que siempre me gustó mucho. Akira, Ghost in the shell, Alita, Brazil de Terry Gilliam, Blade Runner. También creo que tiene que ver con ser porteña y haberme criado en el centro. Siempre caminé mucho sola la ciudad de noche, con esas luces que se te vienen a la cara, esa cosa un poco agresiva. Como tengo ese gen porteño me aburro rápido y siempre estoy corriendo a mil. Pero es lo que me hace ser yo y lo que me interesa estéticamente: la ciudad algo nihilista y derrotista, el no future, la decadencia con su estetización de la basura. De día la ciudad es gris y sucia, pero a la noche, de repente aparecen las luces y colores, cosas que pasan, ruidos, flashes. Hay algo en esa estimulación que me copa. Es una relación amor/odio.


«Creo que lo personal es político, como creo que lo personal está lleno de fallas que van en contra muchas veces de lo una puede creer»


AG: Como lector también siento que hay un diálogo con la música en tus cómics. ¿Hay algún rol que cumplan los ritmos en tus historietas?

S: Sí, soy una freak de la música. De hecho, antes de meterme más en la historieta, laburé mucho con músicos. Hacía visuales en vivo, improvisando sobre un lienzo gigante mientras tocaban. Se lo copié a Liniers, vi eso y dije «¡Yo también lo quiero hacer!» [risas] Además necesito estar escuchando música siempre cuando trabajo. Cuando me juntaba más con músicos conocí muchos antros indies de la ciudad; era el reviente, las bandas punk tocando en lugares donde vuelan botellas y se te parten al lado tuyo contra la pared. Eso también me volvió la persona que soy ahora. La música tiene mucho que ver a la hora de escribir y de dibujar, no puedo escuchar cualquier cosa para hacerlo. Mientras hacía La sombra escuchaba la banda sonora de Devilman, que es muy agresiva, una especie de synthwave violento.Y para la porno, ponía neoperreo, trap, cosas más sensuales, un poco más misteriosas o sucias. La música tiene mucho que ver con la identidad de los proyectos en los que me meto.

Sukermercado, Si me mojás me enciendo. Buenos Aires: Editorial La Pinta, 2018.

PT: Dado que estás en un circuito del que formás parte, y donde hay más mujeres que nunca haciendo historieta, ¿Cómo pensás la relación entre ese lenguaje y ese medio y el feminismo?

S: Yo creo que tiene que ver con que las personas que producimos ficciones y contenidos tenemos una responsabilidad. Toda mi vida noté cierta centralización en cierto tipo de protagonismos, esos que no pasan el test de Bechdel ¡No lo pasa nadie! Tiene que ver sobre todo con la representación. Hay voces que van a venir de otros lugares y entonces no se va a poder evitar que traigan otras narrativas. Hablan de otras realidades, hay privilegios que no tienen; entonces hay cosas que se ponen en la mesa que no sé si necesariamente las pensamos desde cierta teorización feminista, sino que tiene que ver con ser honestes con lo que estamos contando, hablando desde nosotres. Inevitablemente eso va a quedar atravesado por un lugar que se puede leer como feminista y que es algo con lo que yo no tengo problema porque me identifico como feminista. Lo que hice, lo hice porque yo necesitaba contarlo para que eso existiera, antes que plantearlo como algo feminista. Creo que es algo que está pasando mucho con la producción actual: se necesita hacer que existan historias porque no se las encuentra. Es lo que hizo Luciano Vecchio con Sereno: él quería un superhéroe abiertamente queer, entonces lo tuvo que crear. A mí me hubiese encantado leer lo que hice cuando tenía 16 años, cuando miraba gore y estaba obsesionada con ese registro ultraviolento. Al final tenía que decir: «está buenísima, pero es re machista». Entonces también se trata de eso, de explorar géneros y registros desde otro lugar y poner en disputa ese lugar, como el porno también. Si lo hago yo, que soy mujer y bisexual, inevitablemente va a tener otro registro porque vivo y he vivido otras realidades.

AG: ¿Vos notás que hay una retroalimentación? ¿Que esos nuevos lectores aparecen y te agradecen que existan tus historietas?

S: Sí, me pasa. A veces me escribe gente que no conozco para decirme que leyó alguna de mis historietas o que quieren conseguirlas. Lo que más me conmueve es cuando es gente más chica y disidente. Me gusta la idea de poder estar para la gente que está comenzando a hacer historieta, que si tienen dudas me puedan pedir ayuda. Para mí, que alguien me confíe lo que está haciendo es un regalo, son las cosas que te cargan la batería en esos días donde sentís que lo que estás haciendo no vale la pena, que sos banal. Y ahí te das cuenta que hay que seguir haciendo cosas porque valen la pena.


[1] En los meses siguiente a entre entrevista, Sukermercado comenzó a trabajar en nuevas historias de La Sombra del Altiplano.

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

COMMENTS

  1. Muy buena nota, felicitaciones a la compañera Sukermercado por sus interesantísimos trabajos.

    No sé quién anda diciendo que todo murió en el 2001, para mí es al contrario: es todo mucho más rico y complejo ahora! Hay mucha más gente de todos los rumbos de la vida haciendo historieta ahora, se van borrando por fin esas categorías pelotudas de «historieta» e «historieta femenina», y desde ya que las condiciones de edición son mucho mejores ahora que en los ’90s. Mucha gente dice «la vieja Fierro esto, la vieja Fierro lo otro», pero los gustos personales de cada cual no niegan el hecho de que el panorama historietil de ahora es mucho más dinámico.

    No, no soy un robot.

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