Historieta anal: cuando el cómic nos abre el culo (y nos gusta)

Historieta anal: cuando el cómic nos abre el culo (y nos gusta)


Por Facu Saxe


Confiar en la propia escritura es un acto revolucionario que atenta contra siglos de saqueo y aniquilación de la lengua. Porque para romper con el consenso del miedo y de la obediencia hay que romper los pactos de escritura.

val flores, El tiempo corporal de la confianza

Este texto busca proponer un modo de lectura sexo-disidente de historietas: que, en este aquí y ahora, quiero llamar historieta anal. Para esta propuesta voy a tomar categorías del pensamiento sexo-disidente para reflexionar sobre la lectura torcida de historietas. En ese sentido, el uso de “anal” proviene, entre otras posibilidades, del concepto de ano castrado de Paul B. Preciado (2009). Éste me permite descentrar no sólo el binarismo sexo-genérico si no también binarismos culturales muy arraigados en disciplinas de las ciencias humanas y sociales. Entonces, para llevar adelante esta idea-propuesta de historieta anal, me interesa articular la posibilidad de recuperar la historieta desde una perspectiva anal que piensa las trayectorias vitales, la experiencia lectora y las identificaciones infantiles de las subjetividades sexo-disidentes. También creo importante señalar que este texto se construye desde una deriva ensayística asociada al caos como forma escritural que busca descentrar los modos micro-políticos de pensar la escritura y la construcción de conocimiento. Y no pretende construirse como verdad ni autoridad en ningún sentido posible, simplemente es una versión de ciertas reflexiones situadas (en torno a un posicionamiento marica sexo-disidente) que sólo busca pensarse como una constelación de preguntas subjetivas y en tensión. Toda esta cuestión me lleva a pensar algo que tiene que ver con el posicionamiento y la enunciación autobiográfica como parte de las posibilidades sexo-disidentes de la historieta. Lo sexo-subversivo tiene una historia que fue borrada, silenciada; muchas veces una vida que no fue vivida como tal y que es recuperada en los bordes, en los silencios y en los restos. Y esto es, en alguna forma, un espejo de las historias personales de vidas que no pudieron ser vividas. Para construir vidas vivibles los textos culturales juegan un papel muy importante en la disidencia sexual. En la cultura, en la historieta, podrían aparecen esas voces que no pudieron enunciar en otras épocas. Tal vez esa es la razón de esta enunciación en primera persona, este grito de ganas de vivir y visibilización sexo-política.

Primera deriva: Hora Cero Anal

Como señalaba, me interesa construir una noción de historieta sexo-subversiva, una historieta anal, una forma de ruptura desde la posibilidad de pensar el cómic y la lectura de cómics desde lo anal. Para articular esta idea de historieta anal, pretendo cruzar algunos conceptos teóricos del pensamiento sexo-disidente con el fin de construir una forma de abordaje, lectura y producción de historietas. Con esto me interesa la posibilidad de (re)leer y (re)pensar la experiencia lectora, la creación y las identificaciones infantiles sexo-disidentes vinculadas al cómic. En ese sentido, creo que la subjetividad sexo-disidente construye en la historieta modos de trabajo con lo autobiográfico, lo autoficcional y el recuerdo que permitirían pensar sentidos de creación y construcción del cómic como teorizaciones sexo-políticas.

A menudo, la historieta, ha sido leída desde modalidades cisheteronormadas (no siempre claro, estoy generalizando) pero la disidencia sexual también habita (y habitó) como posibilidad lectora los cómics. En el margen de la historieta que el cisheteropatriarcado intentó borrar, reescribir o invisibilizar, están las hagiografías sexo-subversivas, las trayectorias culturales, creativas, las vidas que, en muchos casos, explican rasgos de nuestras derivas existenciales presentes. Y esas hagiografías sexo-subversivas no necesitan ser construidas, ya existen, la opción podría ser recuperarlas, redescubrirlas, visibilizarlas. Estas hagiografías, en la historieta anal/sexo-subversiva como espacio cultural empoderado en la abyección, ya están presentes. Por eso, las genealogías sexo-disidentes no son una invención del presente, pueden ser una “aparición” actual, pero sus trayectorias existen, aunque muchas veces invisibilizadas u ocultas.

También me gustaría pensar algo más, aunque no necesariamente este texto vaya por ese lado, me refiero a pensar la historieta y algunas formas de su teorización y análisis crítico de modo multidireccional: tanto desde la crítica como de la creación, desde la apreciación vital a la obra autoficcional. Esto, tal vez, nos permita pensar la sexo-subversión como parte central de la historieta anal, una forma de creación asociada al placer subversivo, presente tanto en la lectura como en la creación de historieta sexo-subversiva/anal. Para esto, pensar la noción de recuerdo en la biografía y la subjetividad de las vidas sexo-subversivas se convierte en una modalidad de construcción teórica, una autohistoria-teoría (Gloria Anzaldúa, 1987) que construye a la historieta anal como un horizonte posible en las lecturas y creaciones torcidas.

Entonces, ¿por qué historieta anal? ¿qué sería una historieta anal?

¿A qué me refiero con una historieta que nos abra el culo y nos guste? ¿se puede enunciar conocimiento, crítica o creación desde un lugar anal, desde el culo? (No soy original, pensemos en conceptualizaciones de Néstor Perlongher, Paul B. Preciado o Javier Sáez y Sejo Carrascosa) ¿puede el placer de abrir el culo devenir una forma de liberación de las posibilidades críticas y lectoras de, en este caso, la historieta? Y no me refiero simplemente a una parte corporal, pienso en modos de construcción de conocimiento científico y cultural que desestabilicen, tensionen y descentren una matriz heteronormativa y binaria de producción de saberes. Con esas preguntas intenta dialogar este texto. De ahí que pensar una historieta anal también nos lleve a otras cuestiones: ¿puede haber una ciencia cuir? (y podríamos pensar las relaciones entre esta idea de lo anal con lo queer/cuir/kuir pero no voy a ir en este texto por ese lado), ¿puede haber una ciencia anal? ¿qué sería una ciencia anal? ¿cómo construir ciencia y conocimiento por fuera de la matriz cisheteronormada binaria y patriarcal? ¿se puede construir conocimiento desde el culo? ¿cómo es el culo del sistema científico? ¿se puede abrir? ¿cómo leer historietas desde lugares contra-hegemónicos?

Segunda deriva: Leyendas Anales

Pero vayamos de poco: para seguir con la propuesta de historieta anal, me interesa pensar algunas nociones puntuales del pensamiento sexo-disidente. En “Terror anal: Apuntes sobre los primeros días de la revolución sexual” (2009), Paul B. Preciado, a partir de la pregunta sobre el sexo-género del ano en el orden corporal binario y normalizante, intenta ver, entre muchas otras cuestiones, los modos de producción de normalización y dominación cisheteropatriarcal a partir de la “castración” del ano, en primer lugar en los cisvarones heterosexuales, luego en distintos sectores sexo-políticos (la crítica es general a distintos movimientos socio-políticos y su progresiva caída en las ficciones de normalidad, lo que implica la “castración” de lo abyecto).

El ejercicio de inversión del complejo de castración freudiano en complejo de castración del ano en los “sanos varones” del patriarcado es una forma de ruptura con la producción de binarismo normalizante en el pensamiento occidental. También me interesa la recuperación que realiza Preciado de la noción de texto terrorista de Roland Barthes.

Esa noción puede repensarse justamente desde la idea de terror vinculado al pánico anal y a la producción de analidad como forma de ruptura del binario y la recuperación de saberes silenciados o invisibilizados. En ese marco, la idea de texto terrorista-anal es una forma de producción de pensamiento que rompería con la ficción de normalidad binaria del sistema cisheteropatriarcal. Además de los usos del ano de Paul B. Preciado, me interesa ensayar un cruce de la noción de Jacques Derrida de archivo psíquico con el concepto de autohistoria/autohistoria-teoría de Gloria Anzaldúa. ¿Por qué estas categorías? Por un lado, la noción de Anzaldúa nos permite pensar la propia vida como reflexión filosófica, teórica y mística. La autohistoria es una forma que va más allá del autorretrato o la autobiografía, es una forma de introducirse en la vida del artista o escritor, pero al mismo tiempo en la reflexión cultural e histórica. Por otro lado, Derrida en Mal de archivo: una impresión freudiana (1995) introduce varias nociones vinculadas al archivo y, entre otras (y siguiendo ciertas nociones freudianas) menciona el archivo psíquico, en el que se incorpora la pulsión de destrucción y la de conservación, un deseo de archivo que está relacionado con el olvido, que está más allá de la represión pero que existe, en cierta medida, por esa amenaza de destrucción.

Si la historieta anal se puede pensar como una reflexión multidireccional no estamos simplemente ante objetos a ser analizados, si no que podemos pensarlos como formas de teorizar y reflexionar, formas de construcción vital. Así como nuestras propias enunciaciones en primera persona o la recuperación de nuestras autohistorias y nuestros archivos psíquicos vienen a servir como formas de construcción teórica y reflexión filosófica en las vidas que no pudimos vivir o no nos dejaron vivir. En ese marco el archivo psíquico de Derrida como una forma de archivo personal que mantiene lo reprimido habitando el cuerpo (personal y colectivo) puede ser una noción útil para recuperar eso que nos quitaron y/o nos borraron o borramos. Este archivo pensado desde la autohistoria permitiría constituirse en torno a las identificaciones y subjetividades sexo-disidentes así como sus formas de resistencia y expresión en materiales culturales como la historieta o el cine (por poner dos ejemplos). En ese marco, actuarían procesos asociados a la subjetividad que seleccionan y rastrean en los recuerdos las posibles identificaciones de la disidencia sexual en diferentes materiales socio-culturales: la idea de historieta anal podría estar buceando en los archivos psíquicos de lectorxs, críticxs, autorxs, etc. para construir visibilidad política, vida, memoria cuir y en algún punto, teoría vital.

Tercera deriva: Crisis Anal en Tierras Infinitas

Si pensamos momentos culturales conservadores, muchas veces en nuestro pasado cultural hay vidas y voces borradas o silenciadas (por ejemplo, pensemos en la disidencia sexual durante el nazismo y el tristemente célebre parágrafo 175 del código penal alemán, vigente desde el 1 de enero de 1872 hasta el 11 de junio de 1994, que penaba las relaciones homosexuales entre personas del sexo masculino). ¿Cómo dialogan esas vidas y voces con nuestro presente y nuestra historia, tanto colectiva como personal? Si en el pasado hubo voces que no pudieron hablar ni expresarse, vidas que no fueron vividas ni habitadas como tales, ¿cuánto hay de eso en nuestros propios recorridos como sujetos sexo-subversivos? ¿cuánto no hemos podido vivir y cuánto de nuestra historia no tuvo voz? Y lo digo tanto a nivel comunitario como social, personal y subjetivo. De la macropolítica a las micropolíticas colectivas. ¿Pudimos en las diversas generaciones que nos atraviesan a las disidencias sexuales habitar una vida vivible?

Ahora, para situar esa enunciación en primera persona en diferentes historietas (que leo como sexo-disidentes) se me ocurren algunos ejemplos de diferentes momentos y espacios que podrían vincularse a la recuperación de vidas no vividas y autobiografías (y también se vuelven reflexión política sobre la disidencia sexual). Sólo por mencionar algunas: Journal (1992-2002, Fabrice Neaud), …und das mit links! (1993, Ralf König), Fun Home: A Family Tragicomic (2006, Alison Bechdel), Are You My Mother?: A Comic Drama (2012, Alison Bechdel), Camino a Auschwitz y otras historias de resistencia (2015, Julián Gorodischer y Marcos Vergara), Notas al pie (2017, Nacha Vollenweider). La historieta tiene un plus: como texto cultural nacido en el borde, en el margen, siempre fue más receptivo a nuestras vidas y nuestras trayectorias. Estas historietas son sólo ejemplos de una posible constelación de relatos/cómics en primera persona que podrían relacionarse con esas vidas que no pudieron ser vividas. Porque algunos de esos ejemplos hablan del recuerdo y la recuperación de la voz como formas de pensar el presente y construir nuestras propias hagiografías y nuestras propias genealogías. Por supuesto, que, a veces, ya no están y no hay forma de recuperarlas en el sentido clásico (y heteronormado) del término. Pero se pueden construir a partir de la torsión que realizan historietas sexo-subversivas.

Entonces, ¿por qué historieta anal? Ensayo una posibilidad: porque tomando la categoría de Paul B. Preciado podemos pensar la historieta como un texto terrorista, un texto anal, una historieta anal que subvierte las modalidades hegemónicas de habitar el mundo y pensar la vida. Y eso podría ocurrir tanto en las creaciones como en las lecturas que son posicionadas desde la disidencia sexual. En ese sentido, la historieta anal aparece como constelación reflexiva vinculada a esas identificaciones sexo-disidentes muchas veces borradas o silenciadas, pero que resurgen en el archivo psíquico autohistórico. Por un lado, es la historieta leída desde la disidencia sexual, la historieta robada a las ficciones de normalización binaria cisheteronormada patriarcal, y torcida y convertida en modelos de identificación y resistencia. Porque, ¿qué modelos o identificaciones construyen, por ejemplo, las infancias maricas, tortas o travas lectoras de historietas? ¿Cómo torcemos eso que nos ofrece el mundo normal y lo convertimos en refugio y resistencia? ¿Cómo leemos entre líneas eso que no aparece en la mirada del cisheteropatriarcado? Ahí aparece esa idea de historieta anal como una posibilidad lectora, leer con el ano, con el culo, como forma de construcción de identificaciones que ayuden a la resistencia o la posibilidad de una vida vivible. Y la otra forma que se me ocurre: la historieta anal también aparece en esas historietas en las que la creación sexo-disidente aparece en sus autorxs como acto político-subversivo de visibilidad (como algunas de las que mencioné hace unos párrafos). En este marco, la construcción de una genealogía subjetiva, caótica y personal se vuelve parte de una política de desestabilización de la historia normal y los límites de un sistema de pensamiento heteronormativo. La historieta anal emerge como una posibilidad teórica para pensar la identificación sexo-subversiva multidireccional, de lectorxs a creadorxs y de creadorxs a lectorxs, como una teoría sustentada en la construcción de las propias hagiografías como formas de supervivencia en un mundo cisheteropatriarcal. 1

En la teoría que propone la historieta anal la experiencia vital sexo-subversiva, la creación como modo de enunciación disidente y visible, tanto en el acto creativo como en la recuperación de recuerdos, se convierte en una fuerza vital destructiva, una forma de construcción de reflexión que atenta contra el olvido y la represión. La idea de un archivo psíquico autohistórico puede funcionar como una forma en la que recuerdos, trayectorias, lecturas, creaciones se articulan como modos de resistencia afectiva a la dominación y el exterminio cisheteropatriarcal.

Y vuelvo a una pregunta teórica, sobre la ciencia y el conocimiento, ¿cómo hacer ciencia desde posicionamientos subversivos que fueron borrados del sistema cultural? (o que directamente no pudieron ser vividos como tales) ¿Cómo construir conocimiento en este mundo de vida horrible? Tal vez la enunciación en primera persona, esa de la que saben tanto los feminismos y las disidencias sexuales, sean un principio. Quizás, pensar desde categorías como las mencionadas nos permite avanzar sobre un conocimiento, una lectura, una ciencia anales y terroristas, que, parafraseando a Emma Goldman quieran bailar nuestra revolución. 2

La posibilidad de enunciación en primera persona, el recuerdo de lo borrado, la construcción de una memoria, una genealogía y una hagiografía sexo-disidentes, cuiras y subversivas puede ser el principio para pensar una construcción del conocimiento que se trate abrir el ano colectivo y dejar que escapen todos los placeres y vidas que nos fueron negados

Cuarta deriva: Millennium Anal

Vamos con un ejemplo. Pensando la historieta anal tanto como una categoría crítico-política como una modalidad lectora, me interesa ensayar un ejemplo de construcción sexo-disidente de la perspectiva lectora infantil marica de historietas. La recuperación desde la perspectiva del archivo psíquico de la Mujer Maravilla como un lugar de identificación infantil sexo-disidente se articula con la reflexión que permite la (re)lectura de la influencia del personaje en las subjetividades sexo-disidentes.

En mi caso particular, como lectora marica, 3 en mi trayectoria vital personal la lectura de la Mujer Maravilla me permitió la constitución de ciertas identificaciones vinculadas a la disidencia sexual, algo ya señalado por distintos autores en cuanto a modelos de identificación de la disidencia sexual con ciertos personajes del mundo de las historietas (Hegarty, 2009). Más allá de esa cuestión, desde una perspectiva que cruza la noción de archivo psíquico y la autohistoria, creo que pensar el personaje de la Mujer Maravilla nos permite recuperar esa identificación que muchas veces puede haber sido amenazada por la pulsión de destrucción y olvido. Y al mismo tiempo, si retomamos la noción de autohistoria, el vínculo de la Mujer Maravilla con el pasado cultural (en la reflexión propia de la noción de Anzaldúa) nos permitiría recuperar toda una línea subversiva del personaje, en muchos casos invisibilizada u olvidada. En ese sentido, el archivo psíquico autohistórico se valdría, por un lado, de la recuperación de la identificación sexo-disidente infantil con un personaje como el de la Mujer Maravilla; por otro, con la reflexión sobre el personaje para recuperar su pasado cultural subversivo. A partir del análisis de la identificación subjetiva se puede estudiar la historia del personaje como una modalidad de recuperación de lo pocas veces dicho.

La amazona Wonder Woman/Mujer Maravilla tuvo una aparición formidable en los años cuarenta, con muchísimo éxito, creada (supuestamente) sólo por William Moulton Marston. Algo que no fue tan así, como recuerda Elisa McCausland, la Mujer Maravilla fue creada por Marston junto a Elizabeth Holloway y Olive Byrne (McCausland, 2017: 21). El éxito no dejó de lado que fuera un personaje que despertó polémicas y ataques de sectores conservadores de todo tipo. Por ejemplo, Walter Ong en 1945 se refería al personaje y criticó la feminidad “barata” y su sexualidad que no iba por el lado de un “matrimonio sano” y la vida en familia “normal”. En esas referencias la amazona era una “desviada”, abyecta, “antisocial”, “anormal”, un “peligro social” (Rhodes, 2000: 111). Recordemos, esa primera Mujer Maravilla, de principio de los cuarenta (explícitamente), no quiere casarse, defiende a las mujeres (y les enseña cómo defenderse de hombres golpeadores), [FIG. 1] es la campeona de una isla de amazonas donde unas se aman a las otras (y juegan con placer al bondage entre ellas), tiene un ejército de chicas universitarias que la secundan, etc. Algo que los grupos conservadores pro-familia nunca pudieron aceptar (pensemos que hasta hoy en día el cómic y lxs niñxs es todo un tema para esos sectores). Como sea, el personaje triunfa y, pese a las presiones conservadoras, se sigue publicando.

Sensation Comics #8

Volviendo a la cuestión de la creación, quienes formaron parte de la creación formaron parte de un vínculo poliamoroso (sí, el poliamor no es un invento del siglo XXI, ya estaba de moda en los treinta del siglo XX, el vínculo es recuperado en el filme de 2017 dirigido por Angela Robinson, Professor Marston and the Wonder Women), y estuvieron vinculadxs a trayectorias feministas y tensiones sobre el lugar de la mujer en la universidad. 4O sea, no es casualidad lo que nos dice la historieta de la Mujer Maravilla en los años cuarenta sobre las mujeres. Se podría leer perfectamente al personaje (en ese contexto específico) como un material cultural feminista. Por supuesto, no todo siguió así durante mucho tiempo. Para los cincuenta, el giro conservador pro-familia heterocentrada y patriarcal también se sintió en los cómics de superhéroes. Fredric Wertham publicó el libro La seducción del inocente (1954) y desató una campaña en contra de las historietas. Todo en el contexto de la persecución macartista de la posguerra. Algo similar a lo que pasó cuando se instauró el código Hays en el cine de Hollywood ocurre entonces en el mundo del cómic. La publicación y la campaña de Wertham logran la imposición del Comics Code Authority, vigente oficialmente hasta fines de los noventa. Todo esto afectó directamente a la Mujer Maravilla, se pasó de una amazona empoderada, desafiante, que no quiere casarse, leída por algunos públicos como lesbiana o bisexual, feminista, etc. a una superheroína que sufría por no poder llevar adelante la vida de una mujer “normal” y casarse y tener hijos. [FIG. 2]

Wonder Woman #155 (1965)

Wertham también se encargó de Batman y Robin. En su libro, a partir de un caso de dos adolescentes “homosexuales” que se sentían interpelados por el dúo dinámico, señaló que Batman y Robin eran una suerte de consumación de vida de ensueño de “dos homosexuales” en pareja (con una vida pública digamos, algo imposible para los cincuenta en Estados Unidos). Para Wertham, Batman y Robin generaban modelos de identificación posible en niñxs y adolescentes que los podían llevar por el camino de la “homosexualidad”. Y para Wertham la Mujer Maravilla era una especie de versión lesbiana de Batman (y desconfiaba del colectivo de chicas que acompañaban a la Mujer Maravilla, las Hollyday Girls): “She was a lesbian Batman and the Hollyday College girls were ‹‹gay››” (Lepore 2014: 194). Todo lo que dijo Wertham en su libro sobre la Mujer Maravilla iba perfecto con lo que opinaban los sectores conservadores desde los años cuarenta sobre el personaje: “fantasías sádicas” de una lesbiana, “repulsión” feminista, igualdad entre los sexos, mujeres que no construyen una familia, mujeres que no cumplen con su mandato (ser amas de casa y madres), etc; todas cuestiones e ideas que para Wertham eran prácticas “degeneradas” que resultan peligrosas para niñxs y para la sociedad y los “sanos” valores morales. Más allá de que este texto no pretende profundizar en la Mujer Maravilla (para eso está el más que recomendable libro de Elisa McCausland, Wonder Woman. El feminismo como superpoder), si no pensar esta modalidad-categoría de historieta anal (y esta pequeña intervención sobre la historia del personaje tiene que ver con eso), me interesa seguir un poco más pensando una idea. Por supuesto que Wertham era un delirante, representante de la reacción conservadora, prejuiciosa y discriminadora en contra de la aparición de ciertas tensiones y liberaciones que vienen de períodos anteriores. Todo esto, además, en el contexto del giro conservador de la posguerra en Occidente. Pero quiero hacer una pregunta polémica (para avanzar sobre la historieta anal, además): ¿Y si Wertham tenía razón? No quiero decir en todo, pero ¿y si en algo de lo que dijo estaba acertado? (salvando las distancias de lo espantoso de mucho de lo que dice) ¿No será que algo de todo eso que escandaliza, que le parece degenerado, inmundo, abyecto a Wertham podía estar presente en algunas historietas? ¿Y si algunxs niñxs y adolescentes sexo-disidentes se identificaron con Batman y Robin o la Mujer Maravilla? ¿y si los personajes les posibilitaron un poco la posibilidad de imaginar vidas vivibles? Porque unx lectorx sexo-disidente perfectamente puede “leer” a la Mujer Maravilla de los años cuarenta como bisexual o lesbiana, las amazonas no se casan, Diana (el nombre real de la Mujer Maravilla) tampoco lo hace y no hay sufrimiento o algo así, no hay familias “normales”, ¡hay bondage en la viñeta! Quizás, lo que Wertham vio y quiso erradicar fue justamente que existían algunos personajes (al menos en estos dos casos señalados, no quiero generalizar) que permitían identificaciones sexo-disidentes y eso le pudo parecer sumamente peligroso para una sociedad cisheteronormada y patriarcal. “¡¿Alguien quiere pensar en lxs niñxs?!” podría ser el razonamiento de Wertham. Y me resuena a mucho, por ejemplo, de lo que se viene diciendo desde sectores conservadores en la Argentina sobre la aplicación de la ESI (Educación Sexual Integral) en la escuela. Como señala Peter Hegarty, la Mujer Maravilla (y otras heroínas como She-Ra o la Mujer Biónica) han sido atacadas por algunos psicólogos conservadores por ser una influencia para el “Gender Identity Disorder” (Hegarty 2009: 321), una categoría psiquiátrica transfóbica. Estos personajes (y otros), para esos sectores, serían responsables de “alteraciones” y “trastornos” en la identidad de género de lxs niñxs. Muy en la línea de lo que dijo Wertham en su libro. Ahora, dejemos de lado todas estas miradas prejuiciosas sobre la identificación sexo-disidente con un personaje de la historieta. Si, por un instante, pensamos en los miedos de Wertham, tal vez su reacción tuvo que ver con que algunos personajes permiten construir otras formas de imaginar el mundo. Por supuesto que esa Mujer Maravilla creada por un triángulo poliamoroso, feminista, lesbiana, bisexual, etc. años después caería bajo una tonelada de conservadurismo y patriarcado. Pero, así y todo, en algunos momentos aparecieron restos de esa primera versión. Una vez más, no es casualidad su lugar como ícono gay y feminista, la posibilidad de esas identificaciones torcidas de la disidencia sexual sobre la Mujer Maravilla puede haber continuado y aparecido en otros momentos del personaje. No es el fin de este texto profundizar en la cuestión de la Mujer Maravilla, pero las identificaciones torcidas que realizan ciertas lecturas desde la disidencia sexual pueden haber aparecido en otros momentos del personaje y recuperaban ese resto sexo-subversivo que había vivido en el personaje en los cuarenta.

Quinta deriva: ¡Invasión Anal!

Tradicionalmente (aunque en los últimos años hay cambios y tensiones) el cómic de superhéroes ha sido considerado un espacio masculino, cerrado sobre masculinidades cisheteropatriarcales. Por supuesto que esa consideración en la práctica no es tan así, ¿cuántas personas LGBTIQ+ hemos sido lectorxs de historieta de superhéroes? Quizás, eso explica algo de esos cambios y tensiones que vienen apareciendo. Pese a esa tradición, Andrew Spieldenner (2009) ha señalado que el cómic de superhéroes funcionó como espacio de identificaciones LGBITQ+. ¿Con qué nos identificamos en tiempos conservadores? Esa podría ser otra pregunta. Y la lectura torcida aparece ahí como un dispositivo cultural de refugio y resistencia. En la deriva anterior pensábamos la parte más colectivo-histórica de una de esas posibilidades de la modalidad-categoría historieta anal, pensar eso que no fue tantas veces dicho y puede ser parte de nuestras genealogías y hagiografías. Ahora, en la autohistoria-teoría también entra en juego lo personal en relación con esa historia. Como niñx marica que habitó una infancia disciplinadora en los años ochenta, las historietas de superhéroes tuvieron una función específica de refugio y resistencia (así como otros materiales culturales). En ese contexto, la apropiación y la lectura torcida que construí, , me hizo ingresar en el mundo de la Mujer Maravilla. Y no fue cualquier momento del personaje, si no la etapa de George Pérez post-Crisis en Tierras Infinitas. [FIG. 3 y 4] Ese lugar de refugio fue una forma de supervivencia en una sociedad que no permitió las infancias sexo-disidentes ni las identificaciones con personajes por fuera de la heterosexualidad compulsiva tan habitual en la vida de muchxs. Y ese espacio de identificación y resistencia en la Mujer Maravilla de George Pérez (o en otras historietas o personajes) tuvo que ver algo que ver con eso que leemos como sexo-subversión.

Wonder Woman #7 (George Perez, 1987)

Wonder Woman #14 (George Perez, 1988)

Yo quería ser la Mujer Maravilla. No quería ser Steve Trevor ni Heracles (tal vez podía querer ser Hermes, pero mi lectura del Hermes de Pérez lo convertía en marica). Quizás, algo de todo esto tiene que ver con recuperar recuerdos que forman parte de un archivo psíquico autohistórico vinculado a mi propia trayectoria vital. En ese marco, pensar la autohistoria como una suerte de reflexión cultural y teórica asociada a esa identificación fue lo que me permitió, décadas después como investigadorx-lectorx marica, llegar a las historietas de los años cuarenta de la Mujer Maravilla, que son una fuente de subversión sexual muchas veces invisibilizada u olvidada. Volvamos a la Mujer Maravilla de George Pérez, teniendo en cuenta esto de las lecturas e identificaciones torcidas no creo que sea casualidad que a otras disidencias sexuales en infancias en contextos represivos (o más conservadores que el actual en algunos espacios) también se identificaran o apareciera la historieta como un dispositivo de fuga/resistencia a la realidad heteronormada, como señala el creador sexo-disidente Luciano Vecchio en una columna en el sitio web Comiqueando al referirse a su infancia:

Y a Wonder Woman, claro. Yo la redescubrí con la versión post-Crisis también de George Perez, y me fasciné con sus ideales, su inocencia y aprendizaje. En esa versión, las Amazonas eran la reencarnación de todas las mujeres víctimas de violencia de género de la historia de la humanidad. El canto de #NiUnaMenos de “Las Pibas que vos mataste van a volver” hecho literal en un pueblo de mujeres empoderadas. (Vecchio, 2016)

Por supuesto, no quiero generalizar y pretender que todas las lecturas sexo-disidentes infantiles de la historieta de superhéroes construyeron vínculos de identificación con la Mujer Maravilla. Pero sí hay coincidencias (o causalidades) en los materiales culturales que interpelan, por lo menos, a algunas disidencias sexuales. Otra cita de esa columna de Vecchio:

Cuando tenía seis salieron los muñequitos de Superamigos, que empecé a coleccionar entre navidades, cumpleaños y demases, y un esfuerzo coordinado de padres y parientes, imagino. Eran muchos y los tuve casi todos. Pero en un momento llegó la hora de comprar a Wonder Woman, y fue tema de interpelación y comentarios de todxs. Técnicamente era comprarle una muñeca al nene, y parecía tener significantes agregados. Por suerte la tuve, estoy seguro que muchos no pasaron esa prueba del sistema. (…) Yo era un nene proto-putito, pre-sexual, malo en los deportes, menudito, calladito y que se la pasaba dibujando. No tan bullyado pero sí por fuera de la sensibilidad y sentido común del resto de los varones; con amigos, pero con un pie en otra realidad aparentemente solo mía, mientras las manifestaciones del patriarcado en el mundo real se me hacían cada vez más hostiles. Los comics eran mi universo de fuga y de vida más real que la real. (Vecchio, 2016)

No es casualidad que Vecchio creara a Sereno, un personaje que no oculta su disidencia sexual (y es unx de lxs primerxs en su tipo en nuestro país). Y vuelvo a algo anterior. ¿Y si en los años cincuenta dos adolescentes veían a Batman y Robin y los veían como la pareja que les gustaría ser? ¿No hay una modalidad lectora sexo-subversiva en ese gesto? ¿Y si unx niñx marica se identifica con la Mujer Maravilla de George Pérez? (o con otros personajes). En esos gestos me gustaría pensar está esta modalidad de la historieta anal como posibilidad de lectura torcida, la historieta anal como dispositivo de resistencia y emancipación, porque los restos quedan en la cultura colectiva pero también en la subjetividad personal. Y vuelvo a preguntarme, desde la historieta anal como categoría y modalidad lectora y analítica, ¿no puede ser también un texto terrorista? Uno de esos materiales que descentren y dinamiten las supuestas verdades, en este caso, de la heterosexualidad compulsiva. ¿Qué le pasaba a lx niñx marica que se identificaba con la Mujer Maravilla cuando veía el cuerpo semidesnudo velludo de Heracles en la Wonder Woman de Pérez? ¿Cómo se sentía cuando la Mujer Maravilla lo llevaba en brazos? [FIG. 5, 6 y 7] ¿Qué oculta nuestro archivo psíquico de esas identificaciones que nos permitieron sobrevivir al cisheteropatriarcado? Creo que esos recuerdos emergen en los cuerpos y en las historias, en las lecturas, en cómo las pensamos. En el cuerpo velludo de Heracles y el cuerpo marica de Hermes, porque ¿de qué otra forma podría unx niñx marica leer al Hermes de la Wonder Woman de Pérez? [FIG. 8 y 9]

Wonder Woman #14 (George Perez, 1988)

Wonder Woman #14 (George Perez, 1988)

Wonder Woman #14 (George Perez, 1988)

En esa modalidad lectora torcida de la historieta anal se desestabiliza el pensamiento binario, nos apropiamos y leemos torcido como formas de resistencia que pueden ayudar a conformar nuestras propias genealogías sexo-disidentes que recuperan lo que fue ocultado, como esa Mujer Maravilla poliamorosa que puede haber estallado a una generación de lectorxs en los años ochenta en la versión de George Pérez y, en mi caso personal, que permitió a lx niñx marica interior un refugio para un mundo espantoso, un espacio de identificación para construir una constelación vital y afectiva que le puede haber permitido sobrevivir en una sociedad que no permitió nuestras formas de vida y afectos. Me gusta pensar en la idea, jugando con la expresión, que cuando la historieta sale del placard, ya nadie puede detenerla.

Wonder Woman #2 (George Perez, 1986)

Deriva final: Convergencia anal

En definitiva, estas formas teórico-políticas (autohistóricas, recuperadas del archivo psíquico personal, del olvido y la represión) confluyen tanto en la crítica y la lectura como en la creación. Son modalidades que se vinculan con algunas identificaciones sexo-subversivas que son parte de una suerte de fuerza destructora, una fuerza contenida en la emergencia de la hagiografía sexo-subversiva que el sistema cisheteropatriarcal intentó borrar y ocultar. En otras palabras, una forma teórica y política de construir, de crear, de revelar, de provocar, de hacer emerger algo desde la subjetividad sexo-subversiva a la comunidad afectiva sexo-disidente. Estos modos teórico-políticos que propongo llamar historieta anal, emergen de la realidad sexo-subversiva pero también de los recuerdos difusos, olvidados. En ese pasado oculto el archivo psíquico y la autohistoria sexo-subversiva se cruzan con la creación autohistórica y la recuperación de nuestras hagiografías sexo-disidentes como fuerzas incontenibles y desestabilizadoras de las ficciones de normalidad binaria heteronormada.

La historieta anal es un dispositivo de lectura que abre y visibiliza. Y sí, podemos decir abre y visibiliza el culo, eso que hay tanto miedo a nombrar como lugar de enunciación posible. Porque también es un dispositivo de lectura, leer historieta anal desde el culo como forma de visibilización de la historieta del pasado y del presente, de eso que no pudimos o no nos dejaron ver. La pienso como una categoría “carroñera”, 5  que ocupa el lugar del detritus y se convierte en una forma de mirar nuestras trayectorias y también nuestras lecturas; una categoría que abre el ano cerrado de la historieta para pensar todo eso que nos negaron. La historieta anal es una forma de apropiarnos (o recuperar) desde la disidencia sexual la lectura y la creación de cómics. Es decir, las disidencias sexuales siempre estuvieron (estuvimos) ahí, leyendo historietas, y recuperando, torciendo, identificándonos. La historieta anal es la historieta que nos ocultaron: es la Mujer Maravilla torta que siempre quisimos ser, es el cómic feminista, son las lecturas torcidas de personajes cisheterocentrados que contenían un resto de esa subversión que intentaron exterminar. Pero el exterminio es un sueño imposible del régimen heteronormado (Giorgi, 2004). La historieta anal es un modo de leer historietas que hizo que adolescentes maricas quisieran ser Batman y Robin para construir mundos posibles, vidas vivibles, es la torsión de los superhéroes (y todo otro material cultural que queramos) para convertirlos en nuestras identificaciones sexo-disidentes. La historieta anal es una forma de robar al cisheteropatriarcado eso que nos negaron, es leer desde el placer del culo como dispositivo no binario esas historietas que, a veces, nos permitieron construir el sueño de vidas vivibles. Y a veces, además, nos ayudaron a sobrevivir.

Referencias:

Anzaldúa, Gloria. Borderlands/La Frontera. The New Mestiza. San Francisco: aunt lute books, 1987.

Derrida, Jacques. Mal de archivo. Una impresión freudiana. Madrid: Trotta, 1997 [1995].

flores, val. “¿Es la práctica pedagógica una práctica sexual? Umbrales de la imaginación teórica y erótica” en Descentrada, 3(1), 2019, disponible en: https://doi.org/10.24215/25457284e068

Giorgi, Gabriel. Sueños de exterminio. Homosexualidad y representación en la literatura argentina contemporánea. Rosario: Beatriz Viterbo, 2004.

Hegarty, Peter. “Queerying Lesbian and Gay Psychology’s ‘Coming of Age’: Was the Past Just Kids’ Stuff?”, en Noreen Giffney, Giffney y O’Rourke, Michael (eds.): The Ashgate Research Companion to Queer Theory. Nueva York. Routledge, 2009, pp. 311-328.

Keating, AnaLouise (ed.). The Gloria Anzaldúa Reader. Durham/Londres: Duke University Press, 2009.

Lepore, Jill. The Secret History of Wonder Woman. Nueva York. Vintage Books, 2014.

McCausland, Elisa. Wonder Woman. El feminism como superpoder. Madrid: errata naturae, 2017.

Preciado, Paul B. “Terror anal: Apuntes sobre los primeros días de la revolución sexual” en Hocquenghem, Guy. El deseo homosexual. Barcelona: Melusina, 2009. pp. 135-174.

Rhodes, Molly. “Wonder Woman and Her Disciplinary Powers. The Queer Intersection of Scientific Authority and Mass Culture”, en Reid, Roddey y Traweek, Sharon (eds.). Doing Science + Culture. Nueva York: Routledge, 2000, pp. 95-118.

Saxe, Facundo. “`Si te gusta la leche entonces tomala’: la aventura láctea de la Mujer Maravilla o cómo construir un cosmos-puto con historietas de superhéroes” en Libro de Actas III Coloquio Internacional “Saberes contemporáneos desde la diversidad sexual: teoría, crítica, praxis”, PUDS, UNR, Rosario, 2017, pp. 219-232

Spieldenner, Andrew R. “Altered egos: gay men reading across gender difference in Wonder Woman” en Journal of Graphic Novels and Comics, vol. 4, 2013, pp. 235-244.

Vecchio, Luciano. “Mi autoría dialoga con el mundo que habito todos los días, y es un mundo donde hay batallas que dar” en Comiqueando online, sección Desde Adentro, 25/11/2016, disponible en: http://www.comiqueando.com.ar/secciones/desde-adentro/luciano-vecchio/


Facu Saxe, investigadorx marica de CONICET con lugar de trabajo en el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Género (CInIG-IdIHCS), profesorx y doctorx en letras (UNLP), profesorx adjuntx de literatura alemana y docente a cargo de seminarios sobre sexualidades, teorías queer y representaciones culturales. Coordina (junto a Bruno Percivale) el grupo de estudios y lectura de historietas “Rorschach” (UNLP), espacio que organiza el CUH (Congreso Universitario de Historietas) en La Plata (Provincia de Buenos Aires).

  1. [1] Con cisheteropatriarcado nos referimos a un sistema disciplinador y represivo de lxs sujetxs. Kate Millet define al patriarcado como un sistema de dominación y disciplinamiento de las mujeres (1970: 69-70); teniendo en cuenta desarrollos y aportes de teorías feministas, teorías queer, estudios y teorías trans/transgénero se piensa la idea de un cisheteropatriarcado. Cuando pensamos aportes fundamentales del activismo trans y los estudios transgénero como cisgénero y cisexismo, así como aportes de teorizaciones queer y sexo-disidentes como régimen heterosexual y heteronormatividad, el uso de cisheteropatriarcado cobra sentido como un sistema de disciplinamiento, control y represión de las personas que no responden al mandato masculino hegemónico y patriarcal, a la heteronorma compulsiva/obligatoria o a lo cisgénero como ley biológica única.
  2. [2] Me refiero a la frase atribuida a Emma Goldman: “Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”.
  3. [3] Utilizo marica como término subjetivo resignificado de forma positiva. No pretendo universalizar la identidad marica, es un uso situado en un aquí y ahora identitario personal y micropolítico.
  4. [4] Ambas estuvieron vinculadas a familias que provenían del movimiento sufragista y del birth control. La tía de Olive fue la feminista Margaret Sanger.
  5. [5] Utilizo el adjetivo como val flores para pensar la ESI a partir de una referencia de J. Halberstam (flores, 2019: 2).

Este es el usuario genérico de Revista Kamandi, la revista de crítica de historietas para la nueva raza de los animales parlantes.

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COMMENTS

  1. Murdock

    octubre 22

    Excelente Facu! Hacía rato no leía algo que me mueva la cabeza en alguna dirección, genial, me encantó, vivo desde el culo, soy ingeniero y me muevo en el mundo científico, mundo ultracisheteronormativo, desarrolle una doble/triple/cuádruple vida para insertarme en este capitalismo choto, pero no veo otra forma de vivir, de ciencia, de escritura-habla-lectura, de amar, y de coger que no sea border/anal/terrorista. Disfruté y gocé tu ensayo. Muchas gracias!

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